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Full text of "Tiempos de Colapso"

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TIEMPOS DE COLAPSO 


LOS PUEBLOS EN MOVIMIENTO 

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Alvarez, I - Arocas, D. - Bayona. M.S, - Bribian, N. - Martin. J.M. -Tapia. E. - Zibechi. R. 

de las Gentes de Baladre 





TIEMPOS DE COLAPSO 

LOS PUEBLOS EN MOVIMIENTO 


RAÚLZIBECHI 
Y GENTES DE BALADRE 

Berta Iglesias Varela 
Ruth L. Herrero 
Manolo S. Bayona 
Noelia Bribián 
José Miguel Martín Muñoz 
Isa Álvarez Vispo 
Lucía Shaw 
Emiliano Tapia 
Doni Arocas Tortajada 
Sua ta Loba 


EDITAN: BALADRE - Coordinación estatal de luchas contra la 
precariedad, el empobrecimiento y la exclusión social 
C/Sant Bernat 28, Carcaixent, País Valenciá 
www.coordinacionbaladre.org 

ZAMBRA Iniciativas sociales 

C/Francisco Cáter 1,1 °, 1 29011 - Málaga 

www.asociacionzambra.org 

COLABORAN: Libros en Acción y CGT 

DISEÑO Y MAQUETACIÓN: Onintza Etxebeste Liras 

IMPRESO EN: SIGNO. S. L. L. 

E-mail: 923262761 @reprografiasigno.es 
C/Sierpes, 1 -3, 37002 - Salamanca 


ISBN: 978-84-121443-2-1 
DEPÓSITO LEGAL: MA 732-2020 


Se permite la copia, de uno o más capítulos completos de esta 
obra o del conjunto de la edición, en cualguier formato, mecánico 
o digital, siempre y cuando no se modifique el contenido de los 
textos, se respete su autoría y esta nota se mantenga. 





INDICE 


# UN LIBRO LLENO DE VOCES 11 

Berta Iglesias Varela 

# BIENVENIDAS AL COLAPSO 17 

Ruth L. Herrero, Manolo S. Bayona, Noelía Bribíán 
y José Miguel Martín Muñoz, -Gentes de Baladre - 

# INTRODUCCIÓN 29 

Raúl Zíbechi 

PRIMERA PARTE 

Una mirada geopolítica desde los pueblos en movimiento 

1 A las puertas de un nuevo orden mundial 43 

2 Coronavirus: la militarización de las crisis 47 

3 Pandemia y colapso civilizatorio 50 

4 De la seguridad al coronavirus 53 

5 Epidemia de neoliberalismo 56 

6 La epidemia de coronavirus desnuda el 

desmantelamiento de la salud 59 

7 El coronavirus como tapadera de la crisis sistémica 63 

8 El mundo pos pandemia 67 

9 Geopolítica y luchas sociales en tiempos de coronavirus 


70 


SEGUNDA PARTE 

Los pueblos en movimiento son la luz al final del túnel 73 

10 El pesimismo de Agamben y América Latina 73 

11 Autonomías para enfrentar las pandemias 77 

12 La infinita solidaridad entre los de abajo 80 

13 Los movimientos en la pandemia 84 

14 Bañados de Asunción; dignidad y autonomía 88 

15 Los pueblos en movimiento son la luz al final del túnel 91 

16 Un nuevo comienzo rebosante de dignidad y autonomía 96 

17 El retorno a la vida sencilla. Comida casera. 

trueque y ancianidad comunitaria 100 

18 Agricultura urbana, autonomía alimentaria y 

buida de las ciudades 105 

19 La idiotez de la vida urbana 110 

20 Desobedecer en tiempos de cuarentena 113 

21 Diez lecciones sobre la Otra Economía. 

antipatriarcal y anticapitalista 119 

22 Los límites de la militarización 125 

23 Argentina; el milagro de la vida en las periferias urbanas 128 

24 A modo de cierre (provisorio) 134 


147 


% FRENTE AL COLAPSO. CULTIVAMOS ALIMENTO. 
REDES Y COMUNIDAD 

Isa Álvarez Víspo, Ruth López, 
Lucía Shaw y Emiliano Tapia 


• LA SOSTENIBILIDAD DE LA VIDA: 

EXPERIENCIAS COLECTIVAS SITUADAS DE CUIDADOS 

Doni Arocas Tortajada 


# ANEXO. LA RBIS TIENE NOMBRE DE MUJER: 
MADRES. TÍAS Y HERMANAS DE LA 
RENTA BÁSICA DE LAS IGUALES 

Sua ta Loba 


165 


181 





UN LIBRO LLENO DE VOCES 

Berta Iglesias Varela 


Si has llegado a esta página será que te ha llamado la atención el título, 
lo que habrás tenido el impulso de leer lo último del famoso Zibechi, o 
que conoces a Isa Álvarez y Lucía Shaw y quieres aprender un poco de 
aqroecoloqía. Tal vez te ha gustado la portada, o te has cruzado con 
Emiliano Tapias de un lado para otro en Salamanca y quieres saber 
qué tal escribe. O te lo ha regalado tu amiga ecofeminista, porque ya es 
hora de que leas a Ruth López y a Doni Arocas. O alguien de Baladre ha 
dejado una caja en tu local y has cogido uno para leerlo de vuelta a casa, 
en el autobús, a ver si de una vez por todas descubres qué es eso del 
colapso. 

Sea lo que sea lo que te ha traído hasta aquí, ahora te dispones a leer... 
Y te equivocas. Este no es un libro para leer: es un libro para escuchar 
Es un libro lleno de voces. Desde el principio hasta el final, desde sus 
páginas, nos hablan Dilei, Pablo, Timo, María, Giovanna. Didier, Malva, 
Doricel, Evqenia, Charly, Aseen, Susi... muchas son las voces que recogen 
los autores, incontables. Le otorgan a este texto calidad de murmullo. Un 
murmullo penetrante que se queda resonando en tu cabeza. 

Cada voz no es solo una voz. Es una comunidad. Todas esas personas nos 
cuentan en este libro cómo sus comunidades se están sobreponiendo a 
la pandemia del mismo modo que sobreviven al capitalismo. El MST de 
Brasil, desde Montevideo, desde la favela Maré en Río, La Paz, Bañados, 
Guambia, Temuco, Popayán, Atenas, Buenos Aires, Valencia, Salamanca, 
Chiapas... Cada rincón organizado desde abajo ha sabido resistir al 
confinamiento de la misma manera que antes resistía al acoso del paro, 
de la precariedad, de las adicciones, de la escasez que anhela convertirse 
en consumismo. 

Esas voces responden a las amenazas innegables, que sospechamos 
cada día, y que también se recogen en estas páginas. La militarización. 


11 


el control social en aras de la seguridad, el poder de la geolocalización 
y el big-data. Es un tiempo convulso, distópico probablemente, un tiempo 
decisivo. Por eso no está de más gue las compañeras de Baladre (Noe, 
Josemi, Ruth y Manolo) nos recuerden gue el colapso no es un invento 
nuevo, sino gue hay territorios y vidas gue llevan décadas en 
él. Que resisten y crean desde él. Nos dan la bienvenida a un colapso 
ya histórico, gue se acrecienta. Veremos más personas en los márgenes, 
expulsadas de un empleo precario, sin el apoyo de unos servicios 
públicos desmantelados a propósito. Los servicios sociales anguilosados 
han demostrado durante la pandemia gue no pueden responder a 
las emergencias, y ya sabíamos gue la fiscalización gue ejercen no es 
liberadora, sino alienante, como nos explica Doni. A esto se suman la 
urgencia ambiental inminente y el cambio geopolítico al gue estamos 
asistiendo, con el debilitamiento de la hegemonía de EEUU y la transición 
hacia un mundo centrado en Asia, con China a la cabeza. Esa China donde 
el control social alcanza niveles gue no somos capaces ni de imaginar. 

Las mujeres de los bolsos vacíos y tantas otras gue vendrán después, 
Rocío, Garbiñe, Amparo, Maika..., nos cuentan, a través de la mirada 
atenta de Sua ta Loba, gue la renta básica de las iguales tiene casi mi 
edad, y no es un invento nuevo de ningún partido de moda. Recorremos 
su historia y descubrimos, de paso, gue Baladre tiene nombre de flor. 

La pandemia solo ha recrudecido las tendencias gue ya se venían 
observando en el sistema mundo, una des-globalización por la interrupción 
de las grandes cadenas comerciales, la mutación cultural o interrupción 
de la integración económica. Raúl nos explica, entre la perplejidad y el 
desasosiego, cómo las élites han usado esta crisis sanitaria para probar 
un método de dominación más sutil -gue no suave- para no perder el 
control en la transición de modelo económico. Han ensayado la cárcel 
digitalizada, en la gue se puede confinar a guien tiene buena salud, y 
conocer todos sus pasos. Si prestamos atención, esto debería ponernos 
los pelos de punta a todos los movimientos sociales y las disidencias. 

¡Menos mal gue en el libro siguen murmurando! Durante la pandemia 
se han puesto en riesgo en muchas partes del planeta, y en muchos 
rincones de los abajos, la alimentación, la salud, la educación, la 


12 


participación. Y las voces nos hablan de cómo protegerlos. Hablan de 
buscar nuevos caminos de movilización: la manifestación es solo una de 
las opciones, muchas veces desvirtuada por el espectáculo. Los pueblos 
originarios casi no recurren a ella. Nos cuentan gue la movilización 
más potente es crear. Crear alternativas desde abajo, poner en marcha 
iniciativas gue subviertan. Es momento de escuchar y tomar nota. 

Nada de lo gue cuentan esas voces, Arantxa, Yagui, Beatriz, Nelly, Siujen, 
Beto..., ha surgido durante el confinamiento, estaba ya de antes. Durante la 
pandemia lo han sabido aprovechar. Aprendemos gue han podido resistir 
mejor y más rápido guiones ya tenían organización, comunidad. Cambian 
el "puédate en casa" por "puédate en tu barrio, en tu comunidad". Ese 
es un aprendizaje muy potente para los tiempos gue vendrán. Nuestras 
luchas, nuestros colectivos, por pegueños gue sean, nos permiten resistir, 
nos sostienen. Son muy valiosos. 

Nos alimentan. Muchas de esas conversaciones giran en torno a 
garantizar la soberanía o la autonomía alimentaria (en esto Isa y Raúl no 
se ponen de acuerdo). Garantizar la nutrición con una producción local, 
saludable para las personas y para el planeta, de cercanía. El campo 
como eje vertebrador de las resistencias, de la transformación social. 
Volver a la tierra y apoyar a guien vuelve. La pandemia ha evidenciado lo 
obvio: sin alimento, no somos nada. 

Hay gue repensar la ciudad, cultivar huertos urbanos gue nos recuerden 
gue los tomates no son de invierno, generar lazos entre guien produce 
y guien consume, y pensar en una agroecología sostenida por la 
comunidad, como la gue nos explican Isa, Ruth y Lucía. Evitar gue el 
producto ecológico se entienda como un lujo de los pudientes, convertirlo 
en un derecho gue hay gue exigir. Proporcionar alimento de calidad a las 
personas más vulnerables, a las ancianas y ancianos gue tan olvidados 
han estado en estos tiempos. Es posible. Lo demuestra Emiliano. 

Otro aprendizaje es gue es necesario estar enraizado, "territorializado". 
La solidaridad vecinal ha sido determinante en las ciudades. De nada 
sirve el dinero, si no tienes guién te acergue la comida, las medicinas. 
Los vínculos del barrio o del territorio están muy deteriorados en el 


13 


mundo occidental, fruto de las políticas sociales. Pero, afortunadamente, 
hay espacios recuperados y experiencias de las que guiarse. Ollas 
comunitarias, canastas redistributivas. Muchas voces hablan de esto. 

La crisis sanitaria puede suponer una relegitimación del papel de los 
estados. Se ha transmitido que la solución pasaba por el control estatal 
en casi todos los países. Esto es así porque el estado es funcional para las 
élites, o puede serlo. Ante esto, las voces nos señalan la importancia de 
practicar la horizontalidad, de trabajar y cuidar la asamblea y la organización 
no jerárquica, acogiendo a las personas recién llegadas y facilitando la 
participación. De ello saben mucho en Chile, después de la revuelta. 

Los pueblos originarios, además, recuperan sus saberes medicinales, 
fragmentados en muchos casos, buscando poder organizar también su 
autonomía sanitaria. O conectando centros de salud en una red de salud 
popular que lucha para que la sanidad sea un servicio y no un negocio. 
Algunas voces nos cuentan sobre ello, (Carlos, Gustavo, Teresa...). 

Para conectar asambleas, para difundir y educar, se destaca el papel de 
las radios. La prensa y la televisión oficiales nos ocultan la solidaridad. 
Los medios libres son imprescindibles, para presentarnos los modelos 
alternativos, diversos, para transmitirnos que es posible. Imagino las 
voces que nos cuentan sobre esto, Leonardo, Carolina... profundas y 
sugerentes, como de locutores de un programa de domingo. 

Después de escuchar tanto, me queda claro que debemos 
responsabilizarnos. Hay que construir alternativas, enraizarse, tejer 
alianzas de género, de clase, de color de piel, como dice Raúl. No va a caer 
el sistema de dominación (podrá cambiar de forma) sin que los pueblos 
organizados marquen los límites al capital y al estado. 

Y hay un último murmullo, que se escucha una y otra vez a lo largo 
de todo el libro. Es tan repetido que es casi un grito: los afectos son 
imprescindibles. No debemos separarnos, aunque haya que mantener la 
distancia física. Hay que vincularse, tejer, enredarse, quererse. Por eso, yo 
estoy tan agradecida de que me hayan invitado a prologar este libro de 
gente tan querida. 


14 




BIENVENIDAS AL COLAPSO 

Ruth L. Herrero, Manolo S. Bayona, Noelia Bribián 
y José Miguel Martín Muñoz, -Gentes de Baladre - 


Ya sucedió en el 2008, tuvimos que recordar a las que llegaban 
a lo que llamaron "crisis", que muchas ya estábamos en ella casi 
desde el momento que nos parieron, que nunca habíamos 
conocido otra situación y que BIENVENIDAS. En aquel momento 
hablábamos del Colapso de nuestras vidas y las de muchas, 
recordábamos debates y textos de amigas como Ramón Fernández 
Durán, que aún nos regalaría más letras junto a Luis González y que 
ahora tenemos que regresar con la misma frase: 

"BIENVENIDAS AL COLAPSO" 


Nuestras vidas vienen del fascismo de vivir en las chabolas, en 
terrenos pegados relativamente a las ciudades que luego se fueron 
convirtiendo en barrios periféricos de ellas. Con pisos de malísima 
calidad en los materiales y con tendencia a colmenas o chabolas 
verticales. Muchas tuvimos que dejar los pueblos en familia o solas, 
en algunos casos para conseguir salarios por medio de empleos 
para los que no estábamos preparadas en la urbe. Otras para salir 
de lo rural que se vivía como atrasado y no deseable. Hasta algunas 
fuimos a Universidades o Módulos Profesionales de formación que era 
el sueño de nuestras familias: ascender de clase social, salir de abajo, ir 
hacia arriba algunos peldaños. 

Para hacer esos estudios en ocasiones teníamos que ir a empleos 
en economía sumergida, sin contratos ni seguros, en la construcción 
los varones y sobre todo en las casas de quienes delegaban 
los cuidados, lo que ahora llaman "empleadas del hogar". Ya en los 


17 


setenta, muerto en la cama el dictador y con los llamadospactos de la 
Moncloa, nos dieron carnets de pobres para ir a comedores sociales que 
eran herederos de los centros fascistas de Auxilio Social. 


La transición que le llamaron 

Finalizando los setenta nos impusieron una monarquía con su 
Constitución. Hablaban de deseos del "Pleno empleo" y hasta de 
vivienda para todas (siempre en términos de familia), pero eran meras 
frases vacías de voluntad pues sabían de sobra que no lo iban a hacer. 
Pero muchas nos creíamos que aquello se podría romper y abrir brechas 
hacia la justicia social y los derechos. Entonces simularon un Golpe de 
"picoletos y milicos", aquel 23 de febrero, que daba el aviso de "cuidado 
que regresáis a las chabolas" o sencillamente "os machacamos en 
vida" u "os pasamos al censo de fusiladas y asesinadas en las cunetas 
de este país 

Así llego el imaginario de "pertenecer a Europa". Cuanto nos 
acordamos de La Polla Records y su canción "Europa" basada 
en el librito de Ramón Eernández Durán y otras lecturas. Pues sí, 
de la C.E. (Comunidad Europea) a la CEE (Comunidad Económica 
Europea). Ese fue el caminito en los ochenta, los sociolistos ganan 
en las urnas y prometen empleo, viviendas, modernidad y vida 
digna. 

Pero como sabemos nos remataron, pues destruyeron lo poco que 
quedaba en nuestros pueblos de producción familiar, pequeñas 
cooperativas agrícolas y ganaderas, redes sociales y comunitarias 
que socializaban las vidas. Mientras se desmantelaban las redes 
rurales y vecinales, gentes sin escrúpulos como Amando Ortega o 
las industrias del calzado de Alacant, textil de Málaga o Catalunya 
deciden externalizar sus producciones en talleres (mayoritariamente 
clandestinos) de mujeres. Ya sea en el taller o en las casas, comienza la 
doble explotación de las mujeres en manos de los "héroes" capitalistas, 
y patriarcales y colonialistas. 


18 


Es en esa década de los ochenta cuando se desmantelan casi tres 
millones de empleos que no regresan. Así se terminó cualquier 
posibilidad de habernos incorporado al sueño de la ciudad con empleo, 
coche utilitario y consumo de fin de semana. Fueron años que nos 
regalaban, casi se puede decir así, heroína en nuestros pueblos y 
sobre todo en nuestros barrios obreros y sin futuro. Cuanto más nos 
oponíamos a sus cierres de fábricas y sus políticas para el mundo 
rural, más nos convertían a todas en jinetes de caballos indeseables 
que nos rompían y destrozaban las relaciones y las comunidades. Eso 
sí, las familias de nuestros barrios y pueblos con grandes esfuerzos 
continuaban mandando a sus criaturas a las Universidades y 
Centros de Formación Profesional, seguían soñando con el ascenso 
social. 

A muchas de nosotras sólo nos quedó ser parte de ASAMBLEAS 
DE PERSONAS DESEMPLEADAS y/o empobrecidas. Se extendió la 
economía sumergida y hasta otra más diminuta que las gentes del 
Parke AIkosa llamaron submarina, por las cantidades tan pequeñas 
que sacábamos navegando bajo las aguas del glorioso reino de las 
"Españas", ya incluidas en la Europa del Capital. En los ochenta, con 
luchas, una tras otra sin parar, conseguimos Rentas Mínimas en 
especie y en dinero en algunas ciudades y hasta en lo que llaman 
Comunidades Autónomas. Pasamos del carnet de pobres/empobrecidas 
a usuarias de unas nuevas oficinas que bautizaron como S.S., no se 
trata del nazismo, son los Servicios Sociales. 

Ahora te entrevistan, revisan tu vida "de pe a pa", te controlan y vigilan 
para darte una mierdita en forma de vales de comida o la Renta Mínima 
conquistada también en aquellos años. 

En conclusión, a finales de los ochenta y ya iniciándose los noventa 
seguíamos sin llegar a ser invitadas y poder entrar en el festín del 
consumo y del capitalismo financiero moderno. Nos habían parido 
en chabolas y seguíamos en unas chabolas modernas, verticales y 
desconectadas de nuestros pueblos, de lo rural, alejadas de eso que 
consideraban el submundo indeseable de las paletas y retrasadas que 
ahora tanto se añoran. 


19 


La eterna ruina de la Unión Europea 

La U.€. llego tras un Tratado, que llamaron de Maastricht, que 
aclaraba que las de abajo nunca alcanzaríamos el sueño de la 
ascendencia social. Cortando cualquier posibilidad de salir de abajo y 
del empobrecimiento. Para atarlo más y mejor le quitaron autonomía 
a los Estados. Les obligaron a no endeudarse, a privatizar los servicios 
públicos empezando por la telefonía, la comunicación... Hasta privatizar 
LA VIDA se aseguraron que todos los recursos públicos y de todas las 
que éramos y vinieran fueran para las gentes ricas/enriquecidas y para 
las de abajo plantearon el crédito, eso sí, con cuotas bien definidas y 
muchos intereses. 

Así es como los noventa consolidaron nuestro empobrecimiento, 
pero todo fue más duro pues veíamos como muchas trabajadoras 
con empleos cambiaban de coche y hasta pedían créditos para hacer 
una casita en el pueblo o mejorar la familiar que habían dejado atrás. 
Muchas mujeres conocieron aun mayor explotación con dos jornadas 
laborales fuera y dentro de las casas, sosteniendo lo emocional de 
todas las de su entorno. Las ciudades se fueron convirtiendo aún más 
en METROPOLIS. Se vendía el viaje con pulsera de "todo incluido" para 
muchísimas empleadas finalizando esa década. Las grandes cadenas 
distribución rompían, definitivamente, el mercado local y las tiendas de 
proximidad, un poquitín más, dándoles el finiquito a muchísimas. 

Y nosotras vemos como hijas y vecinas de nuestros barrios que fueron 
a universidades se van de ellos para estar en el centro de la fiesta, el 
coqoilito de las ciudades, sus espacios de ser. Ya ni se acuerdan de los 
pueblos de sus abuelas de donde proceden, ni de la comunidad vecinal 
de su barrio, o la tienda o el Videoclub del pueblo. Ahora sueñan, esas hijas 
universitarias, con el nuevo siglo y su euro que aparece deslumbrante y 
luminoso. Eran momentos de mucho ladrillo y mucho crédito. Mientras 
casi un tercio de la población seguíamos en esos barrios sin expectativas 
de vida digna como usuarias de esos Servicios Sociales, mal llamados 
comunitarios. Hasta vimos como llegaban las EULEN, CLECE y otras 
muchas grandes empresas a gestionar nuestra pobreza/empobrecimiento. 
La novedad es que, en este siglo en nuestros barrios, ya nos acompañaban 


20 


empobrecidas de otros países y continentes con sus visiones de la vida, 
sus culturas, sus miedos y sufrimientos y por supuesto sus sueños de 
poder mandar euros a sus familias que quedaron allí, en sus países de 
origen. Nos sorprendía en nuestros barrios ya sin asociacionismo y 
con muchas sustancias de mala calidad consumiendo nuestras vidas, 
encerradas, bien acotadas en el territorio. Nos dimos cuenta que de nuevo 
eran las mujeres migrantes, nuestras nuevas vecinas, las que mantenían 
la vida, iban a los S.S., al llamado Banco de Alimentos, la parroquia o la 
mezquita. Lo nuevo de este siglo en nuestros barrios, es el gran deterioro 
de las chabolas verticales, la frustración por seguir en ese territorio de NO 
vida, en una especie de papelera social. Nosotras nunca pudimos acceder 
a créditos de primera o segunda vivienda, seguimos donde nos parieron 
abajo de todo, pero éramos muchas más, con más colorido de pieles y 
lenguas, con tonos que nos enriquecían en diversidad, pero con quienes 
no fuimos capaces de generar comunidad en algo claro y evidente: TODAS 
SOMOS DE LAS DE ABAJO, de las NADIE. 

Mientras, el ladrillo generaba pisos en zonas de sol y playa y machacaba 
países como Canarias, que ya venía de destrozos turísticos anteriores, 
convirtiendo el turismo en el monocultivo de muchos lugares. Se trabajó 
aún mejor el sueño de la ascendencia social. Se nos mostraban aviones 
y aeropuertos llenos de asalariadas viajando por el mundo, ya fuese 
en modelo "pulserita" de todo incluido, en el de 1 5 días en hoteles con 
playa cercanas o yendo de compras un fin de semana a esas grandes 
metrópolis del mundo. La DESIGUALDAD SE INCREMENTÓ. Se consolidó 
la idea de toda la riqueza para lo privado, para las grandes empresas 
marca, las grandotas. Por el cielo de nuestros barrios veíamos pasar 
aviones y en las televisiones nos mostraban como vivían "de Bien", las 
que bien vivían. Cada tres por cuatro enseñaban las metrópolis y sus 
luces. Seguían machaconamente diciéndonos que lo rural era como 
mucho un granero de las ciudades y que debían convertirse en lugares 
para el descanso. En esas Casas rurales que enseñarían a quien fuese 
lo que es la naturaleza, hasta con animales incluidos. Es el campo como 
descanso puntual y consumo de urbanitas. 

A nosotras sólo nos quedaba la lucha. Seguir peleando por desmontar 
"los Servicios Sociales", por conseguir la Renta Básica de las Iguales, 


21 


por generar relaciones, impulsar la comunidad, poner en valor lo 
comunitario y lo común. Éramos pocas las que apostábamos por ello, 
pero lo hacíamos convencidas de la importancia de poner "los cuerpos" 
en el proceso de conseguirlo. Siempre mirando a la gran alianza con 
las productoras de alimentos, de verdaderos nutrientes como nos 
enseñó a decir Isa Álvarez. Eso sí, rodeadas de dolor humano, de 
mujeres machacadas en estas chabolas verticales por dobles y triples 
explotaciones, sin saber dónde mirar para no ser asesinadas por sus 
parejas. Por lo menos ahora salían a la luz esos asesinatos, que siempre 
conocimos en las chabolas de los sesenta, setenta, ochenta y noventa. 
Se rompían los muros de las chabolas verticales al verse afectadas "las 
otras mujeres", que se unían a nosotras para gritar con dolor: Ni una 
MÁS, Ni una MENOS. 


Le llamaron crisis al colapso 

En 2008 llegó el final de la burbuja del ladrillo y el crédito. De repente 
la posibilidad de una vida hipotecada para las vacaciones anuales en 
destinos "exotizados", el fin de semana del consumo nocturno, el piso, 
el coche y el deseo de ascenso social, se desvaneció ante nuestros ojos 
a la vez que caía las lógicas del empleo y su falsa comodidad. El dinero 
público se puso al servicio del rescate de la banca, de las más ricas, 
dejando caer a las cajas de ahorro en donde la mayoría empobrecida de 
la población habían depositado sus pocos recursos. 

Las de arriba hablaban de refundar el capitalismo y las de abajo 
tardamos unos años en tomar las plazas. Fue en el 2011, cinco días 
después de irse Ramón Fernández Durán, cuando nos decidimos a salir 
a las calles de manera rotunda. El 15 de mayo, abrió muchas cabezas a 
reconsiderar actitudes, a repensar un poco más en el sentido de la vida. 
Nosotras recordamos en las plazas de las ciudades, que estábamos 
allí, que seguíamos en los barrios de NO vida, que los pueblos de los 
que proveníamos estaban siendo expoliados... que teníamos que 
centrar nuestros esfuerzos en generar AGRICULTURA SOTENIDA POR 
LA COMUNIDAD, en aliarnos las excluidas de nuestros barrios con 


22 


las que producen alimentos sanos y de cercanía, con calidad humana 
y nutrientes, pensar en miles de proyectos como VERDETERRA y 
ASDECOBA. A la vez de usar nuestros propios medios de comunicación, 
pequeñitos pero imprescindibles como RADIO PIMIENTA, para dar voces 
y poner altavoces, sonido a nuestras luchas, dígase vida. 

De aquellas plazas, quedaron bastantes en la lucha por mejorar la vida 
de todas, nunca suficientes, pero es de agradecer esa suma, ese cambio 
de actitudes. 

Poco a poco las de arriba, las grandes empresas estaban fraguando 
nuevas dependencias y enganches. Ya no era la heroína ni la coca, 
que también. Ahora todos los enganches y dependencias los canalizaban 
por un aparato útil con posibilidades, pero diabólico, el teléfono 
móvil o más bien el teléfono que dicen "inteligente". Unido a ello se 
consolidó el espacio privado para ver películas mediante plataformas 
de pago y hasta compras "oniine" y se potenció el servicio por 
mensajería a distancia. Ante la posibilidad de relación nos vendieron 
celdas, con todo incluido, desde casa. Y las de abajo, nosotras con 
esos "aparatos diabólicos" vimos que muchas a nuestro alrededor 
compraron el deseo y siguieron, siguen soñando en la ascendencia 
social. Algunas pusimos el acento en derechos sociales para todas, a 
través de Puntos de Información y Denuncia procuramos dar espacios 
para canalizar la rabia, el odio, la frustración y poder golpear a los 
Servicios Sociales y otras instituciones que nos oprimen y machacan. 
Eso sí, siempre vimos que, en estos cincuenta años de chabolas de 
todo tipo, de vidas rotas, desde abajo, de barrios de NO vida... Siempre 
apostamos a estar y actuar con otras. Supimos entonces y ahora que 
SOLAS A NINGUN LUGAR, JUNTAS PUEDE QUE ALGUNA PARTE. 


Vino la pandemia y ya se asume el colapso 

Tuvo que venir una pandemia para que muchas asuman que nada va ser 
como antes, que en realidad estaban subidas más a un deseo que una 
posibilidad real. 


23 


Ahora sí, se permite nombrar y mencionar el COLAPSO en que nos 
parieron décadas atrás y se fue incrementando año tras año, sin 
parar, sin respiro, con caballo, con Servicios Sociales, con créditos, 
con bancos de alimentos... y ahora con todo en una apuesta 
sumatoria de la gente rica/enriquecida y sus instituciones. Nunca 
es tarde para reaccionar. Ya están donde muchas estábamos. 
Eso sí, con las mujeres más organizadas y con ideas claras de romper 
el patriarcado y no permitir ni una muerte más. Con más grupos 
pequeños, pero muy activas exigiendo la primera fase de la RBis, ya !!!. 
Con muchas más defendiendo que todos, pero todos los SERVICIOS 
BÁSICOS, sean públicos y gestionados por la comunidad. 

BIENVENIDAS compañeras de lucha y vida. Siendo más podremos 
generar más Asdecobas y Verdeterra, más Radios Pimientas, más 
grupos de Apoyo Mutuo. Siendo más podremos llegar a algún lugar, a 
situarnos con la RBis en el territorio de otra manera, a poner realmente 
en el centro LA VIDA, a salir del terrorismo patriarcal y de cualquier 
sociedad colonial. 

Sinceramente amigas, no volvamos a DESEAR lo anterior: el 
COLAPSO LLEGÓ PARA QUEDARSE. Sepamos ver en esta situación 
y en las futuras, OPORTUNIDADES para sostener y generar 
esas comunidades tan ansiadas que, como dice Raúl Zibechi y 
otras muchas, nos sirvan de arca para mantener nuestras vidas 
y las de las que vienen. Pero no olvidar nuestras historias, nunca 
hemos salido de las chabolas, siempre hemos estado en ellas aun 
con sus formas diferentes. Ya fue, ahora estamos tantas en estas 
situaciones que puede que nos ayude a abrir las BRECHAS que permitan 
salir las arcas. 

Para ir terminando con estas letras de Bienvenida al Colapso, queremos 
resaltar la importancia de enunciar las cosas, las propuestas, la 
realidad... Por esa razón hemos insistido en los últimos veinte años en 
que nombráramos la RENTA BASICA DE LAS IGUALES y no otras, por 
su contenido, por ser una herramienta que afilamos y pulimos en calles 
y plazas desde que en 1983 planteamos aquella propuesta de Ingreso 
Social Universal o Renta Básica. En los ochenta lo hacíamos convencidas 


24 


de la "NO vuelta atrás" en el capitalismo de las reconversiones y el 
desempleo. Conscientes que estábamos planteando lo justo, necesario 
y urgente, esa lucha y la propuesta en sí misma, no nacía de cabezas 
especiales, nacía de miles de cuerpos tensionados y en movimiento. 
Buscando abrir brechas a la vida ante aquel incipiente colapso. Fue fruto 
de años de búsquedas colectivas. Ya en los noventa del siglo pasado 
celebramos como otras baladrinas nos aportaban reseñas y textos: 
José Iglesias Fernandez', con Ton! Mallorques, Pera Mora Eco-Concern, 
mas Josep Manel Busqueta, Cscar G. Jurado, Mariola de Málaga y 
otras... Ellas aportaron sus cuerpos y reflexiones mientras que todas 
seguimos en las calles y plazas tensionando, buscando brechas donde 
meter con esta herramienta unas mejores condiciones para vivir. Ya fue 
iniciando este siglo, cuando con la ayuda de nuevo de José Iglesias, 
Don! Arocas, Guaditoca, Sonia de Terrasa, Alicia Alonso, Trini Brusqueta, 
Natalia Ruíz, y tantísimas personas y gentes de Baladre mostramos 
aquella herramienta inicial de 1983, apostando por una RENTA 
BASICA DE LAS IGUALES, QUE INCORPORA PROCESOS para llegar 
a la Riqueza Comunal. 

Parir la RBIs fue un proceso colectivo lógico de tantas luchas de las 
gentes de Baladre, para aclarar aún más que una herramienta nunca 
puede ser un fin en sí misma. Cue para mantener la vida en el centro 
en este Colapso que se instaló desde hace tanto, es vital redistribuir 
los recursos existentes para todas por igual e individualmente, sin 
contraprestaciones, solo por ser y estar vivas. Y lo más importante, 
el incorporar el FONDO DE RENTA BASICA DE LAS IGUALES ya que 
incorpora esa apuesta por la comunidad, lo comunitario y lo común, 
por romper la delegación y el sometimiento a nadie y a nada. Porque si 
nadie vive por ti, que nadie decida por ti. 

Y por ir terminado esta escueta explicación de la importancia de la 
herramienta de la RBis decir, compañeras llegadas al colapso, que 
esta herramienta como otras muchas es para nosotras, gentes de 
abajo, y las que ahora quedan abajo también. Con el fin de que nos 
lleve a la Riqueza Comunal que hemos enunciado tantas veces como 
lugar en el que ya no tengamos que mediar con dineros o similares, 
para que las personas TODAS, sin dejar a fuera nadie, dispongamos 


25 


de bienes y servicios según nuestras necesidades y no nuestras 
habilidades. En lo que sería la libre disposición de los mismos. No es 
cuestión para nosotras de un debate de salón sobre el nombre de la 
RBis, es mostrar un posicionamiento y contenidos que hacen de esta 
herramienta una más, para poder realmente colocar la vida en el centro 
y salir del terrorismo capitalista, patriarcal y colonial, aunque sigamos 
colapsadas. Estaríamos en otro lugar, en otras condiciones y eso no es 
negociable, es urgente y necesario. 

No perdamos más el tiempo. A por la Renta Básica de Las Iguales, 
generando agricultura sostenida por la comunidad, desde la centralidad 
de la vida, pero la de todas. Resituándonos en el territorio, rompiendo las 
metrópolis, simplificando nuestras vidas, haciéndolas austeras, sin que 
ninguna persona y sobre todo NINGUNA MUJER se quede en el camino, 
abriendo fronteras y borrando líneas. Recordando que aquí no sobra 
nadie, que todas sumamos. 


NOTAS: 

L<Los libros de José Iglesias nos han servido para poner la Rbis en los barrios 
y ciudades, en nuestras iniciativas cotidianas, la de nuestras vidas y nuestros 
colectivos. Y sabemos que la devolución ha servido para seguir moldeando 
desde las múltiples realidades a esa "niñita" que conocemos como Renta 
Básica de las Iguales y que tan bien paseamos o más bien nos acompaña en 
los múltiples talleres que realizamos-. Hemos hecho junto a José un largo 
camino, desde la Renta Básica a la Renta Básica de las iguales, y es un placer 
y un honor seguir caminando a su lado. 


26 




INTRODUCCIÓN 

Raúl Zíbechi 


Estamos viviendo cambios imprevistos e inciertos, que nos dejan 
perplejos y a menudo paralizados. Un inmenso vendaval está 
barriendo nuestros modos anteriores de hacer, que en pocos días nos 
ha desarticulado, dejándonos a la intemperie, en lo individual y en lo 
colectivo. El aislamiento que padecemos, impuesto por las elites, es 
tal vez el símbolo más estridente de esta tormenta, en particular para 
quienes vivimos en ciudades cerradas a la sociabilidad, pero que 
siguen abiertas a la especulación y la acumulación por despojo. 

La sensación de que "todo lo sólido se desvanece en el aire", es tan 
potente que nos impulsa a buscar algún ancla, conceptual y material, 
que le otorgue algún sentido positivo a esta situación para la que aún no 
tenemos respuestas del nivel que se requieren. 

En la páginas que siguen, he recopilado los textos escritos entre 
febrero y mayo, intentando sistematizar lo que alcanzamos a observar 
ante nosotras. En la primer parte, constatar desde una mirada global 
los cambios en las relaciones de fuerza en el planeta, desde la des- 
globalización en curso hasta la transición acelerada hacia un mundo 
centrado en Asia Pacífico y China. Sobre este tema, sólo agregar que 
la casi inevitable hegemonía china tiene dos aristas para los pueblos 
en movimiento: la lucha entre dos grandes potencias genera fisuras en 
la dominación por las cuales puede colarse la acción colectiva, ya que 
cuando dos opresores confrontan, pueden abrirse oportunidades para 
las de abajo. 

Sin embargo, y este es un tema a menudo soslayado, el tipo de 
sociedad que ha cobrado forma en China resulta densamente opresivo, 
por el control macro y micro que ensayan los poderes del Dragón. Un 
abrumador control digital capaz de captar y almacenar todos nuestros 
movimientos y pensamientos, nuestras relaciones, lo que compramos y 


29 


dónde lo hacemos, las conversaciones que mantenemos y un sinfín de 
datos centralizados por el Gran Hermano que es la suma del Estado y el 
Partido Comunista. 

Ese control a escala macro se complementa con la capacidad del partido 
de movilizar a sus brigadas (el PCCh cuenta con más de 80 millones de 
afiliados), para vigilar de cerca a los vecinos de cada barrio y comunidad, 
completando una malla de control y opresión que ningún régimen anterior 
había soñado. Así como el panóptico pudo ser neutralizado y desbordado 
luego de décadas de "vigilar y castigar" a su rebaño, ahora nos toca inventar 
nuevos modos de enfrentar este monstruo de mil cabezas que nos asfixia 
y nos deja desnudos ante los poderes estatales y corporativos. 

El colapso sanitario y el caos ambiental que sufrimos, habían sido 
cuidadosamente analizadso por nuestros referentes en la materia 
(Eernández y González, 2014). Sin embargo, un vez desplegada su 
potencia destructiva, debemos aceptar que no habíamos imaginado 
-por lo menos quien esto escribe- que fuera a hacerse realidad con 
semejante apoyo social, que nos sume en el aislamiento, probablemente 
temporal pero aún así extremadamente peligroso. 

Las tendencias a la militarización de las sociedades y al crecimiento 
de la desigualdad, o mejor, la concentración del poder y la riqueza en 
el 1%, crecen de forma acelerada a caballo de la relegitimación de los 
Estados-nación. Sabemos que cuando los poderosos sacan a sus 
fuerzas armadas a las calles para imponer el control, están enseñando 
a la vez su debilidad para mantenernos a raya en base al consenso, 
ya que la hegemonía se trasmuta en dominación mostrando los 
límites del acatamiento voluntario. 

Hablar hoy de caos sistémico ya no es patrimonio de pensadores, 
sino una realidad transparente aunque dolorosa. El sistema se está 
cayendo, pero lo hace encima de nuestros cuerpos, lastimando, 
lacerando a las frágiles, niños y niñas, ancianos, mujeres y pobres 
de cualquier edad y geografía. El caos somos también nosotras, las 
personas que lo sufrimos y, nunca lo olvidemos, también lo 
provocamos. 


30 


En este punto debemos asumir que los movimientos feministas y 
contra el patriarcado y las resistencias de los pueblos originarios y 
negros contra el colonialismo y el racismo, han puesto lo suyo 
para acelerar el caos sistémico, que no es sólo fruto de tendencias 
estructurales. Se impone, por lo tanto, asumir las responsabilidades 
que tenemos en esta crisis, no en una relación de causa-efecto sino algo 
mucho más profundo: no hay crisis sistémica sin la intervención de los 
pueblos organizados, marcando límites al capital y al Estado, señalando 
incluso rumbos para superar la debacle del sistema-mundo. 

Einalmente, desde América Latina observamos una peligrosa tendencia 
a la agresión por parte de Estados Unidos y el Pentágono, que puede 
traducirse en alguna forma de invasión a Venezuela. Mucho más allá de 
lo que cada quien piense sobre el régimen bolivariano, una intervención 
militar para derribarlo -directa o indirecta a través de países vecinos- 
sería un desastre para nuestra región, ya que la sumiría en un caos nunca 
antes visto desde las guerras de independencia, dos siglos atrás. 

Creo que el imperio está tentado a soldar su dominación en el patio 
trasero para revertir su decadencia, convirtiéndolo en refugio y recurso 
para suavizar el declive que, por otro lado, parece inevitable. 

Las tendencias mencionadas chocan con el rompeolas de la acción 
colectiva, el tema central que abordo en la segunda parte, en base al 
diálogo y al intercambio con diversos sujetos colectivos y movimientos 
en casi todos los países de la región latinoamericana. 


Durante los últimos meses de 2019 se produjeron estallidos sociales y 
levantamientos en varios países, entre los que destacan Chile, Ecuador, 
Colombia, Haití, Solivia y Nicaragua. En Brasil y Argentina ya se habían 
producido enormes movilizaciones, en 2013 en el primero y en 2017 en 


31 


el segundo. En todos los casos, las políticas neoliberales extractivas 
han estado en la mira de la acción colectiva, ya sea bajo gobiernos de 
derecha o de izguierda, conservadores o progresistas^ 

En marzo de 2020, cuando la pandemia lleva a los gobiernos a decretar 
la cuarentena, los pueblos en movimiento seguían activos pero ya no 
pudieron seguir ocupando las grandes alamedas sino gue debieron 
ensayar nuevos caminos, inéditos para la mayoría. En este punto, 
debemos detenernos para dar un pegueño rodeo conceptual e histórico. 
Las manifestaciones, marchas y concentraciones, los actos públicos 
de los movimientos, han sido la forma prioritaria como se han hecho 
visibles. Pero en modo alguno constituyen el aspecto principal de un 
movimiento social, menos aún de los pueblos en movimiento, cuya 
principal acción colectiva es la re-construcción de su propio mundo. 

En primer lugar, la manifestación es un hecho político-cultural 
relativamente reciente, nacido en Europa en el siglo XIX, hijo de las 
procesiones y los desfiles militares, trasmutadas por el movimiento 
obrero y la modernidad en la herramienta elemental y, en no pocas 
ocasiones, casi única de lucha, aungue en general como apéndice de la 
huelga. 

En América Latina, la manifestación fue uno de los repertorios 
innovadores del movimiento obrero, entre fines del siglo XIX y comienzos 
del XX, de la mano de obreros inmigrantes gue crearon las primeras 
organizaciones sindicales. Como apuntan algunos trabajos, al igual gue 
en otras regiones del tercer mundo resultó "una importación paradójica 
de la colonización o de la occidentalización y de las resistencias gue 
estas suscitan" (Tartakowski y Fillieule, 2020). 

La manifestación convive, en nuestro continente, con otras muchas 
expresiones de protesta indígena, negra y popular: caminatas de sacrificio, 
marchas de las áreas rurales a las ciudades, blogueos de carreteras, 
levantamientos, insurrecciones y estallidos sociales, ocupación 
simbólica o permanente del espacio o de edificios públicos, toma de 
tierras periurbanas para construir barrios y viviendas, recuperación 
de tierras por campesinos e indígenas, entre otras. A diferencia del 


32 


mundo desarrollado, la manifestación no es la herramienta principal de 
la acción colectiva, sino una más. De hecho, muchos movimientos no 
hacen manifestaciones, o las hacen de forma extraordinaria, salvo los 
movimientos sindicales. 

La segunda cuestión es que pueblos originarios y negros casi no la 
utilizan y, las veces que lo hacen, tienen connotaciones diferentes, más 
vinculadas a la defensa o afirmación del territorio, a la afirmación de 
sus cosmovisiones y culturas. A diferencia de la manifestación obrera, 
o de otros movimientos, que a través de ella reclaman al Estado, a un 
gobierno o a una patronal, los pueblos actúan en torno a la defensa, 
recuperación y afirmación de sus territorios. No estamos ante formas 
de acción centradas en la demanda al Estado, lo que no quiere decir que 
ésta sea inexistente. El tipo de relación que mantienen los pueblos en 
movimiento con los Estados, es más compleja que la simple demanda: 
básicamente, no buscan "derechos" sino su reconocimiento como 
pueblos, o sea, su autogobierno en territorios propios, con autoridades 
elegidas por ellos según sus usos y costumbres. 

¿Cuántas manifestaciones han realizado los zapatistas, los mapuche 
o los nasa? La "movilización" mapuche gira en torno a la tierra, para 
ocuparla, resistir el desalojo y volverla a ocupar cuando sea posible y 
necesario. Se trata de convertir la tierra en territorio o, re-territorializarse 
como pueblo. Un largo proceso que comienza en el fogón (kutral) 
comunitario, donde las decisiones toman fuerza colectiva, y se hacen 
visibles en la ocupación de los fundos (Pairicán, 2014 y Pineda, 2018). El 
repertorio de acción colectiva mapuche gira en torno a la reconstitución 
del territorio: recuperación de fundos, ataques a camiones de las 
empresas forestales e incendios de plantaciones de pinos. Hacen alguna 
manifestación, pero en modo alguno son el eje de su accionar. 

Algo similar puede decirse de zapatistas y nasa. Éstos han realizado 
varias mingas (trabajo comunitario), siendo la más relevante la Minga 
Social y Comunitaria de 2008, una serie de marchas en las que participaron 
entre 45 y 60 mil indígenas que salieron de Santander de Quilichao, en 
el Cauca, hasta Bogotá a lo largo de dos semanas. La Guardia Indígena 
se encarga de velar por la seguridad. Las objetivos giran en torno al 


33 


respeto de acuerdos anteriores firmados con el Estado, la derogación de 
reformas constitucionales que "someten a los pueblos a la exclusión y la 
muerte" y a construir la Agenda de los Pueblos, que surge de "compartir 
y sentir el dolor de otros pueblos y procesos" (Zibechi, 2008). 

En tercer lugar, estamos asistiendo a la transformación de la 
manifestación en espectáculo. Se trata de un fenómeno relativamente 
reciente, en el cual el papel de los medios es relevante. Por un lado, 
los medios, en particular la televisión, buscan despolitizar la protesta 
social mostrando recortes de la misma, para ofrecer a la opinión 
pública imágenes ya sea criminalizadoras o edulcoradas, pero siempre 
reduccionistas y descontextualizadas de las causas de la movilización. 

Desde el lado de la protesta social, en los últimos años varios 
movimientos realizan acciones colectivas que "se adecúan a los criterios 
del espectáculo", como forma de superar la indiferencia ciudadana, 
la invisibilidad mediática y la hostilidad de los gobiernos (Silva, 2015: 
47). Para impactar en la sociedad, algunos movimientos han asumido 
el espectáculo como nuevo repertorio de la acción colectiva, para 
romper el cerco informativo e intentar instrumentalizar la televisión. Si 
embargo, el lenguaje apolítico del espectáculo no sólo puede mantener 
las demandas del movimiento en la agenda política, sino que también 
"se arriesga a verse sometido a un proceso de domesticación mediática" 
(Silva, 2015: 48). 

Durante la pandemia y al estar impedidas de manifestarse, las 
organizaciones populares, feministas y de los pueblos originarios, 
debieron modificar sus formas de acción. Lo que sigue es un intento 
por sistematizar estas experiencias, sabiendo que se trata apenas 
de un acercamiento provisorio a realidades que están cambiando 
rápidamente: 


1.- Un viraje hacia adentro, ya sea en los territorios que habían 
reconquistado los pueblos o en nuevos espacios rurales y urbanos 
nacidos durante la pandemia. De forma espontánea, muchas 


34 


comunidades decidieron bloquear el ingreso y la salida de personas, 
como ha hecho el EZLN en Chiapas. Establecer controles que delimitan 
el territorio es una forma de ordenar y de proteger a la vez, ya que 
existe clara conciencia de que la enfermedad viene de fuera y que los 
recursos propios permiten afrontarla. 

Además del zapatismo con el cierre de sus 43 espacios, las más diversas 
comunidades intensificaron el control territorial, destacando el papel de 
la Guardia Indígena nasa en el Cauca colombiano. Siete mil guardias 
armados con bastones de mando controlan setenta puntos vigilando 
que sólo ingresen los vehículos y personas autorizadas por los cabildos, 
autoridades nasa en los territorios. 

El Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC) decidió implementar Una 
Minga hacia Adentro, que puede leerse como una síntesis de lo que están 
haciendo pueblos y comunidades rurales y urbanos a lo largo y ancho 
de América Latina. Las claves del "hacia adentro", en todos los casos, 
son el fortalecimiento de las relaciones comunitarias que pasa por sus 
dimensiones material y simbólica, que van desde la mayor autonomía 
alimentaria hasta el reforzamiento de las autoridades internas ancladas 
en las prácticas asamblearias y de toma de decisiones por consenso, 
hasta la armonización colectiva a través de rituales en lugares sagrados 
como las lagunas, de fogones y sahumerios con la participación de 
médicos tradicionales. 

A diferencia del sistema hegemónico, que consigue el consenso social 
agitando un enemigo externo -desde el comunismo y los virus hasta 
el inmigrante y el otro- los pueblos en movimiento lo hacen a través 
de la actualización de rituales ancestrales que nos armonizan entre las 
personas y entre los colectivos humanos y los no humanos, montañas, 
lagunas, plantas y animales. Mientras la primera es una lógica de 
homogeneidad para y por la guerra, la segunda se basa en el cuidado y 
la reproducción de la vida. 

Este cierre territorial no debe interpretarse como aislamiento, sino 
como el trazar una frontera que conduce a potenciar las relaciones no 
capitalistas, anteponiendo los valores de uso a los valores de cambio. 


35 


la solidaridad y el hermanamiento entre las y los de abajo frente al 
individualismo que propone, e impone, el sistema. Porque la propuesta 
de "Quédate en casa" no funciona y es sustituida por el "Quédate en 
el barrio" en las villas argentinas o el "Quédate en la comunidad" de 
campesinos y pueblos originarios y negros. 

En suma, frente a la individualidad imposible y propia de las clases 
medias, surge una colectivización del espacio público que no es sino 
la extensión de las prácticas habituales de los sectores populares 
a la situación pandémica. Esta realidad nos abre a dos debates aún 
incipientes: el papel de los trabajos colectivos, mingas o tequios, en la 
creación de mundos otros y la forma de abordar los cuidados, no en 
clave estatal/institucional e individual, sino colectiva y comunitaria. 


2.- La profundización y/o la búsqueda de la autonomía alimentaria. 

En todas las experiencias registradas, se constata un retorno a la 
tierra, un intento por construir huertas colectivas autogestionadas de 
carácter orgánico, también en las periferias urbanas donde esta tarea 
es más compleja. Puede decirse que constituye, a la vez, un intento por 
superar las consecuencias económicas de la pandemia, pero también 
un deseo de hacerlo en colectivo, rompiendo el asilamiento individual- 
familiar impuesto. 

Durante la pandemia podemos observar que entre los sectores 
populares urbanos, pueblos originarios, negros y campesinos, 
ha crecido un hambre de tierra y de territorio. Testigo de esta 
tendencia es la multiplicidad de iniciativas urbanas que venimos 
registrando: las 200 asambleas territoriales formadas al calor del 
estallido en Chile que durante la pandemia pusieron en pie redes de 
abastecimiento por fuera del mercado, contactando directamente 
con los productores. En las periferias urbanas, como sucede en 
Temuco (Chile), en Popayán (Colombia), en Córdoba (Argentina) y en 
Montevideo (Uruguay), miles de personas ocuparon tierras para 
construir viviendas o para cultivar, en lo que supone un desafío 
frontal a la propiedad privada y al Estado. 


36 


Es evidente que en las áreas rurales la autonomía alimentaria 
(concepto que prefiero al de soberanía alimentaria, siempre vinculada 
al Estado) tiene mayores alcances y una larga y fecunda trayectoria. 
Los movimientos indígenas son los que con mayor vigor encararon 
la delimitación y defensa de sus territorios. Muchos campesinos 
bloquearon en toda América Latina el ingreso y salida de sus pueblos, 
para asegurarse que el virus no entre en las comunidades. 

Desde hace ya varias décadas, existe un diálogo entre territorios y 
autonomía/autogobierno, que ahora se vuelve urgente actualizar. 
En particular, en las ciudades y en las periferias urbanas. Por eso 
creo necesario atender lo que se viene haciendo en Cherán, la 
ciudad autogobernada de 20 mil habitantes en Michoacán (México), 
la autogestión barrial que ensayan las ocho comunidades de la 
organización Popular Erancisco Villa de la Izquierda Independiente en 
Ciudad de México, y las asambleas territoriales en Santiago y Valparaíso 
en Chile. O el caso de Errekaleor en Vitoria (Euskal Herría) o las ciudades 
del Kurdistán en el norte de Siria, como Qamishii. 

Creo que cada experiencia urbana, por más puntual que sea, debe ser 
pensada colectivamente, porque en realidad son muy pocas, pensando en 
que la mayor parte de la población del planeta vive en ciudades. Si tendemos 
lo que sucede la línea de visibilidad, veremos realidades como la que investigó 
el Centro Educativo y Cultural cama de Nubes, en Ciudad de México, donde 
registraron 380 espacios político-culturales y educativos "comunitarios, 
okupados, independientes, autogestivos o autónomos. El número no es 
menor, si consideramos que los denominados centros culturales oficiales de 
la ciudad suman 246 en total" (Cama de Nubes, 2020). 


3.- Los vínculos entre los abajo, rural-urbanos, como apertura a la 
autonomía. Ni las ciudades son autónomas en alimentos y agua, ni 
las áreas rurales lo son en la salud y en desarrollos tecnológicos. Los 
sectores populares que habitan las periferias se necesitan mutuamente 
con los trabajadores organizados, porque no pueden salvarse solos y 
tienen intereses y enemigos comunes. 


37 


El apoyo de los sindicatos uruguayos a las ollas populares en los barrios 
periféricos, las donaciones de alimentos de productores rurales a los 
pobladores urbanos, son apenas una muestra de cómo durante la 
pandemia se están estrechando vínculos entre pobres rurales y urbanos. 
Quizá la acción más llamativa, por la explicitación de la solidaridad, sea la 
de los Bañados de Asunción. Decenas de ollas populares funcionan bajo 
el lema "El Estado no nos cuida. Los pobres nos cuidamos entre pobres", 
en un amplio trabajo solidario que conecta estudiantes y profesionales 
con pobladores organizados que viven en la mayor pobreza. 

El apoyo de asentamientos del Movimiento Sin Tierra (MST) de Brasil 
a los pobres urbanos, enviando toneladas de alimentos, así como 
el intercambio de productos entre nasa del campo y la ciudad, son 
un excelente ejemplo del apoyo mutuo entre los pueblos. Siglos de 
dominación capitalista han segmentado y fragmentado a los pueblos, 
en particular sus saberes y capacidades. De modo que debemos 
reconstruirnos, como pueblos, recuperando los saberes perdidos. Un 
buen ejemplo es cómo los zapatistas han recuperado el arte de las 
hueseras, que se estaba perdiendo. 


4.- Potenciar el mundo de los valores de uso. Entre las poblaciones 
campesinas e indígenas de Bolivia, Colombia y México, se constata la 
generalización del trueque y de otras prácticas ancestrales por fuera 
del mercado capitalista. Se realizan ferias de trueque en puntos y 
días previamente acordados, sin moneda, pero no se intercambian 
equivalencias sino que cada quien lo hace en base a la necesidad. 
Estamos ante prácticas que se realizan desde hace mucho tiempo, pero 
que en medio de la emergencia sanitaria cobran un doble sentido de 
resistencia colectiva y de alternativa al capitalismo. 

En la agricultura urbana comienza a experimentarse con huertos 
circulares, que responden a una lógica indígena ancestral, vinculada 
por un lado a las cosmovisiones propias y, por otro, al ahorro de agua, 
la complementación de cultivos y la división del trabajo en base a la 
ayuda mutua. Se desarrollan en algunas ciudades prácticas notables de 


38 


cuidados comunitarios, con la identificación de las personas más 
vulnerables para abastecerlas de alimentos sin que tengan que salir de 
sus casas. 

Algunas redes de abastecimiento han hecho posible que en las ciudades 
ya haya familias que no deben comprar en el supermercado, sino de 
forma directa a productores rurales que participan en las redes. 
También están proliferando mini-bancos que son modos de ahorro 
comunitario y redistribución hacia las familias con más urgencias. En fin, 
prácticas no capitalistas, de dispersión y no de concentración de bienes, 
en base a la producción y distribución de valores de uso, negando la 
posibilidad de que se convierten en valores de cambio. 

La economía no capitalista se abre paso durante la pandemia, 
multiplicando posibilidades que hasta ahora parecían marginales. De 
estas experiencias recogemos la importancia de que existan prácticas 
heterogéneas respecto a las hegemónicas, no siendo decisivo que 
sean minoritarias, locales y hasta marginales, como tantas veces 
nos señalan quienes han optado por lo grande que es, 
indefectiblemente, lo estatal/capitalista. Es importante que ellas existan, 
porque cuando las personas las necesitan, las multiplican. 


No quiero finalizar sin varias anotaciones. 

La primera es el agradecimiento a todos los movimientos, colectivos 
y personas que aceptaron comunicarse durante la pandemia. Con 
casi todos nos conocíamos de forma directa, pero algunos fueron 
contactados por primera vez, con lo que agradezco su confianza. 

En segundo lugar, observarán que los textos que siguen han sido escrito 
mientras avanzaba la pandemia y las medidas de los gobiernos, de modo 


39 


que las cifras que aporto no son las definitivas ni las que se registran 
en el momento de la finalización de esta edición. Gracias a la cuidadosa 
revisión de Jesús Giráldez, debo decir que es necesario matizar algunas 
sentencias un tanto contundentes, como la que afirma que se está 
cerrando un período de nuestra historia, algo que aún no está probado y 
que, seguramente, no estemos en condiciones de corroborar en mucho 
tiempo. 

En el mismo sentido, apuntar que mi análisis está centrado en América 
Latina. Por lo tanto, no se debe extrapolar a Europa ni al Estado Español, 
ya que cada región del planeta presenta particularidades que, aunque 
no contradicen las tendencias globales, se presentan de forma diversa y 
diferente en cada nación y área geopolítica. 

La tercera, consiste en explicar las razones por las cuales, bajo la 
pandemia, seguimos confiando en la acción y la organización colectivas. 
En estos meses proliferan los análisis que se focalizan en los nuevos 
modos de dominación, desde el encierro hasta la digitalización de la 
vigilancia y el control. Suelen ser análisis necesarios en la medida que 
echen luz sobre estos mecanismos, que se estaban desplegando y 
ahora se acelera su implementación. 

Sin embargo, no podemos limitarnos a constatar los modos de la 
dominación, porque sería tanto como decirnos que no hay salida, que 
las alambradas que rodean el campo de concentración donde nos 
encerraron, son inexpugnables. Los análisis son útiles en la medida 
que enseñen las fisuras, las maneras de derribar los muros que nos 
aprisionan. Destacar las resistencias es algo central, si pretendemos 
recorrer los caminos de la emancipación. 

El filósofo Jacques Ranciére escribió a fines de mayo un breve texto 
que profundiza esta apreciación. "El confinamiento, se dice, es una 
oportunidad única para reflexionar sobre la sociedad en la que vivimos, 
sobre el desastre al que nos conduce y sobre los cambios radicales que 
se deben operar para evitarlo", comienza su reflexión sobre la pandemia. 
Continúa con una evaluación sobre el "momento de después", al que 
tantos apuestan para que sobrevengan los cambios. "Ese momento 


40 


de después se convierte cómodamente en la nueva gran esperanza: la 
oportunidad soñada en la que podría producirse, en un solo movimiento 
y sin violencia, ese vuelco radical de las cosas que en otra época se 
esperaba de las grandes jornadas revolucionarias" (Ranciére, 2020). 

Finaliza con la reflexión que es el centro de sus preocupaciones: "¿Quién 
hará todo lo que "será necesario" hacer en ese momento para cambiarlo 
todo?". En general, los filósofos y muchos analistas escriben sobre 
lo que es necesario hacer, pero dejan de lado los sujetos colectivos 
capaces de concretarlo, de hacerlo realidad. Algunos creen que serán 
los estados, contra toda la experiencia histórica reciente. No es el caso 
de Ranciére. 

El objetivo de este trabajo no es más que mostrar que las fuerzas 
capaces de hacer lo necesario para afrontar el colapso sistémico, del 
cual la pandemia es la punta de iceberg, ya existen porque se han ido 
formando mientras se va desplegando el desastre. No tengo dudas que 
son aún insuficientes, que les falta recorrer un buen trecho para estar en 
condiciones de sobrevivir a la tormenta que se nos viene. Pero existen. 
Son luces que alumbran nuestros andares y son, aunque no les guste a 
los estadocentristas, la luz al final del túnel. 


Montevideo, Mayo de 2020 


NOTAS: 

^Para una descripción y análisis más detallados de estos procesos 
remito a "Nuevas derechas. Nuevas resistencias", y para el análisis de las 
movilizaciones de Junio de 2013 en Brasil, a "Debajo y detrás de las grandes 
movilizaciones", OSAL N° 34, Clacso, Buenos Aires, noviembre de 2013, pp. 
15-36. 


41 



PRIMERA PARTE 


Una mirada geopolítica desde los pueblos 
en movimiento 

Raúl Zíbechi 


1 

A las puertas de un nuevo orden mundial 

Publicado en El Salto, 25 de marzo de 2020. 


La pandemia supone la profundización de la decadencia y crisis del 
sistema que, en el tiempo corto, habría comenzado en 2008, y en el 
largo se extiende desde la revolución mundial de 1968. Entramos en un 
período de caos del sistema-mundo, que es la condición previa para la 
formación de un nuevo orden global. 

En efecto, las principales tendencias en curso (militarización, declive 
hegemónico de Estados Unidos y ascenso de Asia Pacífico, fin de la 
globalización neoliberal, reforzamiento de los Estados y auge de las 
ultraderechas), son procesos de largo aliento que se aceleran en esta 
coyuntura. 

Desde una mirada geopolítica. China ha mostrado capacidad para salir 
adelante, sobreponerse a las dificultades y continuar su ascenso como 
potencia global que en pocas décadas será hegemónica. La cohesión 
de la población y un gobierno eficiente, son dos aspectos centrales que 
explican en gran medida la resiliencia/resistencia china. 


43 


La dura experiencia vivida por el pueblo en los dos últimos siglos 
(desde las guerras del opio hasta la invasión japonesa), ayudan a explicar 
su capacidad para sobrellevar tragedias. La revolución socialista de 
1949, además de la nacionalista de 1911, y la notable mejora en la 
calidad de vida del conjunto de la población, explican la cohesión en 
torno al partido comunista y al Estado, más allá de las opiniones gue se 
tengan de esas instituciones. 

Por el contrario, la división interna gue vive la población estadounidense 
(evidenciada en las últimas elecciones y en la epidemia de opiáceos 
gue ha disminuido la esperanza de vida), se conjuga con un gobierno 
errático, imperial y machista, del gue desconfían incluso sus más 
cercanos aliados. 

La Unión Europea está aún peor gue Estados Unidos. Desde la crisis de 
2008 perdió su brújula estratégica, no supo despegarse de la política 
de Washington y del Pentágono y evitó tomar decisiones gue incluso la 
benefician, como la finalización del gasoducto Nord Stream 2, paralizado 
por presiones de Trump. El euro no es una moneda confiable y las idas 
y venidas para concretar la salida del Reino Unido de la Unión Europea 
enseña la debilidad de las instituciones comunes. 

La financierización de la economía, dependiente de la gran banca 
corrupta e ineficiente, ha convertido a la eurozona en una "economía 
de riesgo", sin rumbo ni orientación de larga duración (Nieves, 2020). 
La impresión es gue Europa está destinada a acompañar el declive 
estadounidense, ya gue ha sido incapaz de romper el cordón umbilical 
amarrado desde el Plan Marshall. 

Tanto Estados Unidos como la Unión Europea, ni gué decir de los países 
latinoamericanos, sufrirán los efectos económicos de la pandemia con 
mucha mayor intensidad gue los asiáticos. Éstos han mostrado, desde 
Japón y China hasta Singapur y Corea del Sur, una notable capacidad 
para superar esta adversidad. 

Una reciente encuesta de Foreign Policy entre doce intelectuales 
destacados, concluye gue Estados Unidos perdió su capacidad 


44 


de liderazgo global y el eje del poder mundial se traslada a 
Asia. La pandemia es la tumba de la globalización neoliberal, 
en tanto la del futuro será una globalización centrada en China y Asia 
Pacífico. 

En las principales y decisivas tecnologías, China está a la cabeza. 
Se mantiene al frente en la construcción de redes 5G, en inteligencia 
artificial, computación cuántica y superordenadores. El economista 
Oscar Ugarteche, del Observatorio Económico de América 
Latina (Obela), sostiene gue "China es la fuente de cinco ramas 
de la economía mundial: farmoguímica, automotriz, aeronáutica, 
electrónica y telecomunicaciones" (Ugarteche, 2020). 

De modo gue el cierre de las fábricas frena la producción de estas 
cinco ramas en el mundo. China producía ya en 2017, el 30% de la 
energía solar del mundo, por encima de la UE y el doble gue Estados 
Unidos (Ugarteche y Martínez, 2020) . La lista TopSOO de los mayores 
superordenadores del mundo, revela gue China posee 227 en 500 (el 
45%), frente a sólo 118 de Estados Unidos, su mínimo histórico. Diez años 
atrás, en 2009, China tenía sólo 21 superordenadores frente a 277 de la 
entonces superpotencia. 

El triunfo chino en la carrera tecnológica, no guiere decir gue su 
sociedad sea la deseable, desde el punto de vista de guienes deseamos 
una sociedad poscapitalista, democrática y no patriarcal. El control 
social en China es asfixiante: desde las millones de cámaras gue 
vigilan a las personas hasta el diabólico sistema de "crédito social" 
gue otorga y guita puntos según el comportamiento correcto de sus 
ciudadanos, así como la estigmatización y discriminación de las 
personas LGBTI. 

En el resto del mundo las cosas no van mejor. El hecho de gue las 
"democracias" europeas hayan copiado los modos chinos de abordar 
la epidemia de coronavirus, es una muestra de gue el dragón ya es 
referente y ejemplo en cuanto al control social de la población. "El 
mundo ha aprendido del país asiático", destaca el periódico empresarial 
El Economista (Lorenzo, 2020). 


45 


El auge de los fascismos en Europa y en América Latina, no sólo a nivel 
de partidos sino ese fascismo social difuso pero contundente, focalizado 
contra disidentes y emigrantes porgue lucen comportamientos distintos y 
otro color de piel, va de la mano del vaciamiento de las democracias. Éstas 
van guedando apenas como ejercicios electorales gue no garantizan el 
menor cambio, ni la menor influencia de la población en las políticas 
estatales. 

La experiencia del gobierno de Syriza en Grecia, así como del Partido de 
Trabajadores en Brasil, debería ser motivo de reflexión para las izguierdas 
del mundo sobre las dificultades para mover la aguja de la economía y 
la política. Aún concediendo gue se llevaron adelante con las mejores 
intenciones, el saldo de sus gestiones no sólo es pobre, sino regresivo 
en lo macroeconómico y en el empoderamiento de las sociedades. 

El panorama para los movimientos es más gue complejo, pero no es 
uniforme. Los gue han hecho de la manifestación y otras acciones 
públicas su eje central, son los más afectados. Sin embargo, los de 
base territorial tienen una situación potencialmente mejor. A todos nos 
afecta, empero, la militarización. 

Los pueblos originarios y negros de América Latina, con destague 
del zapatismo, los nasa-misak de Colombia y los mapuche, están en 
mejores condiciones. Algo similar puede suceder con los proyectos 
autogestionados, las huertas o los espacios colectivos con posibilidades 
de cultivar alimentos. 

En todo caso, el militarismo, el fascismo y las tecnologías de control 
poblacional, son enemigos poderosos gue, aunados, pueden hacernos 
un daño inmenso, al punto de revertir los desarrollos gue han tejido los 
movimientos desde la anterior crisis. 


46 


2 

Coronavirus: la militarización de las crisis 

Publicado en La Jomada, 28 de febrero de 2020. 


Hay que remontarse a los períodos del nazismo y del estalinismo, casi un 
siglo atrás, para encontrar ejemplos de control de población tan extenso 
e intenso como los que suceden estos días en China con la excusa del 
coronavirus. Un gigantesco panóptico militar y sanitario, que confina a 
la población a vivir encerrada y bajo permanente vigilancia. 

Las imágenes que nos llegan sobre la vida cotidiana en amplias zonas 
de China, no sólo en la ciudad de Wuhan y la provincia de Hubei, 
donde viven 60 millones, dan la impresión de un enorme campo de 
concentración a cielo abierto por la imposición de cuarentena a todos 
sus habitantes. 

Ciudades desiertas donde sólo transita el personal de seguridad y de 
salud. Se toma la temperatura a todas las personas a la entrada a los 
supermercados, centros comerciales y conjuntos residenciales. Si hay 
miembros de la familia en cuarentena, un sólo miembro tiene derecho a 
salir cada dos días para comprar víveres. 

En algunas ciudades quienes no usen máscaras pueden terminar en la 
cárcel. Se alienta la utilización de guantes desechadles y lápices para 
presionar los botones del ascensor. Las ciudades de China parecen 
lugares fantasmas, al punto que en Wuhan casi no encuentras personas 
en las calles. 

Es necesario insistir en que el miedo está circulando a mayor velocidad 
que el coronavirus y que en contra de lo que se hace creer, "el principal 
asesino en la historia de la humanidad fue y es la desnutrición", como 
destaca una imprescindible entrevista en el portal Comune-info 
(Cecconi, 2020). 


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Lo habitual en la historia ha sido poner en cuarentena a personas 
infectadas, pero nunca se ha aislado de este modo a millones de 
personas sanas. El médico y académico del Instituto de Salud Global de 
la University College London, Vageesh Jain, se pregunta: "¿Se justifica 
una respuesta tan drástica? ¿Qué pasa con los derechos de las personas 
sanas?". 

Según la QMS, cada infectado de coronavirus puede contagiar a dos 
más, mientras el enfermo de sarampión contagia de 12 a 18 personas. 
Por eso Jain asegura que más del 99,9% de los habitantes de la provincia 
de Hubei no están contagiados y que "la gran mayoría de la población 
atrapada en la región no se encuentra mal y es poco probable que se 
infecte". 

El boletín 142 del Laboratorio Europeo de Anticipación Política (LEAR) 
reflexiona: "China desencadenó un plan de acción de emergencia 
de magnitud sin precedentes después de sólo 40 muertes en una 
población de 1.400 millones de personas, sabiendo que la gripe mata 
a 3.000 personas en Erancia cada año". En 2019 la gripe mató a 40 mil 
personas en Estados Unidos (Centros para el Control y la Prevención de 
Enfermedades, 2020). El sarampión mata cien mil personas cada año y 
la influenza (gripe) medio millón en el mundo. 

El Laboratorio Europeo de Anticipación Política sostiene que estamos 
ante un nuevo modelo social de gestión de crisis, que cuenta con el visto 
bueno de Qccidente. Italia siguió ese camino al aislar diez ciudades con 
50 mil habitantes, cuando había sólo 1 6 personas con coronavirus. 

China ejerce un sofisticado control de la población, desde la video¬ 
vigilancia con 400 millones de cámaras en las calles hasta el sistema 
de puntos de "crédito social" que regula el comportamiento de los 
ciudadanos. Ahora el control se multiplica, incluyendo la vigilancia 
territorial con brigadas de vecinos "voluntarios" en cada barrio. 

Quisiera entrar en varias consideraciones, no desde el punto de vista 
sanitario sino del que deja el manejo de esta epidemia a los movimientos 
anti-sistémicos. 


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La primera, es que siendo China el futuro hegemón global, 
las prácticas del Estado hacia la población revelan el tipo de sociedad 
que las elites desean construir y proponen al mundo. Las formas de 
control que ejerce China, son sumamente útiles a las clases dominantes 
de todo el planeta para mantener a raya a los debajo, en períodos de 
hondas convulsiones económicas, sociales y políticas, de crisis terminal 
del capitalismo. 

La segunda, es que las elites están usando la epidemia como laboratorio 
de ingeniería social, con el objetivo de estrechar el cerco sobre la 
población con una doble malla, a escala macro y micro, combinando 
un control minucioso a escala local con otro general y extenso como la 
censura en internet y la video-vigilancia. 

Considero que estamos ante un ensayo que se aplicará en situaciones 
críticas, como desastres naturales, tsunamis y terremotos; pero sobre 
todo ante las grandes convulsiones sociales capaces de provocar crisis 
políticas devastadoras para los de arriba. En suma, ellos se preparan 
frente a eventuales desafíos a su dominación. 

La tercera, es que los pueblos aún no sabemos cómo vamos a enfrentar 
estos potentes mecanismos de control de grandes poblaciones, que 
se combinan con la militarización de las sociedades ante revueltas y 
levantamientos, como está sucediendo en Ecuador (Plan V, 2020). 


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3 


Pandemia y colapso civilizatorio 

Publicado en La Jornada, 10 de abril de 2020. 


En sus efectos y consecuencias, la pandemia es la gran guerra de 
nuestros días. Como sucedió con las dos conflagraciones del siglo 
XX o con la peste negra del siglo XIV, la pandemia es el cierre de un 
período de nuestra historia gue, resumiendo, podemos denominar 
como el de la civilización moderna, occidental y capitalista, gue 
abarca todo el planeta. 

La globalización neoliberal ha encarnado el cénit y el comienzo 
de la decadencia de esta civilización. Las pandemias, como las 
guerras, no suceden en cualguier período, sino en la fase terminal 
de lo gue el profesor de historia económica Stephen Davies (de la 
Universidad Metropolitana de Manchester) define como una ecúmene, 
una parte del mundo gue tiene "una economía integrada y una división 
del trabajo, unidas y producidas por el comercio y el intercambio" 
(Davies, 2020). 

Las pandemias se verifican, en su análisis, cuando un período de 
"creciente integración económica y comercial sobre gran parte de la 
superficie del planeta" llega a su fin. Son posibles por dos fenómenos 
complementarios: una elevado movimiento humano y un incremento 
de la urbanización, potenciadas por un modo de vida al gue llamamos 
globalización y por "la cría intensiva de ganado". 

En rigor, la pandemia acelera tendencias preexistentes. Son 
básicamente tres: la interrupción de la integración económica; 
debilitamiento político gue provoca crisis de las clases dominantes; 
y profundas mutaciones psicológicas y culturales. Las tres se están 
acelerando hasta desembocar en la desarticulación del sistema-mundo 
capitalista, en el gue está anclada nuestra civilización. 


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La primera se manifiesta en la interrupción de las cadenas de 
suministro de larga distancia, que conducen a la des-globalización 
y la multiplicación de emprendimientos locales y regionales. 

América Latina está en pésimas condiciones para encarar este 
desafío, toda vez que sus economías están completamente volcadas 
hacia el mercado global. Nuestros países compiten entre sí para 
colocar los mismos productos en los mismos mercados, al revés de 
lo que sucede en Europa, por ejemplo. La estrechez de los mercados 
internos juega en contra, mientras el poder del 1% tiende a dificultar 
la salida de este modelo neoliberal extractivo. 

En segundo lugar, las pandemias, dice Davies, suelen "debilitar 
la legitimidad de los Estados y de los gobiernos", mientras se 
multiplican las rebeliones populares. Las pandemias afectan sobre 
todo a las grandes ciudades, que conforman el núcleo del sistema, 
como es el caso de Nueva York y Milán. Las clases dominantes 
habitan las metrópolis y tienen una edad superior a la media, por lo que 
serán también afectadas por las epidemias, como puede observarse 
ahora. 

Pero las pandemias suelen, también, arrasar con buena parte 
de la riqueza de las elites. Al igual que las guerras, las grandes 
catástrofes "producen una gran reducción de la desigualdad". 
Así sucedió con la peste negra y con las guerras del siglo XX. 

El tercer punto de Davies, los cambios culturales y psicológicos, 
son tan evidentes que nadie debería ignorarlos: el activismo de las 
mujeres y de los pueblos originarios, con la tremenda crisis que han 
producido en el patriarcado y el colonialismo, son el aspecto central del 
colapso de nuestra civilización estadocéntrica. 

El líder kurdo Abdullah Ócalan, en el segundo volumen de la 
monumental obra de su defensa ante la Corte Europea de 
Derechos Humanos, contrapone la "civilización estatal" con 
la "civilización democrática", y concluye que ambas no pueden 
coexistir (Ócalan, 201 7). 


51 


Para Ócalan, el Estado "se formó en base a un sistema jerárquico 
sobre la domesticación de la mujer" (ídem: 451). Con el tiempo, el 
Estado se convirtió en el núcleo de la civilización estatal, existiendo 
una "estricta relación entre guerra, violencia, civilización. Estado y 
justicia-Derecho" (ídem: 453). 

Por el contrario, la civilización democrática se diferencia de la estatal, 
en que busca satisfacer al conjunto de la sociedad a través de la 
"gestión común de los asuntos comunes" (ídem: 455). Su base material 
y su genealogía deben buscarse en las formas sociales previas al 
Estado y en aquellas que, luego de su aparición, quedaron al margen del 
Estado. 

"Cuando las comunidades alcancen la capacidad de decidir y actuar 
sobre los asuntos que les conciernen, entonces se podrá hablar de 
sociedad democrática", escribe Ócalan. 

Ese tipo de sociedades ya existen. Conforman los modos de vida en 
los que podemos inspirarnos para construir las arcas que nos permitan 
sobrevivir en la tormenta sistémica, que ahora se presenta en forma 
de pandemia, pero que en el futuro se combinará con caos climático, 
guerras entre potencias y contra los pueblos. 

Conozco algunas sociedades democráticas, sobre todo en nuestro 
continente. La mayor y más desarrollada, cuenta ya con doce caracoles 
de resistencia y rebeldía donde construyen mundos nuevos. 


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4 


De la seguridad al coronavirus 

Publicado en Zur, 27 de abril de 2020. 


Los institutos de opinión pública uruguayos detectaron un cambio 
abrupto en la percepción de la población respecto a los problemas 
principales que enfrenta. Así, el diario La República titula en su edición 
del 23 abril "La salud desplazó a la inseguridad y ahora es la primera 
preocupación de los uruguayos" (La República, 2020). 

El instituto de opinión pública Equipos Consultores, asegura. "Nos 
llevamos una sorpresa porque hace años la principal preocupación era 
la inseguridad y ahora se desplomó". En su evaluación, la preocupación 
por la seguridad cayó del 58 al 5%, siendo desplazada por la salud y la 
economía, por ese orden. 

La serie histórica no deja lugar a dudas. Desde 2008 la seguridad y la 
delincuencia desplazaron a la desocupación como tema excluyante 
de los uruguayos. El año pasado, el 72% lo consideraron el problema 
principal en sus vidas. 

Son datos relevantes ya que la serie histórica recorre más de una 
década, desde 2007, atravesando casi todo el período de los gobiernos 
progresistas. La seguridad es el dato central que permite explicar los 
resultados electorales de octubre y noviembre, o sea la derrota del 
Erente Amplio y el triunfo de una coalición de derechas que llevó a Luis 
Lacalle a la presidencia, pese a no existir nada que se parezca a una 
crisis económica en Uruguay, a diferencia de otros países de la región. 

Aunque los datos son reales e indiscutibles, el enfoque me parece 
desacertado. La pandemia de coronavirus no desplaza a la seguridad 
como tema principal, porque se trata del mismo fenómeno social. 
El coronavirus es la expresión, en este período, de la preocupación 


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ciudadana por la inseguridad, excusa para la aplicación de las políticas 
de seguridad desplegadas en los últimos 20 años, no sólo en Uruguay 
sino en toda América Latina. 

Estamos ante una construcción política que está íntimamente ligada a lo 
que el filósofo Giorgio Agamben denomina como "estado de excepción", 
devenido en el "paradigma de gobierno" en el período actual (Agamben, 
2004). En su estudio sobre el origen el estado de excepción, se remonta 
al "estado de sitio" durante la revolución francesa, ligado a la guerra 
contra enemigos externos que enfrentaba la Asamblea Constituyente en 
1791. Posteriormente, a lo largo de los siglos XIX y XX, el estado de sitio 
se emancipa de la situación bélica que lo generó, "para ser usado como 
medida extraordinaria de policía frente a desórdenes y sediciones internas, 
deviniendo así de efectivo o militar en ficticio o político" (ídem: 29). 

Agamben insiste, mal que nos pese, en que fue la tradición 
democrático-revolucionaria y no la absolutista, la creadora del estado 
de excepción. Los "plenos poderes" que asume el Ejecutivo supone en 
los hechos un vacío de derecho. Lo sucedido durante las dos guerras 
mundiales del siglo XX, con el ascenso del nazismo en el seno de 
regímenes democráticos, llevó a Walter Benjamín a decir que "el estado 
de excepción...ha devenido la regla". 

Agamben registra que la ampliación de los poderes del Ejecutivo va 
mucho más allá de las conflagraciones bélicas, cuando todos los 
países en guerra aplicaron el estado de excepción. Bajo esa tendencia 
inexorable, "es la totalidad de la vida político-constitucional de las 
sociedades occidentales lo que comienza progresivamente a asumir 
una nueva forma, que quizá sólo hoy ha alcanzado su pleno desarrollo" 
(ídem: 43). 

¿Cuáles son los mecanismos que llevaron a que el estado de excepción 
se haya convertido en el paradigma de las democracias? La mutación 
principal, consiste en que "la declaración del estado de excepción 
está siendo progresivamente sustituida por una generalización sin 
precedentes del paradigma de la seguridad como técnica normal de 
gobierno" (ídem: 44). 


54 


El filósofo sostiene, en una reciente entrevista, que el control a través 
de videocámaras y teléfonos celulares, "excede, por mucho, cualquier 
forma de control utilizada bajo regímenes totalitarios como el fascismo 
o el nazismo" y que las medidas que limitan nuestra libertad "nunca se 
habían aplicado en la historia de nuestro país" (Agamben, 2020). 

Si aceptamos el confinamiento y la decisión unilateral de restringir 
libertades y de imponer formas de conducta como el distanciamiento 
social; si las mayorías las aplauden mientras condenan a quienes las 
transgreden, es porque la sociedad ha sido ablandada y modelada por 
décadas de políticas de seguridad. 

Porque nos hemos acostumbrado a que el poder decida, con la sola 
aprobación de "técnicos" y "especialistas", una gama cada vez más 
amplia de decisiones: quiénes son pobres y quiénes indigentes, quiénes 
pueden recibir ayudas y subvenciones, qué empresas están exentas 
del pago de impuestos y cuáles pueden vulnerar la soberanía nacional, 
y un largo etcétera. Hasta llegar a decidir en qué lugares debo usar 
tapabocas, cuántos pueden estar en un almacén y a qué distancia de 
otras personas debo sentarme. 

¿Quién decidió que la pandemia es una guerra que debe ser enfrentada 
con métodos y modos militares? Los gobiernos, sin el menor debate 
público, argumentando la urgencia, la salvación de la población, el bien 
público, y otros similares. Todo ello sin el menor debate en la sociedad. 
Porque la fruta de la militarización fue madurando durante décadas de 
gestión de la seguridad con políticas de control policial. 

El Estado/policía toma las decisiones y aplica las penas luego de 
marcar la falta, aunque en muchos casos el policía sea sustituido por 
un asistente social. La sociedad queda, de ese modo, desnuda ante 
el poder. Una desnudez, como dice Agamben, que es "una producción 
específica del poder y no un dato natural". 


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5 


Epidemia de neoliberalismo 

Publicado en La Jomada, 13 de marzo de 2020. 


Hace siglos pudimos aprender la importancia de los entornos sociales y 
naturales donde los virus se arraigan y multiplican, porque convivimos con 
ellos y no siempre nos amenazan. La peste negra debió enseñarnos que virus 
preexistentes se multiplican y dispersan cuando se crean las condiciones 
apropiadas. En nuestro caso, esas condiciones las creó el neoliberalismo. 

En "Plagas y pueblos" William McNeill destaca algunas cuestiones de 
actualidad, cuando analiza la peste negra que barrió Europa desde 1347. 
Los cristianos, a diferencia de los paganos, cuidaban a los enfermos, "se 
ayudaban entre sí en épocas de pestilencia" y de ese modo contenían los 
efectos de la peste (McNeill, 2016). La "saturación de seres humanos", 
sobrepoblación, fue clave en la expansión de la peste (McNeill, 2016: 21). 

La pobreza, una dieta poco variada y la no observación de las 
"supersticiones", costumbres locales de los pueblos, por la llegada de 
nuevos habitantes, convirtieron las pestes en desastres (p. 1 55). 

Braudel agrega que la peste, o "hidra de mil cabezas", constituye "una 
constante, una estructura de la vida de los hombres" (Braudel, 1984: 54). 
Sin embargo, qué poco hemos aprendido. 

La peste negra destruyó la sociedad feudal, por la aguda escasez de mano 
de obra a raíz de la muerte, en pocos años, de la mitad de la población 
europea y, también, por la pérdida de credibilidad de las instituciones. Este 
es el temor que ahora lleva a los estados a encerrar a millones. 

La epidemia de coronavirus en curso, tiene algunas particularidades. 
Me voy a centrar en las sociales, porque ignoro cuestiones científicas 
elementales. 


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La epidemia actual no tendría el impacto que tiene, si no fuera por tres 
largas décadas de neoliberalismo, que ha causado daños ambientales, 
sanitarios y sociales probablemente irreparables. 

Naciones Unidas a través del PNUMA, reconoce que la epidemia "es 
reflejo de la degradación ambiental" (Zandonai, 2020). El reporte señala 
que "las dolencias transmitidas de animales a seres humanos están 
creciendo y empeoran a medida que los hábitats salvajes son destruidos 
por la actividad humana", porque "los patógenos se difunden más rápido 
hacia rebaños y seres humanos". 

Para prevenir y acotar las zoonosis, es necesario atajar "las múltiples 
amenazas a los ecosistemas y la vida salvaje, entre ellas, la reducción 
y fragmentación de hábitats, el comercio ilegal, la contaminación 
y proliferación de especies invasores y, cada vez más, el cambio 
climático". 

Las temperaturas a comienzos de marzo (invierno) en algunas regiones 
de España están hasta 10 grados por encima de lo normal. Además, la 
evidencia científica vincula "la explosión de las enfermedades virales y 
la deforestación" (Aizen, 2020). 

La segunda cuestión que multiplica la epidemia son los fuertes 
recortes del sistema sanitario. En Italia, en los últimos diez años se 
perdieron 70 mil camas hospitalarias, se cerraron 359 departamentos 
y numerosos hospitales pequeños fueron abandonados (La Reppublica, 
2020). Entre 2009 y 2018 el gasto en salud creció 10%, frente al 
37% de la OCDE. En Italia hay 3,2 camas por cada mil habitantes. 
En Erancia 6 y en Alemania 8. 

Entre enero y febrero el sector sanitario español perdió 18.320 
trabajadores, en plena expansión del coronavirus (Publico 2020). Los 
sindicatos del sector denuncian "abuso de la contratación de interinos 
y la precariedad en el empleo", mientras las condiciones de trabajo son 
cada vez más duras. Esta política neoliberal hacia el sistema sanitario, 
es una de las causas por las que Italia ha puesto en cuarentena a todo 
el país y España sigue el mismo camino. 


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El tercer asunto es la epidemia de individualismo y de desigualdad, 
cultivadas por los grandes medios que se dedican a meter miedo, 
informando de forma sesgada. Durante más de un siglo, sufrimos 
una potente ofensiva del capital y de los estados contra los espacios 
populares de socialización, mientras se bendicen las catedrales del 
consumo, como los shoppings. 

El consumismo despolitiza, des-identifica e implica una "mutación 
antropológica" (como alertó Passolini). Hoy hay más personas que 
desean tener mascotas que hijos. Este es el mundo que hemos creado y 
del que somos responsables. 

Las medidas que se toman, a largo plazo, pueden agravar las epidemias. 
El Estado suspende la sociedad al aislar y confinar a la población en sus 
casas, prohibiendo incluso el contacto físico. 

La desigualdad es igual que en la edad media (hacia el 1500), cuando 
los ricos corrían a sus casas de campo cuando se anunciaba la peste, 
en tanto los pobres "se quedaban solos, prisioneros de la ciudad 
contaminada, donde el Estado los alimentaba, los aislaba, los bloqueaba, 
los vigilaba" (Braudel, 1084: 59). 

El modelo del panóptico carcelario digitalizado, que suspende las 
relaciones humanas, parece ser el objetivo estratégico del capital para 
no perder el control en la actual transición sistémica. 


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6 


La epidemia de coronavirus desnuda el 
desmantelamiento de la salud 

Publicado en Sputnik, 17 de marzo de 2020. 


El verdadero motivo de alarma, en Occidente por lo menos, es el 
desborde de los servicios sanitarios. La posibilidad de que mueran 
muchas personas por no tener acceso a hospitales abarrotados, 
se convertiría en una crisis política que los gobiernos buscan eludir 
con medidas draconianas de aislamiento forzado. 

Más que la gravedad de la pandemia de coronavirus, preocupa el 
elevado nivel de contagio en poco tiempo, que es la causa del desborde 
del sistema sanitario. Si se prolongara durante dos años, como prevén 
algunos expertos, pero no hubiera grandes picos de internación, la 
situación sería menos grave. 

En síntesis, el nudo del problema está en los sistemas de salud, que 
se han venido deteriorando como consecuencia de las políticas 
neoliberales de reducción de gastos sociales y privatización de servicios. 
Un somero repaso de las cifras de camas por habitante en diferentes 
países, pone al descubierto la crisis del sistema de salud. 

Los cambios se aceleraron a raíz de la crisis de 2008. En 2006, 
la Unión Europea tenía 574 camas cada 100 mil habitantes, pero 
en 2017 la cifra había caído a sólo 504 camas (Eorner, 2020). Una 
disminución del 1 2%. 

En la parte más alta de la gráfica, figura Alemania con 800 camas en 
2017, el único país europeo que cumple con las recomendaciones de la 
Organización Mundial de la Salud, de no menos de 800 camas cada 100 
mil habitantes. 


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Italia se sitúa en uno de los lugares más bajos de la tabla europea: en 
2006 tenía 399 camas cada 100 mil personas y en 2017 cayó a sólo 318 
camas, un descenso estrepitoso del 20%. Países mucho más pobres 
como Rumania y Polonia, incrementaron las camas por habitante de 
674 a 689 y de 647 a 662, respectivamente. 

Bulgaria gue tiene un PBI por habitante cuatro veces más bajo gue 
Italia, aumentó su disponibilidad de camas en más del 18% en el 
mismo período. Datos generales gue enseñan gue la salud no depende 
mecánicamente de la rigueza de un país, sino de gue sus autoridades la 
consideren un servicio o un negocio. 

En América Latina la disposición de camas muestra una situación 
aún peor. Cuba marcha a la cabeza con 520 camas cada 100 mil 
habitantes, seguida por Argentina con 500. A muchísima distancia 
le sigue Uruguay, con 280 camas, seguido por Brasil y Chile con 220. 
Una lista gue se cierra con Haití, Honduras, Venezuela y Nicaragua, con 
menos de cien camas. 

La privatización de los servicios es otro dato fundamental, ya gue 
aumenta la desigualdad en el acceso a la salud. En España la sanidad 
privada representa ya más del 30% del gasto sanitario, algo gue se 
traduce en mayor opacidad y menor transparencia, según la Eederación 
de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública (EADSP). 

Según la misma organización, Madrid es la región gue lidera 
los índices de privatización, así como el porcentaje de camas 
privadas sobre el total (27,7% en Madrid versus 5,1% en La Rioja). 
En la privada los datos enseñan una sobre utilización de estudios caros, 
como las pruebas diagnósticas de imagen. Un informe del sindicato 
UGT asegura gue "en los últimos cuatro años, el porcentaje de inversión 
en la privada multiplicaba por tres el de la pública" (Valdés, 2020). 

Una inversión de carácter especulativo, ya gue no impidió gue la 
crisis del coronavirus tenga su foco principal en la capital española, 
con el 44% de los contagios del país y el 72% de los muertos, 
al 17 de marzo. 


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Madrid destina elevadas sumas a la "atención especializada", cara y con 
resultados dudosos, mientras "destina muy poco a la Atención Primaria, 
que requiere de una inversión fuerte y urgente porque es el primer 
peldaño de la sanidad", según Marciano Sánchez Bayle, presidente de 
la FADSP. 

En Italia, en diez años se perdieron 70 mil camas hospitalarias, se 
cerraron 359 departamentos y numerosos hospitales pequeños fueron 
abandonados. Entre 2009 y 2018 el gasto en salud creció 10 por ciento, 
frente a 37 por ciento de la OCDE. 

Entre enero y febrero el sector sanitario español perdió 18.320 
trabajadores, en plena expansión del coronavirus. Además, los 
sindicatos del sector denuncian abuso de la contratación de interinos 
y la precariedad en el empleo, mientras las condiciones de trabajo son 
cada vez más duras. 

Podríamos establecer una geopolítica del desmantelamiento de la salud 
y de la crisis sanitaria. Uno de los epicentros sería Estados Unidos, 
según el sociólogo y urbanista Mike Davis. 

"La temporada de gripe de 2018, por ejemplo, superó a los hospitales de 
todo el país, mostrando la escandalosa escasez de camas hospitalarias 
después de 20 años de recortes de la capacidad de hospitalización en 
aras al beneficio". Davis destacada los cierres de clínicas privadas y 
la escasez de personal, impuestos por la lógica de mercado, que "han 
devastado los servicios sanitarios en las comunidades más pobres y 
zonas rurales, trasladando la carga a hospitales públicos infradotados 
y clínicas para veteranos" (Davis, 2020). 

Los servicios de urgencias están sobrecargados, por lo que asegura que 
su país se enfrenta a un "Katrina sanitario", en referencia al huracán que 
arrasó la ciudad de Nueva Orleáns en 2005. 

Davis nos recuerda que "nada menos que 380.000 pacientes de residencias 
de ancianos mueren cada año debido al incumplimiento por parte de 
estas entidades de los procedimientos básicos de control de infecciones". 


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Como sabemos, Estados Unidos es el país referente en la privatización 
de la salud. Davis denuncia que las grandes empresas farmacéuticas 
dejaron de invertir en el desarrollo de nuevos antibióticos y antivirales. 
"Los medicamentos para el corazón, los calmantes adictivos y los 
tratamientos de la impotencia masculina encabezan la lista de los 
más rentables, pero no los destinados a combatir las infecciones 
hospitalarias, las nuevas enfermedades y las tradicionales patologías 
tropicales". 

Por eso vaticina que "dentro de un año puede que admiremos 
retrospectivamente el éxito de China en la contención de la pandemia, 
pero que nos horroricemos ante el fracaso de Estados Unidos". 


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El coronavirus como tapadera de la crisis sistémica 

Publicado en Sputnik, 4 de marzo de 2020. 


Que una gripe fuerte sea capaz de hundir la economía mundial, no 
habla de la gravedad del virus sino de la fragilidad del modelo financiero 
neoliberal. Antes de gue se dispararan las alarmas por la epidemia 
de coronavirus, existían evidencias sobre la desaceleración de las 
principales economías, gue ahora parecen confirmarse al punto gue la 
inflexión de la FED al bajar los tipos, encendió todas las alarmas. 

El Baltic Dry Index es considerado como un termómetro de la salud 
de la economía global, porgue indica los rumbos en el corto plazo. Se 
trata de un índice de los fletes marítimos de carga a granel seca, gue 
se calcula diariamente. Su importancia radica en gue refleja la cantidad 
de contratos para el envío de mercancías en las rutas marítimas más 
importantes. 

Pues bien, este termómetro marcó a principios de setiembre de 1919 los 
2.580 puntos, el más elevado de los últimos diez años, sólo superado 
en 2010. Desde octubre el índice no para de caer, alcanzando niveles 
más bajos aún gue durante la crisis de 2008. A principios de diciembre 
estaba en 1.500 puntos, mil menos gue tres meses atrás. 

Lo más significativo es gue siguió cayendo de forma exponencial hasta 
los 400 puntos, nivel gue fue alcanzado en febrero de 2020. Cuando la 
epidemia de coronavirus aún no ocupaba los titulares de los medios, 
en los primeros días de enero, y aún no existía la preocupación de 
las semanas siguientes, derrapó hasta los 750 puntos el 8 de enero 
(Bloomberg, 2020). 

Si el Baltic Dry Index estaba en caída libre, de 2.580 a 750, esto no puede 
atribuirse al coronavirus sino a una crisis económica inminente, brutal y 


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depredadora. Una crisis cuyas manifestaciones ya eran evidentes antes 
de la epidemia. 

El FMI publicó sus previsiones en la 50^ reunión anual del Foro 
Económico de Davos, revisando su pronóstico de crecimiento para 2020 
a la baja. Sus principales conclusiones fueron que la economía mundial 
se encuentra en una situación "peligrosamente vulnerable". 

El clima que se respiraba antes de la difusión de la epidemia comparaba 
la coyuntura con la crisis de 2008, mientras la OCDE confiaba aún en un 
"aterrizaje suave" de la economía estadounidense. Las principales agencias 
temían que la combinación de "las tensiones geopolíticas, el malestar social, 
las tensiones comerciales y el desarrollo de turbulencias financieras de 
las economías", crearan una situación insostenible (Chowdhury, 2020). 

Lo que pretendo enfatizar es que la conjunción de guerra comercial, 
Brexit, deuda pública y privada y desigualdad crecientes, ya estaban 
causando estragos cuando apareció el coronavirus. Por lo tanto, la 
epidemia no es la causa de la crisis económica sino su catalizador. 

La ONU, por ejemplo, venía advirtiendo de la "profundización de la 
polarización política y un creciente escepticismo sobre el multilateralismo 
como riesgos significativos a la baja". 

En su informe sobre las perspectivas de la economía mundial para 2020, 
el analista Oscar Ugarteche enfatizaba, a fines de diciembre pasado, 
que "2019 ha sido uno de los más complicados en mucho tiempo para 
una serie de países visto desde varias aristas: crecimiento económico, 
cohesión social, integración internacional y crisis política" (Ugarteche y 
Ocampo, 2019). 

El economista agrega, a la lista de infortunios, "las protestas sociales de 
diversa índole en al menos dieciséis países alrededor del mundo", que 
repercuten en una caída de "la inversión privada tanto en el corto como 
en el mediano plazo". La desaceleración de Alemania y el estancamiento 
de la Unión Europea, se traducen en una disminución de los precios de las 
materias primas, según Ugarteche. 


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El punto central, empero, es otro: "Se anticipa para 2020 una mayor 
desaceleración, tal como esperábamos a inicios del 2019. La Reserva 
Federal en su última decisión de política monetaria del año ha optado 
por mantener la tasa de referencia de los bonos federales en el rango 
de 1.5 - 1.75% aunque el pronóstico es que cuando se intensifique la 
desaceleración económica, se harán recortes adicionales, llevando a 
una ronda de recortes en todo el mundo, el próximo año", escribía a fines 
de 2019. 

Esto explica que la bajada en los tipos no fue en absoluto "sorpresiva", 
como aseguró buena parte de la prensa económica. La Fed simplemente 
aprovechó el momento para tomar una decisión que resultaba inevitable, 
por el estado de cosas con que finalizó 2019. "Para las economías 
avanzadas el pronóstico es gris", concluye el economista. 

Los descalabros de las bolsas a comienzos de marzo y, de modo 
particular, la brusca oscilación hacia arriba y hacia abajo que se observa 
cada día, son consecuencia de que hemos entrado en un período de 
hondas incertidumbres, a las que ahora se suman los países asiáticos, 
con China a la cabeza, que este año puede tener la tasa de crecimiento 
más baja en décadas. 

La conclusión es que la economía global estaba ya ingresando en un 
momento de caída con fuerte tendencia a la recesión. Es importante 
destacar que no se trata de una crisis económica sino sistémica. Cuando 
Uqarteche menciona, por ejemplo, la importancia de las protestas sociales 
en muchos países de forma simultánea, está poniendo sobre el tablero 
una situación que excede con mucho el concepto de crisis económica. 

Quizá por eso, el segundo dato a retener de esta crisis, es el experimento 
de ingeniería social a gran escala, colocando en cuarentena a millones 
de personas sanas, algo inédito en la historia de la humanidad. 

El epidemiólogo brasileño Pedro Vasconcelos, que trabajó treinta años 
en el Instituto Evandro Chaqas y hoy preside la Sociedad Brasileña 
de Medicina Tropical, señala: "La humanidad usó la cuarentena para 
controlar la peste negra en la Edad Media, la fiebre amarilla cuando no 


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se conocían sus causas y la gripe española a inicios del siglo XX. Y nada 
más" (Rossi, 2020). 

Esa práctica había caído en desuso y ahora se utiliza no para aislar a 
los infectados sino para millones de personas sanas, inicialmente en 
China pero con tendencia a multiplicarlo a escala global. Estamos ante 
una tema fundamental, ya que en un período de crisis sistémica, las 
elites parecen empeñarse en mantener el control a toda costa, como se 
deduce de su actitud ante la epidemia de coronavirus. 


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El mundo pos pandemia 

Publicado en La Jomada, 27 de marzo de 2020. 


" El período comprendido entre 1990 y 2025/2050 será muy probablemente 
un período de poca paz, poca estabilidad y poca legitimación", escribía 
Immanuel Wallerstein 26 años atrás (Wallerstein, 2004). En períodos de 
turbulencia y confusión, conviene consultar brújulas. Él era una de las 
más notables y, además, era de los nuestros. 

En rigor, los grandes eventos globales como las guerras y las pandemias, no 
crean nuevas tendencias sino que profundizan y aceleran las ya existentes. 

Tres tendencias de fondo, que nacieron probablemente a raíz de la 
revolución de 1968, se están desplegando de modo formidable en estos 
momentos: la crisis del sistema-mundo, con la consiguiente transición 
hegemónica Occidente-Oriente; la militarización de las sociedades, ante 
la incapacidad de los Estados-nación de integrar y contener a las clases 
peligrosas; y las múltiples insurgencias de abajo, que son el aspecto 
central de este período. 

Ouienes piensan en la centralidad del conflicto entre estados, en la 
hegemonía y la geopolítica, pueden confiar en que la tendencia hacia 
el ascenso de Asia Pacífico, China en particular, y la decadencia de los 
Estados Unidos, se están acelerando durante la pandemia. 

El Pentágono y otras agencias harán todo lo posible por enlentecer ese 
proceso, ya que no pueden revertirlo, con las más diversas medidas, 
incluyendo una no descartadle confrontación nuclear, que creen poder ganar. 
Ni siquiera algo tan siniestro, puede modificar las tendencias de fondo. 

Ouienes nos empeñamos en la lucha contra el patriarcado, el 
colonialismo y el capitalismo, no podemos confiar en los estados 


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que están militarizando rápidamente nuestras sociedades. Quiero 
centrarme en cómo nos afecta a los pueblos/sociedades en movimiento 
la situación actual. 

En primer lugar, se acelera la crisis civilizatoria, que se superpone 
a la crisis del sistema-mundo. No estamos ante una crisis más sino 
ante el comienzo de un "proceso largo" de caos sistémico, atravesado 
de guerras y pandemias, que durará varias décadas hasta que se 
estabilice un nuevo orden. 

Este período que, insisto, no es una coyuntura ni una crisis tradicional 
sino algo completamente diferente, puede ser definido como "colapso", 
siempre que no entendamos por ello un evento puntual sino un período 
más o menos prolongado. 

Durante este colapso o caos, se produce una fuerte competencia entre 
estados y capitales, un potente conflicto entre clases y pueblos con 
esos poderes, en medio de una creciente crisis climática y sanitaria. 

Por colapso entiendo (siguiendo a Ramón Eernández y Luis González), 
la disminución drástica de la complejidad política, económica 
y social de una estructura social. Los sistemas complejos pierden 
resiliencia a medida que aumentan su complejidad para responder los 
desafíos que enfrentan. "Las sociedades basadas en la dominación 
tienden a aumentar su complejidad como respuesta a los desafíos que 
van encarando" (Eernández y González, 2014, t. I: 26). 

Por ejemplo: derrochan energía, se vuelven más jerárquicas y rígidas, 
y no pueden evolucionar. En concreto: la gran ciudad es mucho más 
vulnerable que una comunidad rural. Ésta es autosuficiente, usa la 
energía que necesita, no contamina, es poco jerárquica y, por lo tanto, es 
más eficiente. Aquella no tiene salida, salvo el colapso. 

En segundo lugar, durante este largo proceso de colapso, más parecido 
a una piedra rodando por una pendiente que cayendo a un precipicio, 
habrá enorme destrucción material y, lamentablemente, de vidas 
humanas y no humanas. Es la condición para pasar de "lo complejo. 


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grande, rápido y centralizado, a lo sencillo, lento, pequeño y 
descentralizado" (Fernánez y González, 2014, t. II: 337). 

En lo que nos atañe como pueblos y clases, es un proceso de barbarie, 
que implica la canibalización de las relaciones sociales y con la 
naturaleza. Sobrevivir como pueblos, será tan arduo como lo fue para 
los originarios la invasión colonial española. Un cataclismo al que 
llamaron "pachakutik". 

La tercera cuestión, es cómo actuar como movimientos anti- 
sistémicos. Lo básico es comprender que vivimos en el interior de un 
campo de concentración, algo evidente en estos días de confinamiento 
obligatorio. ¿Cómo se resiste y se cambia el mundo dentro de un 
campo? 

Organizamos, es lo primero. Luego, hacerlo con discreción, que no se 
enteren los guardias (de derecha o de izquierda) porque es condición de 
sobrevivencia. 

Lo que sigue: trabajar en colectivo (minqa/tequio), comunitariamente, 
para garantizar la autonomía de alimentos, agua, salud; en una palabra: 
reproducción de la vida. Decidir en colectivo, en asamblea. 

Podemos hacerlo. Lo hacen a diario los pueblos originarios en 
movimiento: zapatistas, mapuche, nasa/misak, entre otros. Lo hacen 
incluso los compás de la Comunidad Acapatizingo en Iztapalapa 
(CDMX), en la panza del monstruo. 

Podemos construir arcas. Ejemplos no nos faltan. 


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Geopolítica y luchas sociales en tiempos 
de coronavirus 

Publicado en Gara, 1 de marzo de 2020. 


Pasados dos meses desde la difusión del brote de coronavirus en la 
provincia china de Hubei, podemos considerar que la epidemia está 
siendo manejada como arma de guerra contra China, por un lado, y 
contra los pueblos del mundo, sometidos a un impresionante bombardeo 
mediático con sectores de la población confinados en una suerte de 
estado de excepción, por el simple hecho de padecer una gripe fuerte. 

Con esto no pretendo eludir la gravedad del virus, sino evaluar las 
medidas que están tomando los gobiernos, incluido el de China. Lo 
que me parece absurdo es que, durante más de un mes, todos los 
titulares de los mayores medios del mundo, están focalizados en el 
coronavirus, del cual sabemos cómo se expande pero ignoramos 
las consecuencias que puede tener, que se sobredimensionan. 

En primer lugar, millones de personas están siendo sometidas a un 
estado de excepción aunque estén sanas. En la ciudad de Wuhan, capital 
de Hubei y epicentro de la epidemia, "la ciudad está desierta, sólo los 
profesionales de la seguridad y la salud circulan por las calles", según 
informan extranjeros que viven allí (Barifouse, 2020). 

La tasa de letalidad del virus es de apenas el 2,4% de los infectados, muy 
por debajo del 10% que tuvo el síndrome respiratorio Sars en 2003 y del 
35% del Mers (síndrome respiratorio de Oriente Medio) en 2012. 

La segunda cuestión es que con la aparición del coronavirus, se repite 
una vieja historia colonial e imperialista del siglo XIX, cuando Inglaterra 
ayudada por Erancia, desató las guerra del opio (1839 a 1842 y 1856 a 


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1860) para forzar a China a aceptar el contrabando británico de opio, 
que llevó a la apertura de sus puertos y la anexión de Hong Kong. Ahora 
aquel pasado retorna en ancas del racismo. 

Las declaraciones del secretario de Comercio, Wilbur Ross, quien 
dijo que el virus podría ayudar a "llevar de vuelta puestos de trabajo" 
a Estados Unidos, muestran la catadura moral de los inquilinos de la 
Casa Blanca. Washington fue el primero en evacuar al personal de su 
consulado en Wuhan, mostrando el camino a sus aliados y ofreciendo 
un patrón de respuesta para otros países. 

Me parece evidente que la epidemia pone al descubierto insuficiencias 
en los controles sanitarios de China, quizá agravados por la veloz 
urbanización, que al parecer está afectando la seguridad alimentaria 
de una nación con 1.300 millones de habitantes. La segunda potencia 
económica del planeta enseña fragilidades que creíamos había 
superado. 

Nadie pone en duda la capacidad de China de recuperarse de los 
inevitables daños que apareja la epidemia. Lo nuevo, es el esfuerzo de 
los gobiernos enemigos de Beijing para que la epidemia se convierta en 
crisis del régimen. Algo que no han conseguido ni con la crisis en Hong 
Kong, ni con la guerra comercial en curso, puede suceder ahora ya que 
la epidemia sería "el mayor desafío para el presidente X¡ Jinping desde 
que asumió el poder en 201 2", según el Observatorio de la Política China 
(Ríos, 2020). 

Asistimos, sin duda, a un creciente desacople entre Estados Unidos y China, 
que puede traducirse en una deterioro de los lazos entre Asia y Occidente. 

La tercera cuestión es el diferente tratamiento de las epidemias. En 
Brasil el sarampión había sido eliminado, siendo uno de los virus más 
contagiosos, pero retornó en 2018 y creció en 2019 con 19.000 casos, 
sobre todo en el desarrollado estado de Sao Paulo. 

En ese país el dengue mató a 786 personas en Brasil, una cifra superior 
a los muertos en China, en relación a la población de ambos países. 


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siete veces superior al país el asiático. Más grave aún, porque los casos 
de dengue se multiplicaron por siete y las muertes se cuadruplicaron 
de un año a otro. Con tres millones de infectados en la región, la 
epidemia de dengue es la mayor en la historia para la Organización 
Panamericana de la Salud (Organización Panamericana de la Salud, 
2020 ). 

Aunque el nivel de letalidad de estas afecciones es menor que el 
coronavirus, llama la atención el diferente tratamiento mediático y 
estatal que tienen las epidemias, según el país del que se trate. 

La cuarta cuestión tal vez sea la fundamental. ¿En qué mundo estamos? 
Fuera de dudas, en un mundo en guerra. Por ahora comercial y 
tecnológica, sin olvidar que estamos a un paso de una guerra real, entre 
naciones poderosas que cuentan con arsenales nucleares. 

Las decisiones que están tomando las grandes potencias y los 
países poderosos, debe inducirnos a pensar que la epidemia está 
siendo utilizada como un laboratorio de ingeniería social, poniendo 
a prueba la resiliencia de poblaciones sometidas a una feroz 
campaña de miedo. 

Todo indica que estamos ante varias transiciones simultáneas. La 
decadencia de Estados Unidos y de Occidente frente al ascenso de 
China y de Asia, habrá de modificar a fondo la geopolítica global, como 
no sucedía desde hace siglos. A lo que hay que sumar el creciente 
empoderamiento de los pueblos, las mujeres, los trabajadores y las 
naciones sin Estado. Ambos factores, crisis sistémica en un período de 
crecimiento de los sectores populares, son temidos por las elites del 
mundo, no sólo en Occidente. 

Es posible que en unos años, podamos visualizar lo que estos meses 
las clases dominantes parecen tentadas a utilizar la pandemia para 
controlar un mundo que se les escapa de las manos. En otros períodos 
las clases dominantes desataron guerras de exterminio, locales o 
mundiales. Ahora parecen estar creando otros modos de control y 
sometimiento de los pueblos. 


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SEGUNDA PARTE 

Los pueblos en movimiento son la luz 
al final del túnel 

Raúl Zibechi 


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El pesimismo de Agamben y América Latina 

Publicado en Gara, 3 de mayo de 2020. 


El filósofo italiano Giorgio Agamben es probablemente el analista 
gue con mayor profundidad está exponiendo los mecanismos de 
dominación actuales, exacerbados durante la pandemia. Ha definido la 
forma de gobernarnos como un "estado de excepción permanente", a 
lo que añade que "el campo de concentración y no la ciudad es hoy el 
paradigma político de Occidente" (Agamben, 1998: 230). 

Llega más lejos aún cuando sostiene que "desde los campos de 
concentración no hay retorno posible a la política clásica" (ídem: 238), 
entre otras razones, porque el poder ha arrebatado los rasgos que 
diferenciaban al cuerpo biológico del cuerpo político. Algo que está 
resultando evidente durante el confinamiento global decretado por los 
poderosos, al reducirnos a cuerpos incapaces de hacer política, actividad 
que requiere del espacio público y del contacto humano. 

Acuñó el concepto de "nuda vida" (vida desnuda, sin atributos) para 
analizar cómo el poder nos trasmuta de ciudadanos en "comatosos": 


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seres en coma que no hacen otra cosa que respirar, son alimentados, 
están "como si" vivieran, zombies como el "musulmán" en la jerga 
del campo de Auschwitz, nombre con el que los confinados se 
referían a aquellos que habían perdido la esperanza y se entregaban 
inertes a su destino, sin la menor resistencia (Agamben, 2000). 

Encuentro el análisis de Agamben muy pertinente para describir una 
situación en la que toda resistencia parece, casi, imposible. Resulta, sin 
embargo, tan lúcido como demoledor. 

En la entrevista que abre la edición argentina de "Estado de excepción", 
Agamben es consultado si "ante la expansión totalitaria a escala 
global", se puede apostar por la negatividad, el silencio y el éxodo. Su 
respuesta lo lleva a indagar en la historia europea, como no puede ser 
de otro modo, en particular en la relación entre el monaquismo (la vida 
en monasterios) y el imperio romano, y sus formas de resistencia a los 
poderes establecidos. 

"El éxodo del monaquismo se fundaba de hecho sobre una radical 
heterogeneidad de la forma de vida cristiana", razona Agamben, para 
rematar: "Hoy el problema es que una forma de vida verdaderamente 
heterogénea no existe, al menos en los países de capitalismo avanzado" 
(Agamben, 2004: 20). De este modo, cierra el círculo de su pesimismo, 
al sostener que no hay modo de frenar ni revertir el moderno 
totalitarismo en sociedades homogéneas. 

En América Latina, luego volveré sobre Europa, las resistencias que asombran 
al mundo y nos llenan de esperanza, surgen y se sostienen, precisamente, 
en las formas de vida heterogéneas. En las hendiduras que los pueblos 
han abierto en la dominación, en esas rugosidades creadas por las 
resistencias durante cinco siglos (de los pueblos originarios y negros, de 
los campesinos y los pobres urbanos); fisuras dilatadas por las nuevas 
resistencias (protagonizadas por los feminismos y las rebeldías juveniles). 

El sociólogo peruano Aníbal Quijano, consideró que uno de los rasgos 
distintivos de América Latina es la "heterogeneidad histérico-estructural 
de las relaciones capital-trabajo" (Quijano, 2014). Entiende que existen 


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cinco formas de trabajo articuladas al capital: el salario, la esclavitud, 
la servidumbre personal, la reciprocidad y la pequeña producción 
mercantil, denominada "informalidad" por el Estado y "economía popular 
y solidaria" por quienes lo resistimos. 

Los pueblos, sectores sociales, clases y géneros que hoy resisten 
y crean mundos nuevos, están enraizados en territorios diversos y 
heterogéneos respecto a los espacios homogéneos del agronegocio 
y la especulación inmobiliaria. No son pocos, ni marginales, ni 
secundarios. 

Pongamos el caso de Brasil. Las tierras de los pueblos originarios 
suman 110 millones de hectáreas, a las que se deben sumar otros 100 
millones de las unidades territoriales de conservación, bajo control 
de poblaciones tradicionales (recolectores de látex, pescadores, 
ribereños, quebradoras de coco, comunidades de pastoreo, entre otras). 
Además de 88 millones de hectáreas de asentamientos de reforma 
agraria, 40 millones propiedad de quilombos reconocidos por el Estado 
y 71 millones de hectáreas de pequeños establecimientos campesinos 
(con menos de 100 hectáreas). 

En base a estos datos, el informe 2018 del Instituto para el Desarrollo 
Rural de Sudamérica, asegura que el 40% del territorio brasileño 
"es usado de forma directa por grupos que escapan al control de las 
oligarquías latifundistas" (IPDRS, 2019: 115-11 6). 

En las ciudades estos espacios en disputa son menores, pero en 
absoluto inexistentes como lo mostró el campamento del Movimiento 
Sin Techo, "Povo Sem Medo": 8 mil familias acampadas siete meses, 
en plena ciudad, hasta conseguir tierra para construir viviendas (Eernandes, 
2018). 

Las resistencias que se visibilizan durante la pandemia se asientan 
en comunidades y mercados, en prácticas de trueque y rituales de 
armonización, en trabajos colectivos que multiplican alimentos y 
cuidados en torno a fogones y ollas populares. Mundos trenzados 
por valores de uso, en base a relaciones que mantienen a raya la 


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acumulación y el despojo. Prácticas que engendran mundos nuevos 
que, a su vez, resisten creando. 

Desde la crisis de 2008, en Italia, Grecia y el Estado Español se multiplican 
huertas y espacios colectivos, haciendas y fábricas recuperadas, y 
hasta barrios enteros como Errekaleor en Vitoria. Inmigrantes, pobres 
urbanos y personas desechadas por el capital por "improductivas", 
enseñan que el viejo continente ya no es un mundo homogéneo, 
aplastado por la racionalidad capitalista. 

La crisis de ayer y el colapso de hoy, nos permiten acercar y enhebrar 
las formas de vida que no caben en sus negocios ni en sus urnas. Si la 
humanidad emerge de este colapso conservando rasgos humanos no 
antropocéntricos, será en buena medida por las formas de vida alternas 
que los pueblos han sabido conservar y reproducir, como fuegos 
sagrados, en sus territorios de vida. 


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n 


Autonomías para enfrentar las pandemias 

Publicado en La Jomada, 24 de abril de 2020. 


Cuando el Estado es poco más que un miserable espectro genocida, los 
recursos de los pueblos son el único relevo posible para combatirguerras 
y enfermedades, cuyos efectos no tienen, casi, la menor diferencia. 
Es cierto que las guerras destruyen, además de personas, edificios e 
infraestructuras, mientras las epidemias afectan, primordialmente, a los 
seres humanos. 

En el norte y el este de Siria, después de una larga década de guerra 
azuzada por los principales Estados del planeta y de la región, los más 
armados y los menos razonables, capaces incluso de haber creado y 
alimentado ese monstruo llamado Estado Islámico (ISIS), los pueblos 
organizados están resistiendo ahora la pandemia de coronavirus. 

Lo más notable, según las noticias que nos llegan, es que combaten el 
virus con las mismas armas que utilizaron durante la guerra: la cohesión 
comunitaria, la organización de base y la determinación, como pueblos, 
de hacer frente colectivamente a los mayores obstáculos. Así es la vida 
en los territorios donde el pueblo kurdo hace de la autonomía su seña 
de identidad. 

Un ventilador cada cien mil habitantes, son los recursos técnicos con los 
que cuenta la región, según el Centro de Información de Rojava. Buena 
parte del instrumental sanitario fue destruido por los últimos ataques de 
Turquía a las regiones autónomas kurdas. 

Las cooperativas textiles y agrícolas son las encargadas de producir 
mascarillas para protección y los alimentos necesarios. Las comunas 
decidieron un toque de queda desde el 23 de marzo, sometiendo a los 
viajeros que llegan a la zona a una cuarentena preventiva, mientras las 


77 


estructuras económicas y políticas de la autonomía, las mismas que 
han permitido la sobrevivencia durante una década de guerra civil en 
Siria, son las que garantizan la vida de la población. 

"Las cooperativas están más en sintonía con las necesidades de las 
comunidades en las que viven sus miembros y, por lo tanto, tienen más 
probabilidades de tomar decisiones basadas en la necesidad que en las 
ganancias", señala un reporte de "Kurdistán América Latina" (Kurdistán 
América Latina, 2020). 

Las comunas, que son la unidad básica en las que está organizada la 
población,garantizanelcumplimientodeltoquedequeday la distribución 
de alimentos, gracias al "conocimiento local y la pequeña escala de 
estas estructuras". Elaboran listas con las familias que tienen mayores 
necesidades de alimentos, productos de limpieza y medicinas y van de 
familia en familia distribuyendo la ayuda, para evitar aglomeraciones. 

Una forma de organización que facilita la protección de las familias, ya 
que "los miembros de la comuna no necesitan viajar más allá de sus 
vecindarios para distribuir ayuda, disminuyendo el número de personas 
que viajan de ciudad en ciudad". 

Este orden comunitario y autónomo se mantiene en una región poblada 
por cuatro millones de personas, incluyendo alrededor de un millón de 
refugiados que viven en tiendas de campaña por la agresión turca. A pesar 
de la estricta organización, del trabajo de las cooperativas y comunas y 
de la solidaridad internacional, los hospitales y centros de salud tienen 
capacidad para atender sólo 460 casos activos de coronavirus. 

Un informe del Comité de Solidaridad con Kurdistán de Ciudad de México, 
destaca que los Estados y las organizaciones internacionales, como 
Naciones Unidas y la CMS, están actuando de forma irresponsable ante 
los continuos bombardeos de Turquía sobre las aldeas de Rojava, que 
provocan cortes de agua y agravan la situación sanitaria. 

Ante esta situación sólo vale la "auto-organización comunal, ecológica 
y pacífica" de los pueblos en el marco de la Administración Autónoma 


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del Norte y Este de Siria, inspirada en el confederalismo democrático 
teorizado por Abdullah Ócalan, líder kurdo prisionero en la isla turca de 
Imrali. 

En sintonía con la experiencia zapatista y de otros pueblos 
latinoamericanos, sigue el Comité de Solidaridad, defienden "una salud 
comunitaria basada antes que nada sobre la autonomía, la prevención 
social y la educación más allá de las medidas estatales represivas y 
centralizadoras". 

"Volver a la tierra y a la naturaleza", es uno de los lemas del pueblo 
kurdo, que busca enfrentar ésta y futuras pandemias repoblando aldeas 
rurales, reforestando, con cultivos diversificados en base al trabajo 
comunitario. 

Las palabras autodefensa, autonomía y salud comunitaria, resuenan 
estos días aciagos desde Rojava hasta Chiapas, pasando por Lima, 
donde cientos de andinos retornan a sus pueblos en la sierra, bajo el lema 
"Aquí termina Lima", en una magnífica descripción de Rodrigo Montoya 
(Montoya, 2020). Lejos de la modernidad urbana individualista, quieren 
rehacer su vida en comunidades, tejidas en base a la reciprocidad y la 
ayuda mutua. 

El futuro de la humanidad se juega en estos espacios y territorios de los 
abajos, ya que resistir la pandemia supone poner en juego los mismos 
recursos con los que resisten al Estado y al capital. 


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La infinita solidaridad entre los de abajo 

Publicado en Gara, 18 de marzo de 2020. 


Huelgas obreras, solidaridad popular en los barrios y cacerolazos, son 
algunas de las manifestaciones del pueblo italiano contra el modo como 
el gobierno impuso la cuarenta a todo un país, gue los grandes medios 
silencian y ocultan para seguir inoculando miedo y subordinación. 

El diario de izguierda // Manifestó informa en su edición del viernes 13: 
"El mundo obrero ha vuelto a hablar con una sola voz. Es la incredulidad 
y la rabia de los gue piden ser tratados como todos los demás 
trabajadores. Una rabia, obrera, por la decisión del gobierno de no 
detener la producción en las fábricas gue se ha materializado apenas se 
abrieron las puertas: huelgas espontáneas, asambleas, el cese temporal 
de la producción", señala el diario II Manifestó, en su edición del 13 de 
marzo. 

Huelgas en Milán, Mantua, Eresela, Terni, Marghera, Génova, en grandes 
empresas como Electrolux, Iveco, Tenaris, Beretta y el Grupo Arcelor 
Mittal entre otras. Un crecimiento de la desobediencia obrera gue obligó 
al presidente Conde a convocar una videoconferencia con los sindicatos 
y llevó al presidente de la Confindustria a decir gue las huelgas son 
"irresponsables". 

No son huelgas por el salario sino por la dignidad, porgue los obreros 
de la industria guieren ser tratados como los demás trabajadores. 
Demandan parar la producción para "higienizar, asegurar y reorganizar 
los lugares de trabajo", como exigieron los sindicatos metalúrgicos. 

Los obreros del metal de la fábrica Bitron Cormano cerca de Milán, 
declararon a la Radio Popoiare gue trabajar en esas condiciones es 
muy duro. "En febrero pedimos guantes, máscaras y antisépticos y 


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no hicieron nada, por eso fuimos a ia hueiga". Agregan: "Es muy duro 
trabajar así. Nos miramos como si fuésemos extraños". 

En estos días tremendos de soiedad y miedo, fomentados por ios 
grandes medios de forma histérica pero caicuiada, nos sobre-informan 
sobre ios riesgos de saiir de casa, de reiacionarse con otros, sobre cómo 
avanza ia pandemia, y todos aqueiios datos que nos paraiizan. 

Hay mucho más, que merece ser destacado. Los obreros de ia fabrica 
recuperada Rimafiow en Miián, iibraron un comunicado: "Creemos 
que una reducción reai de ios riesgos no puede recaer en ios sectores 
más frágiies y económicamente precarios. Para contener reaimente 
ia epidemia, ninguna persona debe verse obiigada a ir a trabajar, 
todos deben tener acceso a un ingreso de cuarentena y ia 
posibiiidad de recibir servicios, tratamientos y necesidades básicas en 
ei hogar". 

Luego dicen que en esta situación tan difícii, "queremos seguir 
construyendo iazos de soiidaridad", y ofrecen sus servicios a quienes io 
necesiten para cuidar niños, comprar aiimentos y iievarios a ias casas de 
quienes io pidan, aportando sus teiéfonos y disponiéndose a cuaiquier 
consuita iegai y sindicai. 

Lo que sucede en ios barrios, donde existen más de mii centros sociaies, 
merece mención aparte. Los jugadores e hinchas dei ciub de "futboi 
popuiar" Borgata Gordiani, de ia periferia obrera de Roma, se han puesto 
a disposición de "ios ancianos y cuaiquier persona que se encuentre en 
dificuitades", difunde ia página Pigneto Today. 

Coigaron voiantes en ias puertas de ios edificios ofreciendo, 
soiidariamente, hacer ias compras y iievarias ios martes y jueves a ias 
famiiias. En ese barrio donde Passoiini rodó aiguna de sus peiícuias, 
decenas de personas están dispuestas a trabajar para ios demás, 
como sucede también en ei centro sociai dei barrio, y de muchos otros 
de ias ciudades itaiianas. Esos ancianos que están siendo 
abandonados por ei Estado y ios empresarios, son atendidos por ia 
soiidaridad de ciase. 


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En varias ciudades, particularmente en Ñápeles, decenas de familias 
realizaron cacerolazos en sus balcones. Para el viernes 13 se convocó 
un cacelorazo nacional. "Abrimos las ventanas, salimos al balcón y 
hacemos ruido", dice la convocatoria que espera convertirse en "un 
concierto gratuito gigante" (Baraonda News, 2020). 

Los grandes medios que se empeñan en meter miedo, ocultan la 
inmensa solidaridad entre los abajos. Seguramente porque le temen, 
porque allí anida otro mundo. Una prueba de ello, es que pese a las 
restricciones, siguen adelante con las mayores maniobras militares de la 
OTAN desde el fin de la segunda guerra mundial. 

Se trata de las maniobras "Defender Europa 2020", planeadas antes de 
la epidemia pero que no han sido aplazadas. "Muchos han interpretado 
el despliegue de 30.000 soldados en Europa, de los cuales 20.000 
estadounidenses (el mayor despliegue de tropas estadounidenses en 
Europa a finales de la Guerra Ería) para una serie de ejercicios militares, 
como el preludio de algo más grande" (Di Muro, 2020). 

Según las declaraciones oficiales, las maniobras están destinadas 
a proteger al continente de una "invasión rusa". Sin embargo, 
llama la atención el amplio despliegue militar de la OTAN en 
carreteras y ciudades, mientras la población debe estar confinada en 
sus casas. 

De la descripción anterior, necesariamente recortada, surgen algunos 
elementos que quiero compartir. 

El primero es la solidaridad de clase, de los diversos abajos, porque en 
ese ser solidario hay varias generaciones que en la vida cotidiana no se 
relacionan, jóvenes y ancianos, por ejemplo. Pero también hay migrantes, 
mujeres, negros, gais, musulmanes, y la enorme diversidad del mundo 
de abajo. Es la única esperanza que tenemos en este momento de locura 
de la humanidad. 

La segunda es la racionalidad egoísta de los de arriba, de esos 
empresarios que no gastan en proteger a los obreros porque quieren 


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seguir acumulando riquezas. Los hacen trabajar, lo que ya es discutible 
cuando hay cuarentena, pero además no les dan los mínimos elementos 
de protección. 

La tercera, la más temible, es la militarización en marcha. Policías 
y militares son los encargados de vigilarnos, cada vez de forma más 
sofisticada, con millones de cámaras y ahora también con aplicaciones 
que nos siguen a todas partes, como en China, donde la identificación 
facial hace imposible saltarse las normas más absurdas. 

Si hubiera que agregar algo más, diría: sólo la solidaridad de clase, de 
género, de color de piel, puede dar forma a ese gigantesco paraguas 
multicolor que salve la vida en el planeta. 


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Los movimientos en la pandemia 

Publicado en Desinformemonos, 2 de abril de 2020. 


"Hay tiempos de luchar, hay tiempos de paz y de guerra, hay tiempos de 
epidemias", explica Dilei en una comunicación por wasap. La militante 
del Movimiento Sin Tierra (MST) del estado de Paraíba, nordeste de 
Brasil, explica cómo están enfrentado la situación. En los campamentos 
y asentamientos decidieron que las personas no salgan ni entren, que no 
vayan a las ciudades y que se concentren en la salud y en la producción 
de alimentos. 

"La población va a necesitar mucha comida en los próximos tiempos", 
asegura Dilei, por lo que el MST propondrá a los gobiernos que compren 
parte de su producción para abastecer hospitales y otras urgencias. En 
Pernambuco y en Maranhao, el MST reparte alimentos a la población que 
vive en la calle y en varios estados ofrece sus espacios como hospitales 
de campaña. 

Los movimientos de carácter rural, indígenas y campesinos, optaron 
por bloquear el ingreso de personas, ya que necesitan aislamiento para 
frenar los contagios. 

Las organizaciones que forman parte de la CONAIE (Confederación 
de Nacionalidades Indígenas del Ecuador) decidieron el cierre de las 
comunidades y la activación de las guardias indígenas, la suspensión 
de las ferias y la elaboración de protocolos para enfrentar la pandemia. 
El autoaislamiento es un derecho de las 14 nacionalidades y 18 pueblos 
indígenas del Ecuador, como se reconoce en la Constitución y como 
están haciendo las comunidades. 

En el sur de Colombia, los cabildos que integran el Consejo Regional 
Indígena del Cauca (CRIC), tomaron medidas similares. El 27 de marzo 


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del 2020, cabildos indígenas emitieron resoluciones por la que se 
restringe el paso a la población civil que venga de otros sectores, para 
"mantener la armonía física, mental y espiritual, previniendo la llegada y 
propagación de la pandemia covid -19". 

En general, los pueblos originarios no necesitan de la policía para 
mantener el orden, ya que cuentan con sus guardias comunitarias. 

Se trata de un camino similar al que anunció el EZLN al cerrar los 
caracoles el 1 6 de marzo. En un comunicado que declara la "alerta roja", 
llama a los cuidados sanitarios colectivos y pide "no perder el contacto 
humano" sino cambiar sus formas. 

En la zonas rurales de nuestra América Latina, campesinos y pueblos 
originarios y negros que tienen control territorial, pueden tomar la opción 
de cerrar sus espacios, sabiendo que tienen las condiciones para vivir 
durante cierto tiempo de la producción propia de alimentos, en algunos 
casos orgánicos, como están haciendo los zapatistas. 

El gran desafío para los movimientos, es la ciudad, donde se conjugan 
las diferencias de clase y el Estado está muy presente. No es lo 
mismo el encierro para las clases medias, en viviendas cómodas y 
acondicionadas para las cuatro estaciones, que en las casas precarias 
de los barrios populares, donde las familias viven hacinadas, con frío 
o calor extremos, sin saneamiento y con pocos alimentos. Las clases 
medias tienen un computador por persona; entre los más pobres, puede 
haber uno o ninguno. 

En Montevideo se han formado decenas de ollas populares en los 
barrios, entre 70 y cien, con aportes de los sindicatos y los vecinos. 
Algunos sindicatos llevan bandejas con comida y bolsas a los barrios, 
mientras otros buscan la instalación de ollas autogestionadas, de las 
cuales existen un puñado. 

Pablo Elizalde, del sindicato de judiciales, ensaya una reflexión lúcida, 
fruto de su vivencia estos días en los barrios más pobres: "Las 
políticas sociales provocaron la pérdida de los referentes barriales 


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y ahora el único referente es la institución". Pero la institución es 
fría, distante, sólo entiende de números, no es capaz de cuidar, 
no puede fraternizar. 

Desde la favela Maré, en Rio de Janeiro, Timo explica las dificultades 
para lavarse las manos en zonas donde no hay agua; donde no 
hay costumbre de consumir productos agroecológicos, que su 
pequeño grupo (Roga, que procesa cerveza artesanal y entrega 
canasta de productos orgánicos) se empeña en repartir a unas cuantas 
familias. 

"Las dinámicas de la favela para enfrentar una ocupación militar violenta 
o un virus, no son tan diferentes", dice Timo del otro lado del teléfono. 
Ahora se suspendieron las ferias agroecológicas de los campesinos, 
con lo que todo se complica. Acordamos que una de las grandes 
dificultades son los varones, que se creen inmunes. Concluimos que 
cada varón es un pequeño Bolsonaro, autoritario, violento, que mira al 
resto desde arriba. 

En la Paz, la casa de Mujeres de Creando, "Virgen de los Deseos", decidió 
abrir su espacio para 12 mujeres, niños y niñas bolivianas varados en 
la frontera para que hagan su cuarentena, señala la carta de María 
Galindo. 

En las ciudades argentinas los comedores (decenas de miles creados 
desde las parroquias hasta los movimientos populares) están 
desbordados. Uno siempre se fija en lo autónomo, que suele ser 
pequeño. En el barrio 12 de Julio, en la periferia de Córdoba, Yaya 
instaló un comedor "donde comen 33 niños con la colaboración del cura 
del barrio y los trashumantes (miembros del colectivo de educación 
popular Universidad Trashumante), para dar dos veces por semana 
unas 50 porciones". 

Se sumaron carreros, que recogen cartón con sus carros, además de los 
que sacan escombro para revender, y el inmenso mundo del "cirujeo" 
(hurgadores que viven de los desperdicios). ¿Quién puede decirles que 
se queden en sus casas ante la pandemia? 


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En las periferias urbanas de América Latina, la palabra "teletrabajo" 
no existe en su vocabulario. El Estado sólo contempla a los de abajo 
como un problema de orden público. La solidaridad entre los pobres 
es lo único. Por eso los "curas villeros" abrieron sus parroquias para 
convertirles en almacenes de alimentos y en comedores populares. El 
colectivo Pelota de Trapo, que vive con niños y niñas de la calle, entrega 
raciones para 200 chicos cada dos días, con recursos propios. 

La Organización Popular Erancisco Villa de la Izquierda Independiente, 
de la Ciudad de México cuenta con nueve barrios/asentamientos, el 
mayor en Iztapalapa, La Polvorilla o Comunidad Acapatzingo, con 600 
familias, y ocho más en varios distritos de la ciudad, con no menos de 
50 familias cada uno. 

Cerraron los barrios, trabajan por comisiones y brigadas, elaboran 
cubrebocas y desinfectantes, utilizan la radio y los periódicos para 
comunicarse y dar instrucciones sobre sanidad y autocuidados. Lo más 
importante, es que decidieron "seguir organizados", sabiendo que sin 
organización los de abajo no somos nada. 

Están haciendo acopio de medicamentos y alimentos, montaron 
comedores comunitarios y atienden sobre todo a las personas más 
vulnerables. Mantienen sus huertos de cultivos (en plena ciudad), 
crearon espacios de aislamiento, promocionan comisiones infantiles y 
se proponen "trabajar nuestras emociones". Saben que el agua es un 
problema básico, aunque en Acapatzingo tienen pozo propio y recogen 
agua de lluvia. 

Nada de esto lo leí en internet. Es fruto de intercambios y escuchas que 
seguirán en próximas entregas. Si tuviera que sintetizar, diría: las y los 
de abajo nos necesitamos para mantener nuestras comunidades en pie, 
que es el modo de sostener la vida. Comunidad y fraternidad son las 
caricias de los de abajos. 


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Bañados de Asunción: dignidad y autonomía 

Publicado en Desinformemonos, 13 de abril de 2020. 


"El Estado no nos cuida. Los pobres nos cuidamos entre pobres", reza 
un cartel a la entrada de una de las ollas populares instaladas por los 
vecinos en el Bañado Sur de Asunción, donde todos los días comen 
cientos de niños y niñas, ancianos y vecinas de uno de los barrios más 
pobres de América Latina. 

La solidaridad entre pobres se respira en las decenas de ollas populares. 
"Si el gobierno no nos ayuda ayudémonos nosotros los pobres. 
¡Que viva la solidaridad de los pobres!", puede leerse en otros carteles. 

Casi toda la población de los Bañados, llamados así porque al estar 
situados al borde del río Paraguay se inundan con frecuencia, vive de 
la recolección de basura que reciclan, con carros a caballo, carros de 
mano y moto-carros. Recogen en el vertedero municipal Cateura, el 
mayor de la ciudad, pero también salen a recoger cartón y plásticos en 
las calles asfaltadas de la urbe. En los Bañados también hay talleres de 
confección de ropa, tiendas, panaderías y venta callejera. 

Se fueron poblando hacia la década de 1950 por la emigración desde 
las áreas rurales, expulsados por los ganaderos, los caudillos locales 
del Partido Colorado y, más recientemente, por la soja y el narcotráfico, 
aliados contra el campesinado. Hoy son más de cien mil pobladores en 
viviendas precarias y calles de tierra. El 60% de la población del Bañado Sur, 
uno de los cuatro grandes barrios de Bañados, tiene menos de 30 años. 

Del otro lado del teléfono está Giovanna Minardi, una joven que fue 
activa en el movimiento estudiantil y desde hace algunos años vive en 
el Bañado Sur, forma parte de la Coordinadora de Lucha por la Tierra y 
de Resistencia Popular Bañadense. "Somos más de diez barrios en esta 


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zona y las familias no están trabajando porque en su mayoría somos 
informales, reciclamos o somos vendedores ambulantes, albañiles, las 
mujeres son despenseras o trabajadoras domésticas y nos piden que nos 
quedemos en casa, pero entonces no tenemos qué llevar a la mesa". 

Peor aún, porque el Estado no tiene planes para asistir a las familias 
vulneradas, sostiene Giovanna. Recién tres semanas después del 
inicio de la cuarentena algunas familias comenzaron a recibir 500 mil 
guaraníes, menos de un tercio del salario mínimo. Por eso comenzaron 
a hacer ollas populares, impulsadas por la Coordinadora de Lucha por la 
Tierra que funciona desde hace nueve años. 

"Estamos gestionando once ollas populares en siete barrios del Bañado 
Sur. Cada una da de comer a un promedio de cien a 180 familias, dando 
prioridad a niños y ancianos. No se mantienen ni por el Estado ni por la 
politiquería sino por el apoyo de gente trabajadora, de gente de afuera 
del barrio que recoge alimentos desde hace más un mes". 

Las ollas funcionan de lunes a viernes con la solidaridad entre los 
vecinos y el apoyo de familias trabajadoras de Asunción, aunque la 
pastoral social de la iglesia empezó a enviar algunos alimentos. "Son las 
mujeres las que llevan adelante las ollas y todo el trabajo organizativo, 
las que juntan la leña, cocinan y reparten la comida. A cada familia se le 
pide que lleve algo, aunque sea un huevo, una papa, lo que sea. Sabemos 
que las donaciones no van a ser eternas, por eso queremos asegurar 
nuestra autonomía", sigue Giovanna. 

A nivel organizativo, se ha formado un equipo coordinador de 
representantes de las ollas que hacen un seguimiento diario para 
mejorar el trabajo colectivo. "A nivel de la salud, pensamos que las ollas 
son fundamentales porque de ese modo la gente no tiene que salir del 
barrio para comer, siendo entonces la principal forma de protección". 
Las cocineras y las personas de las ollas usan tapabocas y todas las 
medidas de protección. 

Las organizaciones populares de base más jóvenes, nacieron para 
enfrentar el proyecto de Eranja Costera, un mega emprendimiento que 


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consiste en una carretera que bordea el río y lo separa de los Bañados, 
que potencia la especulación inmobiliaria y facilita la aceleración 
del comercio internacional, siendo Paraguay un gran exportador de 
commodities que salen por el puerto, cercano al barrio. 

La Coordinadora reclama tierra para que las familias puedan seguir 
viviendo en el Bañado, ya que los planes oficiales apuestan al desalojo, 
y demandan la construcción de un muro de defensa para contener las 
inundaciones 

La socióloga Ana Galeano define Franja Costera como "un 
proyecto extractivista que profundiza los vínculos patriarcales en 
el territorio y acaba repercutiendo directamente en la vida y de 
las mujeres, adolescentes y niñas empobrecidas". Quizá por eso 
el movimiento de los Bañados está conformado básicamente por 
mujeres. Ahí está el maravilloso ejemplo de las feministas de Rebeldes 
del Sur, que vale la pena conocer (Rebeldes del Sur, 2020). 

En los Bañados de Asunción está en marcha un cambio profundo en la 
cultura política. La vieja organización barrial Cobañados (Coordinadora 
General de Organizaciones Sociales y Comunitarias de los Bañados), 
fue desbordada y desplazada por numerosos grupos de base 
integrados por jóvenes yjóvenas que han hecho de la autonomía (de las 
instituciones estatales y de las organizaciones jerárquicas) su seña de 
identidad. 

La Coordinadora de Lucha por la Tierra agrupa a los colectivos 
más activos de los Bañados, pero no se ha dotado de un aparato 
central burocrático separado de las bases, sino que es el espacio de 
articulación de los diferentes grupos, como señaló Giovanna. Estas 
articulaciones están promoviendo la solidaridad de los pobres con los 
pobres, mostrando que sólo los lazos de fraternidad pueden asegurar la 
sobrevivencia con dignidad. 


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Los pueblos en movimiento son 
la luz al final del túnel 

Publicado en Desinformemonos, 21 de abril de 2020. 


"Estamos en resistencia", sentencia el Consejo Regional Indígena del 
Cauca (CRIC), en Colombia. La organización gue agrupa a diez pueblos 
indígenas, 127 autoridades tradicionales y a la Guardia Indígena gue 
protege los resguardos (territorios indígenas reconocidos), denuncia 
gue las fuerzas armadas han intensificado la guerra con las disidencias 
de la guerrilla, como una estrategia para "vulnerar nuestros espacios 
para contagiar a nuestra población" (CRIC, 2020). 

La Guardia Indígena efectúa el control territorial, cerrando el 
paso a las personas y vehículos no autorizados por los cabildos 
(autoridad territorial indígena), pero el ejército se despliega para 
"generar el caos con el recrudecimiento de la guerra", como forma de 
debilitar al movimiento, infiltrar el virus en las comunidad y debilitar las 
autodefensas indígenas. 

El CRIC llamó a los pueblos a iniciar una Minga Hacia Adentro, 
invirtiendo las tradicionales mingas gue han sido movilizaciones 
para visibilizar una situación determinada, "caminar la palabra" como 
indica la tradición del movimiento. Una minga hacia adentro coloca 
en primer plano la medicina tradicional y la armonización de las personas 
en el territorio. 

El comunicador y periodista misak, Didier Chirimuscay, gue reside en 
Silvia, resguardo de Guambia, a 60 kilómetros de Popayán, explica por 
teléfono cómo viven la Minga Hacia Adentro en su pueblo: "Las emisoras 
indígenas se han vuelto estratégicas y claves de este proceso, ya gue 
siguen las instrucciones de las autoridades territoriales". 


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"Los misak de Silvia somos hijos de las dos lagunas, la Piendamó 
que es macho y la Ñimbe que es hembra, y junto a los páramos 
nos hemos congregado para revitalizar los sahumerios, recoger 
las plantas ceremoniales y hacer los fogones en las comunidades". 
La ritualidad misak permite enfrentar la pandemia al combinar los 
cuidados con sus plantas medicinales y armonizar a las personas con la 
tierra y el territorio. 

Didier relata que muchos jóvenes acuden a los sitios sagrados 
durante las noches, se acompañan con médicos tradicionales 
y conversan en torno de fogones. "Hicimos una visita de 
agradecimiento a la laguna hembra para contrarrestar las 
desarmonías en base a nuestra cosmovisión", concluye Didier. 


Las noticias más conmovedoras son las que muestran la solidaridad 
entre los pueblos. Leonardo Tello dirige la Radio Ucamara, en 
Nauta (Amazonia del Perú), allí donde los ríos Marañón y Ucayali se 
confluyen formando el Amazonas. Las comunidades kukama, que 
hablan lengua tupí-guaraní y han sido declaradas por a UNESCO 
en peligro de extinción, hicieron llegar a Nauta, capital de la provincia 
Loreto, 160 racimos de plátano, 150 kilos de pescado, además de 
frutas y verduras producidas en sus chacras. 

"Son comunidades declaradas por el Estado peruano como 
comunidades en extrema pobreza", asegura Tello. Se pregunta si los 
centros comerciales de la ciudad, las grandes empresas de la región 
y los municipios y gobiernos "abrirán sus arcas" como lo hicieron 
los más pobres, practicando una generosa solidaridad. 


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En Chile la revuelta iniciada en octubre pasado está lejos de haber 
finalizado. Ni el estado de sitio, ni la masiva militarización del país, ni 
los temores al virus, han llevado a la población a arriar las banderas de 
libertad y dignidad. 

Radio Villa Olímpica nos muestra cómo el estallido de octubre continúa 
por otros canales, ya no en las masivas movilizaciones sino en la el 
fortalecimiento de una amplia red de distribución de alimentos por 
fuera del mercado. El nombre completo es "Red de Abastecimiento 
Cooperativoy Comunitario La Kanasta". Sedefinen como "organizaciones 
autónomas, asamblearias y comunitarias que tienen por objetivo 
gestionar en común el abastecimiento básico del hogar". 

Dicen que van mucho más allá de "parar la olla", combinando el apoyo 
mutuo con la resistencia popular. Además existe desde hace cuatro 
años la "Red de Abastecimiento Eeminista La Uslera", que si entendí 
bien la explicación por wasap, es el nombre del clásico palote de 
amasar con el que las mujeres también se defienden de los violentos. 

Ambas redes son "organizaciones madre, semilleras que han servido de 
alero e inspiración a otras iniciativas". En general, se trata de redes nacidas 
antes de la revuelta de octubre de 2019, pero que se multiplicaron al 
calor de movimiento. La Kanasta está integrada por diez organizaciones 
territoriales, sociales y cooperativas de trabajo. Hacen una compra mensual 
que fraccionan y "embolsan" para las familias que han hecho pedidos. 

Todo funciona en base al trabajo solidario, la confianza y cooperación 
para manejar finanzas, almacenar productos y realizar los repartos. La 
red feminista La Uslera se propone además "politizar lo doméstico, la 
economía de la chaucha y hacer magia con lo que tenemos", como explica 
Jessica en el programa de Radio Villa Olímpica. Ellas combinan el acceso 
a la comida "a través de circuitos que permitan generar también redes de 
afecto", que es el modo de potenciar y sostener el movimiento social. 


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En el sur, la Coordinadora de Tomas y Campamentos de Temuco 
enseña la resistencia de unas dos mil familias que, cansadas de esperar 
respuestas a la demanda de viviendas, ocuparon terrenos en la periferia 
de la ciudad. Son 49 tomas convertidas en campamentos, donde 
ya se están levantando viviendas. De ellas, 32 están agrupadas en la 
Coordinadora que ahora lucha por agua, ya que con la pandemia es la 
principal preocupación. 

Malva Antúnez es una de las coordinadoras de los campamentos. Del 
otro lado del teléfono su voz suena serena y enérgica: "Hace dos meses 
decidimos las tomas porque no había diálogo con las autoridades. 
Con la cuarentena empezamos a priorizar el acceso al agua. Cero 
respuesta oficial. Gracias a la solidaridad conseguimos instalar tanques 
comunitarios de 500 litros". 

En Temuco el principal problema de los acampados es el frío, el hambre 
y la falta de agua. Si el campamento es tradición entre los pobres de 
Chile, las ollas comunes son parte de la identidad popular, cuando 
el Estado no les da nada, salvo represión. "Hay muchos hermanos 
mapuche en el campamento y la organización es muy sólida, por eso 
no pudieron desalojarnos. Los políticos no contaban con nuestra fuerza 
organizada, nos creen ignorantes, pero aquí la gente sabe y tiene poder", 
explica Malva. 

En los campamentos conviven haitianos, peruanos, chilenos, 
colombianos y mapuche, abundan los artesanos y los artistas, 
profesionales y micro empresarios. La pobreza en Chile, como en toda 
América Latina, es diversa y multifacética, lo que explica en parte su 
potencia y el rechazo a lo que Malva denomina "las ayudas paliativas 
que sólo nos desgastan". 


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Finalmente, en la Villa 21 de Buenos Aires, en el barrio Barracas, el 
padre Carlos Olivero del Hogar de Cristo analiza las relaciones con el 
Estado. Las parroquias trabajan junto a los movimientos territoriales: 
Barrios de Pie, Darío Santillán, La Dignidad, CTEP (Confederación de 
Trabajadores de la Economía Popular) y el Movimiento Evita, entre 
otros. 

"El gobierno no entiende la situación de los barrios populares". 
No se queja ni está molesto, sencillamente constata una realidad. 
Los llamados "curas villeros" arman protocolos para los barrios 
populares, porque las autoridades "tienen plan para la población en 
general, no para los pobres". El "quédate en casa" no funciona en estos 
barrios, donde se amontonan diez personas en viviendas precarias. 

Por eso triunfó el lema "quédate en el barrio", que responde a la 
lógica comunitaria de los pobres, que no tienen calefacción o aire 
acondicionado, ni internet ni una computadora por persona. Por eso 
apelan a los movimientos y a los curas villeros. 

"Los del gobierno no entienden los barrios, pero saben que nosotros sí. 
Por eso nos escuchan y conseguimos recursos". Respecto a la policía, 
reconoce que las relaciones son ambivalentes: en algunos barrios 
son brutales pero en otros aceptan lo que dicen las organizaciones 
populares porque ellos ni siquiera saben ubicar el barrio en un mapa. 

Mucho más allá de los gobiernos y del egoísmo de las clases 
medias y altas, los sectores populares profundizan su organización, 
estrechan lazos porque intuyen, y saben por experiencia de vida, que sólo 
el pobre puede ayudar al pobre, sin humillarlo, sin poner en cuestión su 
dignidad. 


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Un nuevo comienzo rebosante de dignidad 
y autonomía 

Publicado en El Salto, 25 de abril de 2020. 


"No queremos tus donaciones. No queremos tus víveres disfrazados 
de intenciones de exploración", dice el comunicado de comuneros y 
autoridades de rondas campesinas de las provincias de Huancabamba 
y Ayabaca, en la región Piura, norte del Perú. 

De ese modo, el 21 de abril las comunidades afectadas por la empresa 
minera Río Blanco Cooper S.A., rechazaron la maniobra de la minera 
que desde hace años pretende ingresar en esa zona y que ahora se 
aprovecha de las necesidades para dividir a la población. 

El comunicado destaca que la empresa "disfraza sus verdaderas 
intenciones a través de donaciones", ya que "desde que llegó a nuestra 
provincia sólo ha traído muerte y ahora viene teniendo actos de 
persecución y juicios iniciados contra nuestros dirigentes". Les dicen 
que las medicinas que dona "no servirán cuando contamines nuestro 
medio ambiente y nuestras aguas" y que la ropa que quieren donar 
"no servirá cuando destruyas nuestros bosques de neblina" (OCMAL, 
2020 ). 

Además responsabiliza a la minera Rio Blanco "de las acciones que 
tome cada base o central de rondas contra sus promotores en la zona 
quienes deben estar en su casa y no dividiendo a nuestra población". 

Raphael Hoetmer, que ha acompañado las resistencias y marchas de los 
comuneros de Ayabaca, reflexiona por teléfono sobre la importancia del 
páramo y de los bosques de neblinas para el abastecimiento de agua 
de Piura y Cajamarca. "Es una zona de fuerte organización campesina. 


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con rondas autónomas y autogestión de la vida. Rechazan la minería 
porque, aunque se saben pobres, quieren conservar un modo de vida 
que les ofrece bienestar y libertad, que empeoraría con la minería". 

Otra muestra de dignidad la ofrecen las comunidades de Morona 
Santiago (Ecuador), que son denunciadas por la minera Explorcobres, 
por haber atacado el campamento La Esperanza el 28 de marzo. Siempre 
según la empresa, los comuneros (a los que tilda de "delincuentes"), 
tomaron el campamento, "quemaron varias instalaciones, equipos y un 
vehículo" 

También en Ecuador, la comunidad San Pedro Yumate, que resiste 
a la minera Río Blanco en el macizo de Cajas, a una hora de Cuenca, 
instaló el lunes la tercera pluma (barrera) frente a la vía Cuenca- 
Molleturo-Naranjal, en una minga para impedir el paso a carros y 
personas no autorizadas por la asamblea comunitaria, nos escribe 
Paul. 

Mientras las mineras destruyen vidas, contaminan aguas y montes 
poniendo en riesgo la continuidad de las comunidades, los campesinos 
e indígenas no golpearon ni atacaron a ninguna persona, sólo las 
instalaciones de las empresas multinacionales. 

Seguimos en la región andina. El compañero y antropólogo Rodrigo 
Montoya nos envía un texto maravilloso, titulado "Aquí termina 
Lima" (Montoya, 2020). Relata que miles de pobladores de Lima, 
que migraron años atrás desde diferentes provincias andinas, 
emprendieron una marcha de retorno a sus pueblos. "No se trataba 
de manifestantes camino a una plaza pública para protestar". 
Tenían en común su deseo de irse de la mega ciudad. 

"La mayoría de caminantes era joven y tenía rostro andino", escribe 
Rodrigo, que a sus casi 70 años fue alumno de la escuelita zapatista. 
Traigo este recuerdo porque es un compañero que ha hecho de su 
compromiso una forma vida. Aunque no sabe si desean irse de la capital 
para siempre, constata que se trata de un hecho "tal vez, demasiado 
importante". 


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Se van de Lima porque no tienen trabajo, pasan hambre y porque el 
individualismo de la gran ciudad golpea sus corazones. "A los viajeros 
de regreso les queda la reciprocidad del ayni -un día de trabajo por un 
día de trabajo, una carga de leña por una carga de leña- y la minga 
-un día de trabajo por una comida, con música, bebida y baile- entre 
familiares de un mismo ayllu o comunidad, como el último recurso en 
las tierras altas, allí donde los retornantes sin virus esperan llegar y ser 
bien recibidos". 

Tal vez estamos ante el comienzo de un ciclo inverso, la migración 
de la ciudad al campo, como nos proponen estos días los rebeldes de 
Rojava, "volver a la tierra" para "repoblar aldeas rurales", como reza 
el comunicado del Comité de Solidaridad con Kurdistán de Ciudad de 
México. Siento que lo que están haciendo unos cuantos andinos, es 
todo un programa para enfrentar el colapso del sistema. 


Desde la región andina vamos hasta Montevideo (Uruguay). Allí se 
produjo lo que un jerarca del gobierno municipal definió como "la 
ocupación urbana más grande de los últimos cincuenta años". Se trata 
de unas mil familias que ocupan un enorme predio de una empresa de 
servicios portuarios, abandonado desde hacia 50 años, cuyos dueños 
tienen una elevada deuda con el Estado.. 

La ocupación comenzó en enero con apenas 28 familias, en Santa 
Catalina, la periferia pobre del oeste de Montevideo. La necesidad 
provocó un estallido de familias que decidieron correr el riesgo de 
tomar un terreno privado, para superar el hacinamiento en el que 
viven. El jueves 16 de abril el Ministerio del Interior desplegó un 
fuerte operativo con decenas de policías, helicópteros y drones, 
deteniendo a cinco vecinas. Dos de ellas fueron procesadas con 
prisión domiciliaria. 


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El lunes 20, desafiando la cuarentena, entre 50 y cien ocupantes se 
manifestaron frente a la casa de gobierno. Resistieron el desalojo, 
tomaron la iniciativa y desafiaron la cuarentena. Se trata de trabajadores 
empobrecidos, desocupados, empleadas domésticas, changarines, 
pescadores y hasta algunos policías, gue no pueden siguiera pagar un 
modesto alguiler en una zona gue fue cuna del movimiento obrero. 

El abogado Pablo Ghirardo, gue representa sindicatos y trabajó durante 
varios meses con los ocupantes del barrio gue bautizaron "Nuevo 
Comienzo", asegura gue lo hicieron "por el hacinamiento, ya gue viven 
hasta siete personas en un mono-ambiente gue se llueve, además de la 
fuerte especulación inmobiliaria gue hace impagables los alguileres". En 
la concentración portaban pancartas donde se leía: "Tierra para guienes 
la habitan" y "No nos condenen por ser pobres" (Rebelarte, 2020). 

En el barrio funciona un merendero con donaciones de varios sindicatos 
y de vecinos solidarios. Trazaron las futuras calles y dejaron lugares 
libres para espacios colectivos y el salón comunal. Están tan bien 
organizados gue la policía no pudo desalojados. La estaca gue un día de 
enero colocó una vecina para marcar su espacio en un terreno baldío, se 
multiplicó hasta convertirse en barrio. 

Jorge Zabalza califica la masiva ocupación como "una explosión social 
como la gue iniciaron aguellos estudiantes gue saltaron los controles 
en el metro de Santiago de Chile". Cientos de miles son expulsados 
por el modelo extractivo a los márgenes de la ciudad. Para Zabalza, 
"la iniciativa individual gue se volvió alud colectivo permite adivinar la 
existencia de un imaginario gue anticipa futuras rebeldías populares" 
(Zabalza, 2020). 


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El retorno a la vida sencilla. Comida 
casera, trueque y ancianidad comunitaria 

Publicado en Desinformemonos, 30 de abril de 2020. 


"La verdadera autonomía está en la comida, ahí está el Buen Vivir", explica 
Delio, del área de educación de la Asociación de Cabildos Juan Tama, en 
el sur de Colombia, en el marco del Consejo Regional Indígena del Cauca 
(CRIC). Desde gue la organización decidió enfrentar la pandemia con la 
Minga Hacia Adentro, los cultivos y el truegue ganaron centralidad en 
sus vidas. 

"El truegue es una alternativa política para una época como ésta", 
explica Ramiro Lis, de la Asociación de Cabildos Ukawe's' Nasa C'hab, 
en Caldono, la zona nororiente del territorio nasa. "Se hace truegue entre 
productos de los diferentes climas, se establecen puntos de encuentro 
y de intercambio, en los gue prima la necesidad, no el valor". Del otro 
lado del teléfono, Ramiro insiste en gue "no se trata de intercambiar 
eguivalencias sino lo gue se necesita". 

Tanto Ramiro como Delio destacan gue "el truegue es una forma de 
solidaridad gue permite fortalecer la economía propia". Así es como los 
miembros del CRIC denominan al sistema económico no capitalista, 
anclado en los valores de uso, gue funciona en los territorios de los 
pueblos originarios del Cauca. 

Inzá es una de las puertas de entrada a la impresionante región de 
Tierradentro, una de las más bellas gue pude conocer en Colombia. La 
población rural es ampliamente mayoritaria: en la cabecera municipal de 
Inzá viven unas 3.000 personas, menos del 10% del total del municipio. 
Los cabildos son la unidad territorial básica de la administración 
indígena, gue gobiernan sus resguardos o territorios. 


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Desde Inzá, Delio relata el enorme trabajo que hicieron para hacer 
llegar alimentos a los indígenas que emigraron a las ciudades, Cali, 
Bogotá y Popayán. "Se organizaron 800 familias en los ocho municipios, 
en una dinámica comunitaria, para hacer un primer envío de yuca, 
plátanos, panela y otros mercados. Fueron 3.200 arrobas (36 toneladas) 
que salieron en tres camiones y una chiva". 

Los indígenas urbanos les retribuyen no con dinero sino con productos 
de higiene y de aseo que aún no producen las comunidades. 
Las conclusiones de Ramiro revelan que estamos ante otra 
cosmovisión: "Somos ricos porque producimos comida. Pero lo más 
importante no es lo material, sino el hermanamiento, lo espiritual. 
El trueque nos ayuda a romper la dinámica del individualismo y fortalece 
lo comunitario". 

El pueblo kokonuko, por ejemplo, realizó semanas atrás la versión 61 
del intercambio de productos agropecuarios a través del trueque, en el 
resguardo indígena de Poblazón, con la participación de 600 indígenas, 
la mayoría jóvenes, que defienden una "economía limpia en la que el 
trueque es una política contra el neoliberalismo y contra cualquier 
moneda", como dijo el dirigente Darío Tote (Asociación Indígena del 
Cauca, 2020). 

Desde el área de Educación del CRIC, Carolina Cruz, que coopera con 
la organización, apunta que durante la Minga Hacia Adentro trabajan 
en apoyo a la Guardia Indígena y la "autonomía alimentaria". En estas 
semanas no hay aulas, "pero los socializadores de educación van casa 
por casa para compartir medidas de protección, para fortalecer el tul 
(huerta) y para que los niños lleven un diario de campo de su actividad 
diaria". 

En los territorios de los pueblos no hay internet y en las casas no hay 
computadoras, por lo tanto no hay "virtualización de la educación", 
dice Carolina. "La prioridad es potenciar los saberes y las lenguas 
propias, las plantas medicinales y los productos de la huerta sin 
agrotóxicos, la armonización y la limpieza espiritual de los espacios 
comunes". 


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Carolina explica la diferencia entre autonomía y soberanía alimentaria 
(de los pueblos y de los estados, respectivamente) y finaliza con un 
dato mayor: "Controlamos 70 puntos de nuestra geografía con siete 
mil guardias indígenas, que junto al gobierno propio son la piedra en el 
zapato del sistema". 


"Lo fundamental para detener la pandemia es la organización de cada 
comunidad", explica Beto Colín sobre la experiencia en el municipio 
autónomo de Cherán (Michoacán, México), uno de los centros poblados 
del pueblo purhépecha. 

Este año el municipio autónomo decidió no celebrar públicamente el 
noveno aniversario del levantamiento del 1 5 de abril de 2011, cuando un 
grupo de mujeres impidieron que los talamontes siguieran llevándose 
maderas del bosque, provocando el alzamiento del conjunto de la 
población. 

"A partir de aquel enfrentamiento con "los malos", hubo cambios 
notables. La fogata que es el centro en nuestras casas, donde nos 
juntamos y hacemos la vida, sale a la calle y se convierte en el núcleo 
inicial de la organización", dice Beto desafiando una irregular conexión 
vía internet. 

Desde el 15 de marzo la comisión de salud, que vincula al gobierno 
comunitario con las autoridades sanitarias locales y del Estado, se 
reunieron con las autoridades de las dos clínicas y del hospital de Cherán 
para hacer un plan de trabajo. El consejo mayor, que se elige por usos 
y costumbres, ya que el municipio estatal y los partidos fueron abolidos 
en una ciudad de casi 20 mil personas, redactó el primer protocolo sobre 
el coronavirus que fue aprobado por las cuatro asambleas de los cuatro 
barrios de Cherán. 


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"La comisión de salud es muy importante: no es que vienen los doctores 
a tomar decisiones sino que la comisión junto a las asambleas de 
los cuatro barrios fueron los que determinaron las acciones más 
relevantes. Luego la comisión recorrió las farmacias de Cherán para 
levantar un diagnóstico, para ver qué personas se habían enfermado del 
sistema respiratorio, saber si habían salido de la ciudad y darle 
seguimiento a cada caso". Crearon un grupo de wasap con los médicos 
para coordinar el seguimiento de pacientes. 

El siguiente punto fueron las tortillerías (pequeñas elaboradoras de 
tortillas de maíz). "Esas no se pueden cerrar pero se les explicó el 
protocolo de atención comunitaria, se les regaló el antibacterial y se hizo 
una formación sobre cómo atender a las personas", dice Beto. 

El tercer paso fue instalar la prevención en las barricadas: "Cherán 
es una comunidad grande y lugar de paso para otros pueblos, tiene 
tres entradas y en las tres hay control comunitario las 24 horas con 
barricadas. Esos miembros de la ronda de seguridad autónoma, ya 
tienen instrucciones y la información para preguntar de dónde vienen y 
hacer un registro". 

Como resultado del auto-cuidado comunitario, en Cherán hasta el 
momento no tienen ningún caso de coronavirus, aunque ya llegó a los 
municipios vecinos. "Creo que hemos hecho un buen trabajo de salud 
comunal y de co-responsabilidad de la comunidad, se hicieron muchos 
talleres por barrios sobre los cuidados, la elaboración artesanal de 
cubrebocas y de jabón, con gran participación de la población". 

También están coordinados con Ostula, otro municipio de la costa 
de Michoacán, que tiene "una experiencia de autonomía importante y 
trabaja como nosotros", finaliza Beto. 


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Desde Grecia una compañera solidaria, Evgenia Michalopoulou, ensaya 
una reflexión que nos deja pensando: "En Grecia y en los Balcanes 
tenemos muy pocos contagiados". Consulto las estadísticas. Grecia 
tiene 2.900 casos y 173 muertos cada millón de habitantes, mientras 
Italia anda en las 4.000 y España supera las 6.000, con más de 500 
muertos por millón cada país^. 

"¿Sabes el porqué?", retumba la pregunta en el wasap. "Porque aquí no 
tenemos tanta costumbre de llevar a nuestros mayores a las residencias 
de ancianos". En los pueblos originarios y campesinos no hay residencias 
y los ancianos envejecen junto a sus familias. 

Comida casera y sana, intercambio de productos orgánicos sin moneda 
y cuidado comunitario de los mayores, pueden ser parte de un programa 
de retorno a la vida sencilla, un camino que nos enseñaron las bases de 
apoyo del EZLN en la "escuelita", hace ya siete años. 


NOTAS: 

^Datos del 29/05/2020. 


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Agricultura urbana, autonomía alimentaria 
y huida de las ciudades 

Publicado en El Salto, 7 de mayo de 2020. 


"Gobierno Wampis declara el cierre total de las fronteras territoriales 
para prevenirse del coronavirus", destaca el titular del segundo número 
de "Nukumak", definido como Boletín Informativo del Gobierno Territorial 
Autónomo de la Nación Wampis. 

El gobierno autónomo se gestó en 2015, su máxima autoridad es la 
asamblea de 105 representantes de las comunidades de las diferentes 
cuencas de los ríos Kanus y Kankaim, en la Amazonia norte, que forman 
parte de un territorio de un millón de hectáreas y 15 mil habitantes, y 
está asesorado por un Consejo de Sabios. Cada cuenca cuenta además 
con una asamblea que es la máxima autoridad de cada zona. 

El Pamuk o jefe de gobierno, Wrays Pérez, dijo que el sistema estatal 
de salud no está implementado completamente ni cuenta con la 
infraestructura necesaria en sus territorios. Una de las primeras 
realizaciones del Gobierno Autónomo fue la creación del Parlamento 
Wampis "como una instancia de deliberación política propia, así como 
el Sistema de Justicia wampis", señala el primer número del Boletín. 

En los últimos meses de 2019 se realizaron varios eventos importante, 
entre ellos el I Congreso de las Mujeres Wampis y la XIII Cumbre del 
Gobierno Territorial Autónomo, donde se propuso la formación del 
Sistema Propio de la Educación Wampis. 

Entre los avances más notables, figura la recuperación de conocimientos 
tradicionales en el manejo de cultivos y especies en proceso de 
extinción, proyecto liderado por las mujeres; una escuela de formación 


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intercultural para lideres y lideresas; una emisora radial y la formación 
de periodistas; el desayuno escolar y el manejo de peces de las lagunas 
naturales (Gobierno Territorial Autónomo de la Nación Wampis, 2019). 

Pese a la importancia que tiene la autonomía wampis, que se está 
multiplicando en los territorios amazónicos, quisiera centrarme en 
lo que viene sucediendo en el mundo urbano, donde van apareciendo 
alternativas pese a las enormes dificultades que implica construir vida 
soberana y digna, en las urbes que son el núcleo del poder del capital. 


"Promover la agricultura urbana orgánica como estrategia a corto, 
mediano y largo plazo para enfrentar la hambruna y desarrollar 
economías regenerativas, revitalizar e impulsar la organización 
comunitaria", es la propuesta de un grupo de jóvenes de la Universidad 
del Cauca que están desbrozando tierras en la zona norte de Popayán, 
en el barrio La Paz y en la vereda Lame. 

Los trabajos comenzaron dos semanas atrás y se van incorporando 
vecinos que necesitan alimentos. Los terrenos que ocupan en el 
municipio de Popayán (capital del Cauca con 500 mil habitantes) 
estaban destinados a campos deportivos, pero acordaron con al Junta 
de Acción Comunal que la prioridad es conseguir alimentos. A mediano 
plazo buscarán más espacios para cultivar, en patios, solares, terrazas 
y cualquier lugar donde las familias puedan comenzar a transitar su 
autonomía alimentaria. 

Doricel Osorio es ingeniera agropecuaria desocupada y una de las 
ocho que iniciaron el proyecto: "Se están sumando vecinos por pura 
necesidad", explica del otro lado del teléfono. Además de superar la 
emergencia, intentan buscar colectivamente "alternativas al espíritu 
mendicante y dependiente que el Estado promueve entre los que 


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sufrieron por la violencia o viven en circunstancias de exclusión, injusticia 
e inequidad social, porque estas situaciones son consecuencias 
del sistema económico extractivista". 

Esta semana comenzaron a construir una caseta para que funcione 
como comedor comunitario entre los vecinos que tienen más 
necesidades. "Nos gustaría que la gente retorne a la tierra, que pueda 
cultivar en los pequeños espacios urbanos que tenemos, que recuperemos 
saberes ya que nuestros padres y abuelos fueron agricultores". 

Los pocos recursos con los que cuentan provienen de vecinos solidarios, 
de algún comercio y de la Cooperativa del Sur del Cauca, cafeteros de 
la federación de campesinos, que aporta 30 "mercados", con lo que 
pueden sostener a otra tantas familias. "Del Estado nada. Llamamos a 
unos parlamentarios de la ciudad y nos dijeron que lamentablemente no 
tienen más dinero....". Las risas suenan de un lado y otro del teléfono. 

Los jóvenes que tomaron esta iniciativa la consideran, además, como 
una estrategia frente a la cuarentana: "liberarnos" del encierro y manejar 
las propias normas de distanciamiento social en acuerdo con las y los 
vecinos que, en general, son la última camada de desplazados de las 
áreas rurales por la guerra y el modelo de explotación. 

En efecto, Popayán ha crecido de forma exponencial en las últimas 
décadas. En 1983, cuando el terremoto que causó grandes daños y 250 
muertos, contaba con 1 20 mil habitantes. Hoy son alrededor de 500 mil, 
en gran medida por la emigración rural-urbana, o sea por la llegada de 
campesinos desplazados. 


"El pueblo cuida al pueblo. Experiencias de organización de las asambleas 
territoriales de Valparaíso en tiempo de pandemia", dicen las locutoras 


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de los Cordones Territoriales de Valparaíso. Las personas que hacen 
este programa buscan interconectar lo que sucede en los "cordones 
territoriales" y difundir experiencias para que en otros barrios las 
puedan replicar. "Tratamos de dar cuenta de un proceso de aprendizaje 
colectivo de las asambleas", dice la locutora (Cordones Territoriales de 
Valparaíso, 2020). 

En cada programa conectan a dos asambleas, nacidas durante el 
estallido de noviembre, que relatan sus experiencias bajo el estado 
de sitio. La Asamblea de Mujeres del Cerro Esperanza explica cómo 
hacen la identificación y mapeo de las familias que necesitan ayudas 
en alimentos, que compran directamente a pequeños productores. 
La Asamblea del Eje Ecuador creó una cooperativa de alimentos y un 
boletín vecinal cuyo titular reza: "Cuarentena Territorial Combativa", con 
su doble versión electrónica y en papel. Crearon además un espacio 
de reciclaje, porque el municipio colapsó desde el estallido. 
Algunos vecinos se ofrecen para el cuidado de niñas y niños, otros 
impulsan el trueque y el apoyo mutuo, tanto para los alimentos como 
para los servicios. 

"Estamos siguiendo con todos los procesos que ya venían desde 
el estallido", explican las asambleas. Como forma de solidaridad, 
distribuyen dos tipos de canastas: "Una es más cara y con ese precio 
subvencionamos la otra, porque no todos pueden pagar la totalidad 
de los productos". Durante la pandemia están llegando a vecinos que 
nunca se había acercado a las asambleas. En gran medida, explican en 
Eje Ecuador, "porque queremos ser horizontales y nos auto-controlamos 
para no hablar demasiado, para no imponernos a vecinos que 
vienen por primera vez y tienen cierta desconfianza". 

Las asambleas han hecho de todo: campañas de sanitización colectiva 
de espacios públicos en Marimonjas, "porque las autoridades no 
se hacen cargo de cuidar la población y debemos cuidarnos entre 
nosotras"; compras comunitarias directas a productores en casi 
todos los barrios; fondos solidarios en la Asamblea El Descanso y la 
Resistencia; elaboración colectiva y manual de pan en Cerro Cordillera; 
cuadrillas de seguridad alimentaria en Playa Ancha. 


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"La incertidumbre es diferente si estamos organizados y nos 
apropiamos de nuestros territorios en los barrios", concluyen las 
asambleas reunidas en cabildos territoriales. "Sabemos cuidar la 
vida, mientras el Estado no tiene la menor idea", lanzan desde una de 
las asambleas que hace cine en la calle para seguir agrupando a los 
vecinos. 

Dos hechos resultan notables. Uno, cómo las asambleas se mantienen 
y crecen en sus barrios, pese a las enormes dificultades que deben 
sortear. Dos, que las radios pueden jugar un papel destacado como 
difusoras y como nexos entre asambleas, cuando ya no pueden 
realizarse grandes reuniones presenciales. Recuerdo que las radios 
nasa, en el sur de Colombia, son también ejes de la resistencia en esta 
coyuntura crítica. Contribuyen a lo que Alberto Maturana denomina 
como "acoplamiento de conductas". 


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La idiotez de la vida urbana 

Publicado en La Jomada, 8 de mayo de 2020. 


Un amigo mexicano, hace ya más de una década, me preguntó: ¿qué 
situación se crearía si en la Ciudad de México hubiera un colapso 
hídrico? Nunca había imaginado tal posibilidad, por lo que me quedé 
sin palabras. Sin duda, a los pocos días la situación se volvería caótica, 
habría violencia por el agua y mucha gente intentaría abandonar 
la mega ciudad, convertida en una trampa de la cual no sería fácil 
escapar. 

Desde hace un mes se está produciendo un hecho insólito en la ciudad 
de Lima, y en menor escala en varias capitales de provincia de Perú. 
Miles de personas abandonan la ciudad, cuya área metropolitana 
supera los 10 millones de habitantes (9,5 millones según datos 
oficiales de 2017). Pero el problema de la capital peruana no es sólo 
la enorme concentración de población. Hay, por lo menos, dos temas 
adicionales. 

El primero, es que creció de forma exponencial, como buena parte de las 
urbes latinoamericanas. En 1957 Lima tenía 1,2 millones de habitantes. 
En 1981 eran casi seis millones. En 2004 llegaban a 8,5 millones, 
siendo el 60% migrantes andinos que habían construido tres enormes 
conos (Norte, Este y Sur), incluyendo los servicios, las viviendas y buena 
parte de los espacios colectivos. 

El segundo, es la enorme vulnerabilidad de los sectores populares. El 
70% trabaja en lo que el Estado llama "informalidad": venta ambulante en 
mercados y en la calle, elaboración y venta de alimentos, manufacturas 
del más diverso tipo, desde ropa hasta videos, además de varias 
actividades ilegales. Por último, Lima vive sobre un desierto que no tiene 
agua, árido y despoblado, helado y calcinante según temporadas. 


lio 


La avalancha de migrantes fue descrita por el antropólogo José Matos 
Mar como "desborde popular", en la década de 1980. ¿Cómo habría 
gue nombrar ahora la migración inversa, el abandono masivo de la 
gigantesca y opresiva ciudad? 

Los datos son muy elocuentes. Ante la salida incluso a pie de familias 
enteras, gue en la larga caminata duermen donde pueden, corriendo 
enormes riesgos (ya hubo ahogados cruzando ríos y asesinados para 
robarles), el Estado abrió un registro para trasladarlos. El 25 de abril 
había 1 67 mil personas gue guerían retornar a sus pueblos o ciudades. 
Menos de cinco mil fueron transportados por el Estado (Ojo Público, 
2020 ). 

Evidentemente son muchísimos más los gue ya han salido y los gue desean 
hacerlo. Huyen del hambre, de la soledad, de la insolidaridad. Eamilias 
enteras con sus hijos e hijas, buscan llegar a sus pueblos donde los esperan 
parientes gue cultivan sus chacras y pueden abrazarlas con alimentos. 

El historiador Eernand Braudel decía gue el momento del naufragio es el 
más significativo, porgue hace visibles los puntos de ruptura, las fallas 
en la construcción y los diseños defectuosos. En nuestras sociedades, 
esos "defectos estructurales" son el individualismo, el consumismo y 
todas las actitudes gue entre los sectores populares son funcionales al 
capitalismo. 

De poco sirve echar las culpas al sistema (capital o Estado) de 
nuestros males si, a la vez, no proponemos y transitamos caminos para 
superarlos. No tengo la menor duda gue el sistema capitalista, el mismo 
gue funciona en Estados Unidos, Europa o China, tiene una enorme 
responsabilidad en la pandemia y, de modo muy particular, en la enorme 
mortandad gue provoca entre los más pobres. 

Los datos revelados por el diario O Globo el pasado 1 de mayo, sobre 
Rio de Janeiro, no dejan lugar a dudas. Mientras en Leblon la tasa de 
letalidad de los infectados es del 2,4%, en el complejo de favelas Maré 
llega al 30,8%. Datos gue nos dicen gue la letalidad entre los pobres es 
trece veces mayor gue entre los ricos. 


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No creo en los analistas que dicen que la pandemia nos coloca a las 
puertas del comunismo, o que ahora la humanidad tiene la posibilidad 
de cambiar el rumbo. No veo el menor síntoma de que algo así esté 
en camino y, por el contrario, observamos cómo los poderosos 
intensifican sus planes genocidas: desde la masificación del teletrabajo 
y el control digital hasta megaobras como el Tren Maya, entre muchas 
otras. 

La frase de Marx alterada, que titula este artículo (mencionó 
la "estupidez de la vida rural", en el Manifiesto Comunista), no 
debería ser tomada al pie de la letra, sino valorarla como un legado 
del tiempo que le tocó vivir. Marx consideraba a la burguesía como 
revolucionaria y confiaba plenamente en el desarrollo de las fuerzas 
productivas y los avances tecno-científicos, como garantía del progreso 
de la humanidad. 

No estamos obligados a insistir en ese modo de razonar. Siglo y 
medio atrás no existían ni el feminismo ni el anticolonialismo, que 
se desplegaron plenamente en el siglo XX y que deberían haber 
cambiado nuestra forma de ver el mundo, con la emergencia de sujetos 
colectivos como los pueblos originarios y las mujeres de los sectores 
populares. 

Nuestra fidelidad debería ser con los pueblos, que van por delante 
de cualquier teoría, como nos enseñan ahora las migrantes que 
abandonan Lima. 


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Desobedecer en tiempos de cuarentena 

Publicado en El Salto, 1 4 de mayo de 2020. 


"Estamos más y mejor organizados que antes", asegura Teresa Correa, 
evaluando la experiencia de la red Cecosesola durante estos meses de 
pandemia y cuarentena. "Nuestro propósito fundamental es el proceso 
educativo", agrega Lizeth, "para irnos transformando desde la reflexión 
colectiva". 

Cecosesola (Central Cooperativa de Servicios Sociales de Lara), 
establecida en Barquisimeto, sur de Venezuela, es una red de 50 
cooperativas urbanas y rurales, una funeraria y un centro de salud. 
Abarcan las áreas agrícola, de pequeña producción industrial, 
ahorro y crédito. Cuentan con 17 puntos de venta entre ellos 
tres grandes mercados con 300 cajas y una red rural integrada por 280 
pequeños productores (Escuela Cooperativa Cecosesola, 2018). 

Son más de 20.000 asociados y 1.300 trabajadores que reciben el mismo 
ingreso y funcionan en unas 300 asambleas anuales, sin dirigentes ni 
estructura directiva. La red de producción y distribución de alimentos y 
artículos de limpieza moviliza más de 10.000 toneladas mensuales, con 
precios 30% inferiores a los ofertados en el mercado. En ellos se aprovisiona 
el 40% de la población de una ciudad de 1,2 millones de habitantes. 

"En situaciones difíciles nos reinventamos", dice Gustavo Salas, uno 
de los fundadores del movimiento, "porque en plena pandemia es más 
difícil reunimos". Destaca que se han saltado la cuarentena en varias 
ocasiones, "pero el gobierno nos ha respetado porque hicimos lo que 
debía hacerse". 

Jorge Rath asegura que se han venido preparando mucho tiempo 
para situaciones como ésta, a través del diálogo y ahora del cuidado 


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mutuo. "Sobre todo cuidamos el ámbito comunitario, que consiste en no 
separarnos aunque haya que mantener distancia física". En opinión de 
los miembros de Cecosesola, comunidad y separación son tan opuestos 
como dirigentes y dirigidos. 

"A los profesionales de la salud se nos está presentando la 
oportunidad de cambio, desde la jerarquía y lo convencional, porque 
en este momento se demandan soluciones creativas", es la reflexión 
del doctor Carlos Jiménez, que forma parte del Centro Integral 
Cooperativo de Salud. La red de salud popular atiende a más de 220 
mil personas al año. Son cinco consultorios, cuatro laboratorios y 
un centro cooperativo que integra la medicina convencional y la 
tradicional. 

El Centro de Salud, un edificio de tres plantas diseñado por las 
cooperativas en debate con los arquitectos, tampoco tiene gerentes 
ni dirigentes y la gestión depende de la asamblea semanal donde 
participan todos los trabajadores, desde enfermeras y cocineras hasta 
médicos y el personas de mantenimiento. 

"Una cosa que aprendimos es cómo manejarnos con el poder", 
reflexiona Gustavo. "Cuando una ley o un decreto no van con nuestras 
necesidades, desobedecemos pero sin ir al enfrentamiento. Nos 
violamos las leyes, como ahora que nos seguimos reuniendo a pesar de 
que no se puede, y buscamos la forma de seguir adelante para 
mantenernos unidos. No pedimos permiso". 

Lograron imponer sus criterios pasando por encima del toque de 
queda, "porque una feria que atiende por día 7.000 personas no puede 
adaptarse a horarios restringidos", explica Gustavo. "Después de varias 
semanas la gobernadora nos felicitó y nos dio salvoconductos las 
24 horas, porque hay que empezar a recoger a la gente a las 4 de la 
madrugada". 

De ese modo, la red consigue el respecto de la comunidad y del gobierno. 
"Y transformamos el sistema, porque no actuamos según su lógica", 
remata Gustavo. 


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Teresa explica algunos de los cambios notables que se están 
produciendo durante la pandemia: "No hay combustible. Eso nos llevó a 
reorganizar todo. Los médicos iban en sus coches al trabajo, pero ahora 
dependen de los camiones que hacen una ruta recogiendo a todos los 
trabajadores. Y ahí está lo bonito. El cardiólogo se tiene que subir al 
camión con todos los demás compañeros, en una forma de integración 
colectiva que antes no se daba". 

Médicos en el camión junto a vendedoras o limpiadoras, una dinámica 
que suena a revolución cultural, sin la cual no hay cambios profundos 
ni duraderos. Por eso los miembros de Cecosesola sostienen: "Las 
respuestas a la situación actual refuerza, algo del nosotros que es 
la coherencia, que nace en la conversación permanente que nos 
transforma en un cerebro colectivo", concluye Jorge. 


En esta situación tan difícil, me parece necesario poner el foco en 
las luces que brillan entre los sectores populares. Tengo claro que el 
sistema se está reforzando, que oscuros nubarrones nos amenazan 
(desde el crecimiento de la desigualdad y el poder del 1%, hasta la 
represión y el control digital), pero nada ganamos si nos apegamos sólo 
a los que nos oprime. Mi punto de partida es el Ya Basta! colectivo y 
comunitario, como nos enseñan los pueblos originarios de Chiapas. 

Las favelas de Rio de Janeiro cargan con el estigma de la violencia y el 
narcotráfico, porque es el modo que los poderosos (desde los medios 
hasta las academias) encontraron para camuflar la pobreza que genera 
este sistema. Sin embargo, allí crece la resistencia y la organización, 
superando enormes dificultades. 

Inessa es militante del Movimiento de las Comunidades Populares que 
completó 50 años y está presente en diez estados de Brasil. Vive en la 


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comunidad Chico Mendes, en el morro de Chapadao, en la zona norte de 
Rio de Janeiro (Zibechi, 2019). "Estamos aquí desde 1994. Comenzamos 
con deporte comunitario y crecimos con una escuela jardín, para 
niños y niñas de la comunidad. Con la pandemia la cerramos desde 
el 21 de marzo". 

También trabajan con adultos, gestionando empleo e ingresos de forma 
autónoma, con una tienda y una barraca de materiales de construcción, 
que gestionan colectivamente. Reciclan aceite con el que fabrican 
productos de limpieza y tienen un grupo de compras colectivas con 
20 familias,. Quizá el área más potente sea el Grupo de Inversiones 
Comunitarias (GIC), un banco popular donde cientos de vecinos aportan 
dinero todos los meses y pueden pedir préstamos sin acudir al banco 
ni al mercado financiero. Con los intereses, ayudan a las familias que 
necesitan, aportan a funciones sociales como la salud y una parte va al 
Movimiento. 

Durante el cierre provocado por la pandemia, vendedores y empleadas 
domésticas de la comunidad quedaron sin ingresos, además de 
diez personas que trabajan en la guardería del movimiento y en el 
transporte infantil. En base a una red previa de amigos y profesores 
"que apoyan este proyecto y respetan nuestra autonomía", realizaron 
colectas para comprar cestas de comida para la comunidad y mantener 
al personal de la guardería. Cincuenta personas reciben cestas de 
comida gracias al trabajo de trece militantes. 

Gizele es comunicadora e integra el Frente de Movilización de la Maré, 
creado hace apena seis semanas por un grupo de comunicadores 
comunitarios que venían actuando en la favela desde hace 15 o 
20 años (Frente de Mobilizagao da Maré, 2020). "Nace cuando el 
aislamiento social se hace obligatorio en toda la ciudad y nuestra 
preocupación era la forma como los gobiernos se dirigen a la favela. 
Pensamos en un plan de comunicación para poder trabajar en base a las 
necesidades y en el lenguaje de la favela". 

La Maré es un complejo de dieciséis favelas con 140 mil habitantes, 
pegada a la bahía de Guanabara y muy cerca del aeropuerto 


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internacional. Tiene los peores índices de letalidad por coronavirus. 
Mientras en barrios de la burguesía como Leblon la tasa de letalidad es 
de apenas el 2,4% de los infectados, en la Mará trepa hasta el 30,8%, según 
datos del diario O Globo. 

Alguilaron un carro de sonido explicando las medidas elementales como 
lavarse las manos, no formar aglomeraciones, limpiar la casa (aungue 
casi no hay agua) y localizar los hospitales más cercanos. "Estamos 
haciendo 30 pancartas por semana gue colgamos en las comunidades, 
haciendo hincapié en la solidaridad porgue el abastecimiento de 
agua es precario y debemos compartirla en base a la ayuda mutua, 
porgue del gobierno no llegaba nada", dice Gizele. 

Además confeccionaron cinco mil carteles, todos a mano, gue 
colocaron en comercios, iglesias y asociaciones de vecinos 
con recomendaciones sobre higiene. "Empezamos con cuatro 
comunicadores y hoy tenemos diez colectivos integrando el Erente 
de Movilización de la Maré y 50 vecinos. La gente se va sumando a la 
movilización y a la búsgueda de alimentos y de materiales de limpieza. 
Es todo un desafío lidiar con una nueva realidad, la falta de agua, de 
dinero, la internet gue no funciona bien". 

Crear organización en una favela es casi imposible, porgue los activistas 
están atenazados entre las tremendas carencias y la suma de policía 
militar, milicias paramilitares, narcotraficantes e iglesias pentecostales, 
gue echan para atrás a la persona más aguerrida. 

"Esta semana empecé a pensar gue si la gente está luchando con 
la pandemia dentro de la favela, con apoyo mutuo y solidaridad, 
después de la pandemia podemos hacer la revolución", se entusiasma 
Gizele, gue nunca había vivido tanta entrega y organización entre sus 
vecinos. "Operaciones policiales, militarización, tangues de guerra, 
hambre, falta de agua, y ahora lo estamos viviendo todo junto y nos 
organizamos porgue nadie conoce mejor de nuestras necesidades". 

Timo nació en Alemania, se graduó como geógrafo y desde hace diez 
años vive en la Maré, en el morro de Timbau. Con un pegueño grupo de 


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amigos gestionan un espacio gue elabora cerveza artesanal y ofrece 
cine para niños, llamado Roga, una práctica campesina consistente 
en desbrozar la maleza para cultivar. "Los trabajos previos son los 
gue ahora consiguieron reaccionar ante la situación. Aguí en Timbau 
hay una antigua fábrica de cemento convertida en viviendas y ahí 
trabajamos con los niños, en una campaña de movilización para 
identificar las familias con más necesidades". 

Hay cuatro mil familias censadas gue necesitan ayuda en alimentos, 
sólo en esa favela. Consiguieron donaciones para dos mil canastas 
gue elaboraron y entregaron a un grupo integrado sobre todo por 
mujeres. "Son los pegueños grupos gue ya venían funcionando lo gue 
permite conseguir ayuda y contactar a los gue necesitan en base a 
un censo de solidaridad de los pobladores de la favela. Aguí el trabajo no 
puede ser individual, las respuestas gue demos deben ser colectivas". 


Hay mucha más información para compartir. Por ejemplo, la tenaz 
resistencia de las comunidades del norte del Cauca, en el "Proceso de 
Liberación de la Madre Tierra". Las comunidades de la zona y la Guardia 
Indígena detuvieron a 31 soldados y policías y decomisaron tres fusiles 
por "atentar contra la liberación de la Madre Tierra" al atacar la finca La 
Emperatriz, recuperada por el pueblo nasa. 

La asamblea de las comunidades decidió entregarlos a una comisión 
integrada por la Defensoría del Pueblo y el Consejo Regional Indígena 
del Cauca (CRIC). El Estado se comprometió a no volver a reprimir y a 
crear una comisión para resolver los conflictos entre comunidades y 
fuerza armada. 


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Diez lecciones sobre la Otra Economía, 
antipatriarcal y anticapitalista 

Publicado en El Salto, 21 de mayo de 2020. 


La semana pasada recibí una clase magistral de "economía política 
desde abajo". Relataron las relaciones para cuidar y reproducir la vida, 
que se tejen en los canales invisibles de la sociedad. No es ninguna 
casualidad que fueran cuatro mujeres las encargadas de desvelar 
ese mundo, todas integrantes de asambleas territoriales nacidas 
durante la revuelta chilena. 

Dos de ellas viven en Valparaíso, donde la lógica de construcción no es 
barrial sino de cerros, que rubrican la geografía urbana. Además de unas 
20 asambleas en otros tantos cerros, formaron cordones territoriales 
que las conectan, un nombre que remite a los "cordones industriales" de 
Santiago bajo el gobierno de Salvador Allende. 

Otras dos son integrantes de la Asamblea de Villa Olímpica y de la Red de 
Abastecimiento nacida en esa geografía, pero extendida a buena parte 
de Santiago. Una ciudad que ha visto nacer casi 200 asambleas que 
se mantienen activas, ya no en la calle sino enhebrando la vida de las 
comunas y barrios de una capital infestada de carabineros y militares. 


Lección 1: Hacernos cargo de la vida. 

Todos los aspectos de la vida están en crisis, salud, educación, 
alimentación. La revuelta generó conciencia colectiva, defendernos 
entre nosotras, mucha creatividad organizativa, que bajo la pandemia 
nos permite activarnos de otros modos. Nos cuidamos juntos y juntas. 


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cuidamos a los más vulnerables, con redes de abastecimiento, compras 
colectivas, huertos urbanos... (Nelly, de las asambleas territoriales de 
Valparaíso). 

Este contexto evidencia cómo el gobierno asesino no se hace cargo 
de la vida del pueblo, sólo militariza para salvar sus negocios. La 
sostenibilidad de la vida está en nosotras, en nuestras organizaciones 
y cuerpos, porgue ellos sólo nos van a reprimir, guieren naturalizar una 
dictadura en democracia. Sólo nos gueda "el pueblo cuida al pueblo", 
porgue se nos viene algo grave, como la falta de agua (Beatriz, asamblea 
Villa Olímpica). 

Lo gue vivimos es una militarización desatada del territorio, en esta 
situación donde el gobierno sólo nos reprime, tenemos gue hacernos 
cargo de la vida, de la sostenibilidad de la vida (Pamela, comunicación 
de las asambleas territoriales de Valparaíso). 


Lección 2; Empatia con la tierra 

Los huertos urbanos son un proceso muy lento, si se pretende 
alimentar todo un barrio no es posible. Pero crean una relación diferente 
con la naturaleza, con el consumo, porgue generan experiencias 
de nuevo tipo, como el compostaje gue lleva a gue los vecinos 
clasifiguen la basura y se hagan cargo de sus desperdicios para llevar 
al huerto comunitario. Se va formando una relación de empatia con la 
tierra gue es muy diferente a ir a comprar al supermercado. Además 
creamos vínculos entre nosotras, hacemos comunidad (Pamela). 


Lección 3: Huir del super-mercado, haciendo comunidad 

Las asambleas hacen una compra directa a los agricultores sin pasar 
por intermediarios, para el abastecimiento de los barrios. Hicimos un 
catastro de personas en riesgo, de adultos mayores y gente postrada 


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o con problemas económicos, para que tengan acceso a una canasta 
básica. (Pamela) 

La red de abastecimiento empezó hace cuatro años para colectivizar las 
compras, saltarse intermediarios para bajar los precios pero además 
para hacer comunidad en algo tan importante como alimentarse. 
Empezamos con compras colectivas de verduras. La red creció y 
nos contactamos con otras redes de la ciudad par proveer verduras, 
abarrotes, proteínas, carnes, artículos de aseo. Eso permite que la gente 
de la red no vaya al supermercado, que es un foco de contagio. En mi 
casa toda la alimentación se compra a través de la red, sin acudir al 
mercado (Siujen, red de abastecimiento Villa Olímpica, Santiago). 


Lección 4: La salud, y la economía, de los afectos 

Los vínculos afectivos, los cuidados y los abrazos, nos mantienen en 
pie, nos animan a seguir adelante pese a todas las contrariedades. 
No nos mantenemos sanas con distancias. No nos curan 
sólo los alimentos y las medicinas, sino también los afectos, 
que son imprescindibles para encarar de otro modo tanto la 
escasez como la enfermedad. Nos cuidamos, pero también rechazamos 
el aislamiento impuesto, como rechazamos la mercantilización de la 
salud (Todas). 


Lección 5: Redistribuir en vez de acumular 

Como comunidad asumimos una cuota que nos permite ayudar 
a personas que no pueden pagar la cesta. Con la cuota vamos 
generando un ahorro pequeño, que nos transforma en una especie 
de mini banco para prestar a la gente que tiene más problema 
económico, porque pensamos que el momento más álgido será 
después, cuando no haya trabajo y todo sea precario. La mayor parte de 
los que integran la red trabajan en precario (Siujen). 


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La ¡dea de que el pueblo ayuda al pueblo es lo primordial. Formamos 
un fondo común y rotativamente lo asignamos a la familia de la red 
que más necesita, la más vulnerable, luego de una discusión sobre los 
criterios. Ahora tenemos que pensar cómo vamos a apoyar a la gente 
que se enferma, porque ha habido una explosión de casos y el sistema 
no va a responder. Lo único que saben hacer es sacar a los militares a 
la calle (Beatriz). 


Lección 6: Las mujeres o la red de redes 

Somos las mamás las cuidadoras y criadoras las que sostenemos todo, 
a través del trueque, del apoyo mutuo, sin dinero. En la red se cruzan tres 
o cuatro redes y la Villa Olímpica se convirtió en un zonal de distribución 
de toda una zona de Santiago (Siujen). 


Lección 7; Cara a cara, sin intermediarios 

Hacemos la distribución de las redes La Canasta y Pueblo a Pueblo 
que reparten verduras sin intermediarios, en contacto directo con 
proveedores, con gente que produce fuera de Santiago y tiene que traer 
al conurbano. Decidimos que sólo sustentamos a los intermediarios cuyo 
único ingreso es esa compra-venta de productos. Buscamos ahora cosas 
nuevas, semillas, granos, algo que no teníamos hasta ahora (Siujen). 


Lección 8; Cuidar-nos en comunidad 

Estoy contagiada de Covid desde hace dos semanas y en mi casa no 
falta nada, las compañeras y compañeros poniendo la cuerpa vienen 
hasta mi casa a dejarme los alimentos. Es un ejemplo de cómo la 
solidaridad y las redes amigas están permitiendo que la vida no se 
degrade tanto (Beatriz). 


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Lección 9: Pobre es quien está sola 

La real precariedad es la de aquellas personas que no están conectadas 
con redes solidarias, la soledad y el despojo, porque el dinero no te sirve 
de nada si no tienes una red que te lleve la comida (Beatriz). 


Lección 10; La revuelta, la madre del mundo nuevo 

Le llamamos revuelta porque estallido lo acuñó la clase dominante, 
porque la protesta les estalló de sorpresa (Nelly). 

Ay de nosotras si la revuelta no hubiera pasado por nuestras vidas 
multiplicando nuestros contactos y redes (Beatriz) 

Agradecemos la revuelta porque sin ese proceso la pandemia hubiera 
sido muy cruda, no hubiéramos tenido los lazos de confianza ni 
conocido a otras organizaciones. La revuelta nunca acabó, tomó otros 
caminos. Generamos herramientas que no hubiéramos creado sin 
la pandemia. No hay forma de que en Chile la revuelta no siga (Siujen). 

La revuelta nos pasó por el cuerpo, no nos hemos olvidado d 
e los muertos y de los más de 400 mutilados oculares, algo que fue 
intencional. Lo que hacemos en las asambleas es cuestionar la vida 
que hemos sostenido hasta ahora. El otro mundo posible lo estamos 
haciendo ahora y nadie puede sacarnos de ese lugar, Chile está 
cambiando (Nelly). 

En este contexto oscuro, lo que nos va a salvar es lo que siempre nos 
ha salvado como pueblo: la calidad de nuestros vínculos, el valor para 
enfrentar la adversidad, la profunda valentía que hay en cada mujer que 
sale a hacer la compra o a embolsar la harina que se compra a granel 
y se reparte en la red. Ni la pandemia ni la represión, ni las torturas 
ni los asesinatos, nos van a destruir ese mundo nuevo que llevamos 
en nuestros corazones. La revuelta nos conectó con los siglos de 
resistencia profunda de nuestro pueblo (Beatriz). 


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"Agricultura alelopática", exclama Doricel del otro lado del teléfono. Lo 
repite varias veces. Y nada. No queda otra que recurrir al diccionario. 
Bueno, a Wikipedia. 

Intenta explicar porqué en los barrios periféricos de Popayán, donde 
estudiantes y vecinos emprendieron la agricultura urbana y comedores 
populares, optaron por huertas circulares pese a la inicial resistencia de 
algunos. 

"Es el sistema que utilizan los pueblos originarios y nosotros lo hacemos 
porque es más eficiente y para abrir la mente a otras posibilidades que no 
sean la cuadrícula", explica. Por un lado, permite aprovechar mejor el agua, 
ya que sólo se utiliza un 30% de lo que hacen otros cultivos lineales. 

"Además el nuestro es un sistema muy diverso, hortalizas, legumbres, 
aromáticas, la cebolla y el ajo, y eso nos permite podemos hacer un sistema 
alelopático. Las plantas que no resisten a los insectos, son protegidas por 
las aromáticas que cultivamos en el círculo siguiente. La diversidad repele 
a los insectos y las aromáticas atraen a los polinizadores. Buscamos la 
complementariedad". 

Las huertas circulares se relacionan con la cosmovisión indígena 
que establece una conectividad entre la tierra y el universo. 
Por último, explica Doricel, "con esta técnica se afianza más 
el tejido social, porque permite a las comunidades trabajar de manera más 
cooperativa". 

Varones y mujeres que cultivan las huertas de la periferia urbana de 
Popayán, llevan pequeños trapos y cintas rojas. En las grandes ciudades 
las autoridades pidieron a los pobladores que pasaban necesidades 
que colgaran un trapo rojo en las ventanas. "Aquí resiqnificamos los 
trapos rojos, al convertirlos en elementos de resistencia, de dignidad", 
apunta Doricel, recordando que su ciudad el 84% de la población tiene 
trabajo informal. 


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Los límites de la militarización 


En los últimos días se registraron importantes movilizaciones, muchas 
no convocadas por los canales tradicionales, en varios países, pasando 
por encima de las restricciones y los controles policiales y militares. Los 
sucesos más importantes ocurrieron en Grecia, Chile y Haití. 

Desde Grecia, Evgenia Michalopoulou relata cómo los jóvenes, después 
de 48 días de cuarentena, en un país gue tiene sólo 1.300 casos activos 
y 165 fallecidos, comenzaron a ocupar las plazas de los barrios. "El 
clima está mejorando y como los bares siguen cerrados, se juntan en 
las plazas a tomar cerveza hasta la madrugada, en claro desafío a la 
cuarentena". 

La reacción histérica de los medios y del gobierno derechista, llevó a gue 
la policía antidisturbios comenzara a perseguir a los jóvenes con gases, 
sellando las plazas y prohibiendo la circulación en la Kalithea de Salónica. 
Al día siguiente, familias enteras desafiaron las órdenes policiales 
permaneciendo en la plaza, actitud gue se repite en muchas otras, en 
"una desobediencia espontánea y al mismo tiempo organizada". 

Ante cada represión policial, la respuesta de abajo son marchas con 
miles de personas, barrios enteros recuperando sus plazas, ganando en 
confianza, al punto gue "las calles están llenas, la gente se sienta en los 
escalones y las puertas, y de repente te sientes como si estuvieras en un 
pueblo". La insistencia de la gente "ha obligado al gobierno abrir cafés y 
bares una semana antes de lo previsto", relata Evgenia. 

En Haití la oposición convocó para el lunes pasado una jornada de 
protesta, exigiendo la renuncia del presidente Jovenel MoTse, pese a las 
restricciones impuestas por la pandemia. Eue convocada por Sector 


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Democrático y Popular, en una fecha que coincide con el aniversario de 
la creación de la bandera nacional, hace 217 años. 

El presidente MoTse es criticado por la gestión de la pandemia y la 
corrupción, lo que sumado a un intenso ciclo de protestas provoca 
una "precaria estabilidad", con enfrentamientos incluso entre policías y 
ejército en el marco de una creciente extensión de la pandemia (Prensa 
Latina, 2020). 

Es evidente que la protesta haitiana está lejos de haber finalizado, al 
igual que está sucediendo en Chile. 

En Santiago se vivieron momentos que recuerdan la revuelta popular 
lanzada en octubre. La comuna El Bosque tomó la iniciativa con una 
masiva presencia juvenil en las calles, con barricadas y enfrentamientos 
que forzaron a los carabineros a retroceder, momentáneamente. En 
pocos días se extendieron a todo el sector sur de Santiago e incluyeron 
La Legua, uno de los barrios históricos en la resistencia al régimen de 
Pinochet. 

Los motivos son el incumplimiento del gobierno en la distribución 
de alimentos. La modalidad fueron las barricadas para defender las 
poblaciones e impedir el ingreso de los uniformados. Las masivas 
protestas iniciadas el 18 de mayo, no por casualidad coincidieron con 
la fecha en que se cumplen siete meses del comienzo de la revuelta. La 
represión está gaseando las comunas populares, en respuesta ridicula 
a los levantamientos. 

En primer lugar, debemos consignar que la lucha callejera es apenas una de 
las modalidades que adopta la resistencia a la militarización. Antes de ganar 
las calles, las asambleas territoriales en Chile siguieron activas, en redes de 
abastecimiento y contra-información, en el apoyo a personas contagiadas 
o vulnerables, en la creación de huertas urbanas, y muchas pequeñas 
acciones de baja visibilidad pero de hondo contenido comunitario. 

De lo anterior se deduce que la manifestación y la acción pública no 
son, ni pueden ser, ni el centro ni el único modo de hacer de los pueblos 


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en movimiento. La salida a la calle tiene sus pros y sus contras, que 
deben ser evaluados colectivamente. Los pueblos originarios raras 
veces se manifiestan y, cuando lo hacen, la acción tiene connotaciones 
bien diferentes a la protesta que demanda al Estado algún derecho o por 
algún incumplimiento. 

La segunda cuestión, aunque parezca contradictoria, es que el 
levantamiento de los pueblos es lo que puede frenar la tendencia a la 
militarización acelerada que buscan los gobiernos que gestionan la 
pandemia. Sólo acciones desde abajo pueden desbaratar la represión 
y el control que nos imponen. Un tipo de control que no tiene la menor 
relación con los necesarios cuidados ante el coronavirus. 

El sistema ha pasado de imponer rejas y cámaras de vigilancia para 
combatir la delincuencia, al uso de mascarillas y el distanciamiento para 
combatir el virus. En ambos casos, se trata de una lógica típicamente 
colonial/patriarcal que no resuelve la inseguridad, sino que la profundiza 
porque los cuidados individualizados tienen poco vuelo si no forman 
parte de cuidados comunitarios. 

El sistema-mundo capitalista está llegando a un punto de bifurcación, 
como anunciaba Immanuel Wallerstein. Sin embargo, no estamos ante 
una ley inexorable. El futuro depende la acción colectiva. 


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Argentina: el milagro de la vida en las 
periferias urbanas 


"Lo que aprendimos durante años en la escuelita de educación popular 
trashumante nos ha nutrido para enfrentar esta situación", asegura 
Mari, del barrio 1 2 de Julio en la periferia de Córdoba. Un barrio ocupado 
en el que viven 300 familias, que abrieron calles y colocaron la luz y el 
agua trabajando en colectivo. Funcionan en asamblea, están instalando 
ollas comunitarias y huertas familiares con apoyo de las vecinas más 
comprometidas. 

La Trashumante, formalmente Universidad Trashumante, surgió en la 
década de 1990, "en un contexto en el que la gente estaba descreída de 
los gobiernos y de la política", explica Mariana. "Salimos a trashumar 
con el Quirquincho -el autobús con el que hicieron extensas giras- en 
busca de ese otro país para encontrarnos con el abajo profundo, para 
aprender otras formas de hacer política". 

Durante años la Trashumante recorrió los pequeños pueblos que apenas 
figuran en los mapas y son invisibles para la política mediática. "Le 
llamamos pedagogía intimista, que consiste en escuchar a los grupos 
locales. Nos encontramos con mucho fatalismo y mucha quietud y ahí 
nos dimos cuenta de la persistencia del virus de la dictadura militar a 
través del miedo". 

Piter sostiene que "la primer trashumancia fue salir de un proyecto de 
extensión en la Universidad de San Luis, migrar de lo institucional a la 
intemperie, porque dentro de las instituciones estaba todo podrido y el 
pensamiento critico era muy conformista". 

Agrega algunas palabras a ese concepto de pedagogía intimista: "No 
salimos a buscar una nueva teoría política racional que explique lo que 


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estaba pasando, sino cómo la gente estaba sintiendo la coyuntura y 
cómo la estaba resistiendo". 

Mariana explica que durante años se dedicaron a "cavar y rodar abajo", 
pero en 2008 dieron un vuelco: militaban en organizaciones integradas 
por personas de clase media, en general universitarias que ponían 
sus esperanzas en las instituciones que la Trashumante rechazaba. 
"Ahí nos decidimos a trabajar en los territorios de los sectores populares, 
para que ellos mismos dirigieran sus propias organizaciones". 

Crearon un nuevo proyecto: la Escuela de Formación de Educadores 
de los Territorios Populares o, simplemente, escuelita. Las razones 
las pone Piten "La pedagogía de las y los oprimidos estaba siendo 
capturada por la clase media y la creación de la escuelita tiene que ver 
con salir del lugar de enseñarle a la gente y empezar a compartir con las 
compás de los barrios sobre las formas de organización y de 
educación". La red tiene tres principios: autonomía, autogestión y 
horizontalidad que, dice Mariana, "están llenos de contradicciones". 

Varias vecinas del barrio 12 de Julio participan en la escuelita, como 
Ana que se dedica al área de salud y autocuidado. "Trabajamos 
con hierbas medicinales y nos articulamos con el dispensario", s 
e escucha la voz entrecortada por la pésima conexión que tienen con 
internet. 

Gabi participa en el área de educación. "Tres veces por semana 
trabajamos con niños y niñas para ayudarlos en la tarea escolar y también 
apoyamos en conseguir semillas para las huertas". Cultivan alimentos 
como zapallos para las ollas comunitarias y plantas medicinales para 
tratar las enfermedades crónicas, que se multiplican en la pobreza. 

A Mari la conocí hace varios años en la escuelita: "Las ollas las 
hacemos con lo que tiene cada vecino en su casa. Uno aporta una 
zanahoria, otra un paquete de fideos y la otra una o dos cebollas. 
Tenemos algunas donaciones de la iglesia y de amigos profesionales 
de la Trashumante. Le decimos a la gente que abran más ollas, una por 
cuadra si se puede, porque del Estado no llega nada". 


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El Encuentro de Organizaciones, una corriente inspirada en el 
moví miento piquetero (desocupados) luegode la insurrección dediciembre 
de 2001, aporta alimentos fruto de sus movilizaciones para presionar al 
Estado. "No queremos donaciones de gente que nos pone condiciones, 
como algunas iglesias que nos traen comida pero quieren que 
pongamos las banderas de la iglesia". 

En el espacio La Soñada, en el barrio Autódromo, Yaqui que se formó 
también en la escuelita sostiene que en estos días el principal objetivo 
de la organización del barrio es estar junto a los niños y las niñas. 
También formaron una olla comunitaria para alimentar a los abuelos 
y embazadas. En la escuelita debatieron sobre la centralidad del 
autocuidado. 

"La pandemia nos ha mostrado lo que somos capaces de hacer, todo 
lo que aprendimos durante años de formación lo estamos poniendo 
en práctica y nos hizo mucho más fuertes", siente Mari. Yaqui agrega 
que en los barrios hay más organización y más capacidad de hacer que 
antes de la cuarentena: "Aparecen manos solidarias de gente que no 
conocemos, hay un olorcito a solidaridad". 

Imposible no mencionar la violencia de género. "En el barrio hubo 
incendios y mujeres lastimadas, pero todo el barrio se unió para darle 
una mano a esas familias", cierra Ana. No esperan nada del Estado, ni 
alimentos ni justicia. "Se nota la necesidad de la gente de estar junta". 

En apretada síntesis, esta es la historia de dignidad de un colectivo 
de educadores populares que dejaron las aulas para compartir con 
recicladores de basura y changarines, para hacer posible que los 
de más abajo dirijan sus organizaciones, sin "jefes" provenientes 
de las clases medias ¡lustradas. 


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"Una niña o un niño pueden pasartoda su vida, hasta que sean ancianos, 
en espacios autogestionados por las vecinas y los vecinos que son los 
que llevan adelante estas tareas", relata con parsimonia el padre Carlos 
Olivero, de la Villa 21 -24 de Barracas, en la ciudad de Buenos Aires. 

En la mayor "villa miseria" de la ciudad, el padre Charly, como lo conocen 
los vecinos, vive y trabaja en la Parroquia de Caacupé desde 2002. La 
iglesia fue construida por los vecinos en minga: mientras ellos hacían 
la mezcla y colocaban los ladrillos, ellas preparaban el almuerzo y 
sostenían el trabajo comunitario. El nombre se lo pusieron los migrantes 
paraguayos, por la virgen la más emblemática de su país. 

En la villa funciona una red impresionante de hogares, relata Charly: 
para abuelos, embarazadas y recién nacidos, jardines de infantes, 
para personas trans, para pacientes de diversas enfermedades como 
HIV y tuberculosis, para consumidores de drogas y para acompañar a 
personas privadas de libertad cuando salen de prisión. 

Cuentan además con una escuela de oficios donde losjóvenes estudian, 
unos mil cada cuatrimestre, una escuela primaria y una secundaria. A 
la hora de enumerar los trabajos en la villa, es imposible no perderse. 
Charly va sumando espacios y tareas. "El Hogar de Cristo está 
centrado en el cuidado de los más vulnerables, personas en calle, en 
consumo, liberados. Tenemos una granja para mujeres con sus hijos y 
cooperativas para cuando los ex consumidores se reinsertan". 

Visitan a más de 300 personas sometidas al sistema penitenciario, 
pero con una cualidad que los diferencia otros proyectos: "Los que 
van a visitarlos son compañeros que estuvieron privados de libertad y 
por lo tanto saben de qué se trata. Los acompañan para que tengan la 
seguridad de que cuando salgan en libertad tendrán quién los apoye". 

Seguimos sumandos: los exploradores son alrededor de 2.500, 
por el Hogar de Cristo pasan unas mil personas y atienden nueve 
comedores donde acuden un promedio de 200 personas cada día. 
"Imposible cuantificar", se queja Charly con una sonrisa, ante la 
insistencia. 


131 


"Lo importante es que las vecinas y los vecinos son los que llevan 
adelante todos los espacios. Por eso te digo que una niña o un niño 
puede pasar toda su vida en espacios autogestionados, desde antes de 
nacer hasta que son abuelas. La idea es que haya propuestas sólidas 
para cada grupo del barrio, pero es el barrio el que los cuida". 

El padre Charly asegura que están construyendo algo "diferente del 
sistema". Pertenece al movimiento de "curas villeros", inspirado en 
el compromiso con los pobres que llevó al padre Carlos Mugica a 
comprometerse con los habitantes villa 31 (en Retiro, muy cerca del 
puerto), lo que le costó la vida al ser asesinado por la Triple A en 1974. 
Los curas villeros sostienen que vienen a las villas a aprender. Por eso 
Charly asegura que "más que a construir un mundo distinto venimos a 
conectarnos con lo que ya está, porque nuestro barrio es de inmigrantes, 
de gente que vino porque no tenía acceso a la salud y al trabajo" 

En contra de la estigmatización de los medios -que no dejan de mentar 
violencia, drogas y delincuencia- sostiene que "la villa 21 es el mejor 
barrio de Buenos Aires, por la solidaridad, por el nivel de organización". 
Durante la pandemia comprobaron la escasa noción que tienen los 
gobiernos, incluso los progresistas, de lo que sucede en las villas. 

"Lo que hace la pandemia es hacer emerger todo lo que no estaba 
resuelto, la precariedad del trabajo, la falta de agua, la imposibilidad 
de ahorrar....y ahora emergen todos los problemas juntos". En la villa 
no sólo había pobreza y trabajo informal, estaban la tuberculosis, 
el dengue, el HIV, las personas que viven en la calle y las privadas de 
libertad. 

Cuando aterrizó la pandemia, multiplicaron los comedores, la entrega 
de alimentos a las familias y pusieron todos sus espacios al servicio 
del barrio. "Porque los gobiernos quieren ahorrar con la comida y los 
trámites burocráticos son un desastre al punto que ya nadie quiere 
venderles", se indigna Charly. 

Trabaja junto a los movimientos sociales del barrio, a los que 
considera imprescindibles. Con los militantes sociales hicieron un 


132 


censo de personas vulnerables y de enfermeras e instalaron puestos 
de vacunación, distribuidos en las 63 hectáreas de la villa 21-24. "Aquí 
las personas no pueden aislarse porque viven hacinadas, hasta siete 
duermen en una misma cama". 

Nos recuerda que en el barrio no entran las ambulancias, por "seguridad". 
Los protocolos oficiales, por lo tanto, no tienen la menor utilidad en la 
extrema pobreza. Por eso las organizaciones sociales superaron las 
diferencias para cuidar al barrio, dice Chariy. 

"Veo un escenario bastante difícil. En tiempos de guerra aceptamos 
economía de guerra, pero cuando no haya guerra las necesidades van 
a explotar. Queremos responder a la urgencia, pero que esa respuesta 
deje una capacidad instalada en el barrio". En suma, organización. 

El padre Carlos Olivero se despide con una frase casi bíblica, fruto de 
su experiencia vital: "Con el Estado no alcanza, porque no conoce la 
realidad de los barrios. Lo que venga tiene que ser con la organización 
popular. Esto significa que las compañeras y compañeros no ocupen 
cargos, para que no bajemos los brazos". 


133 


24 

A modo de cierre (provisorio) 


En abril de 2015 en el marco de un encuentro en Unitierra, en San 
Cristóbal de las Casas, que los zapatistas titularon El Pensamiento 
Crítico frente a la Hidra Capitalista, escuchamos estas palabras del 
subcomandante Galeano: 

"Bueno, el asunto es que lo que nosotros, nosotras, zapatistas, 
miramos Y escuchamos es que viene una catástrofe 
en todos los sentidos, una tormenta. Pero... resulta que nosotras, 
nosotros, zapatistas, también miramos y escuchamos que 
personas con grandes conocimientos dicen, a veces con su 
palabra, siempre con su actitud, que todo sigue igual. Que lo que 
la realidad nos está presentando, son sólo pequeñas variaciones 
que no alteran en nada importante el paisaje. O sea que 
nosotras, nosotros, zapatistas, vemos una cosa, y ellos ven otra. 

Porque vemos que se sigue recurriendo a los mismos 
métodos de lucha. Se sigue con marchas, reales o virtuales, 
con elecciones, con encuestas, con mítines. Y, de manera 
concomitante, surgen y se desarrollan los nuevos parámetros 
de "éxito", una especie de aplausómetro que, en el caso de las 
marchas de protesta, es inverso: mientras más bien portada 
sea (es decir mientras menos proteste), mayor su éxito. Y se 
hacen organizaciones partidarias, se trazan planes, estrategias 
y tácticas, haciendo verdaderos malabares con los conceptos. 

Como si fueran equivalentes Estado, Gobierno y Administración. 
Como si el Estado fuera el mismo, como si tuviera las mismas 
funciones de hace 20, 40, 100 años" (201 5: 27). 


134 


Si las cosas estaban tan claras, tanto tiempo antes de la pandemia de 
coronavirus, ¿qué nos impidió actuar en consecuencia? ¿Por qué no 
hemos sido capaces de comprender y de aceptar que el sistema, en 
su fase financiera y extractiva, consiste en acumulación por despojo 
o cuarta guerra mundial, que destruye, aniquila personas, pueblos y 
medio ambiente? ¿Porqué nos empeñamos en creer que el capitalismo 
no había mutado, militarizándose, y que podíamos cambiar el mundo 
cómodamente, consumiendo y votando cada cuatro años? 

Estas preguntas no están dirigidas a cualquiera, sino a quienes estamos 
empeñados en hacer algo para mejorar las cosas, para cambiar-se 
ellos y ellas, cambiando el mundo. No sólo el zapatismo ha venido 
manejando la tormenta o el colapso como un futuro inminente, sino 
muchos compañeros, como Ramón Fernández Durán y Luis González 
Reyes, entre los más cercanos y rigurosos. 

Creo que las ideas y las actitudes surgen de la práctica, en nuestro caso, 
del vínculo y la interacción con colectivos empeñados en frenar esta 
deriva que nos lleva al colapso civilizatorio y a la destrucción del planeta. 
En última instancia, es el trabajo en común lo que nos ha permitido 
comprender que para una parte de la humanidad el colapso no es el 
futuro, sino que ya era el ominoso presente mucho antes de la llegada 
de la pandemia. 

La situación que estamos viviendo debería ser una cura de humildad. 
Ante el planeta, ante los seres vivos y sobre todo ante nuestros 
semejantes. 


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FRENTE AL COLAPSO, CULTIVAMOS ALIMENTO, 
REDES Y COMUNIDAD 

sa Álvarez Vispo, Ruth López, 

Lucía Shaw y Emiliano Tapia 


En estos días, se viven sentimientos encontrados con la llegada 
de este Covidl9 que parece haber sorprendido a muchas con el 
pie cambiado. Se oyen mensajes de lo inesperado de sufrir un 
fenómeno como este y se constata la escasa capacidad desde las 
instituciones oficiales de gobernanza para responder a esta pandemia. 
A pesar de ello, nadie puede decir que no ha habido avisos de que 
esto podría suceder. En los años 60, Rachel Carson ya advertía en La 
primavera silenciosa (Carson,! 960), de lo que podrían suponer las 
agresiones que la humanidad estaba llevando a cabo sobre el planeta. 
Advertía de que la naturaleza era capaz de adaptarse y 
re-equilibrarse frente a elementos hostiles, pero el factor clave para 
esta adaptación es el tiempo y decía que en el mundo moderno 
ese tiempo no existe y que "la rapidez del cambio y la velocidad con 
que se crean nuevas situaciones siguen al impetuoso y descuidado 
paso de la humanidad más que al ritmo pausado de la naturaleza". 
Si el ritmo ya era rápido en los 60, qué decir de la aceleración que todo 
esto ha sufrido en los últimos años. 

Esto que apuntaba Carson ha sido respaldado por muchas voces 
que ya venían advirtiendo el caos climático que estaba por venir 
y también el colapso que todo esto estaba generando en las 
comunidades. El modelo del capitaloceno' basado en el extractivismo 
y la desposesión, en el que el valor central es lo monetario y la 
economía del capital, despreciando e ignorando los límites de personas 
del planeta y todas las actividades que sostienen y reproducen la 
vida, lleva consigo el modelo productivo y de consumo causante de 
encontrarnos en esta situación, donde ni personas ni planeta pueden 
dar más de sí. A la vez, encontramos a los gobernantes haciendo 
más hondo el agujero en el que estamos, proponiendo soluciones 


147 


que siguen los mismos esquemas que las causas, sin querer asumir 
que esta dirección no es la correcta y que las verdaderas soluciones 
pasan por repensar el sistema, poniendo en valor todas las actividades 
que desde el capitalismo se han invisibilizado y despreciado. Se 
buscan soluciones inmediatas basadas en tecnologías, pero si Carson 
nos decía que la naturaleza no puede adecuarse a los ritmos de la 
modernidad, el sistema al que hemos llegado hoy se ha desconectado 
tanto de la naturaleza que tampoco está preparado para dar respuesta 
a lo que la naturaleza le envía. 

Primero, porque la subestima y cree en un antropocentrismo capaz 
de dominar y artificializar los ecosistemas como si no fueran 
organismos vivos con evidente capacidad de reacción, y segundo 
porque no es capaz de mirardeforma integral ysistémica a lo que sucede; 
su mirada es reducida y cortoplacista, buscando respuestas puntuales 
y únicas en un sistema que es diverso y dinámico por definición 

Además, dentro de la lógica capitalista y neoliberal, las respuestas 
asumen la desigualdad como un efecto colateral necesario, colocando 
a las personas como mero recurso humano para sus fines, útiles 
mientras son productivas y prescindibles cuando dejan de serlo, y 
desde una desigualdad que no es homogénea, sino que se construye 
desde una interseccionalidad (Urretabizkaia, 2019) de realidades, 
edad, raza, clase, género, estudios, lugar donde habitamos y muchas 
otras que dan como resultado, en cada persona, formas de violencia 
y opresión diferentes, y a su vez limitan en muchas ocasiones las 
posibilidades de responder a ellas. 

En esta pandemia, constatamos cómo se han acrecentado las 
diferencias y se han hecho visibles todo ese conjunto de desigualdades 
en el trato a las personas de más edad, a las personas migrantes, en la 
precariedad de muchas de las actividades consideradas esenciales 
o en el desprecio a los derechos de las personas con menos 
recursos y la violencia hacia quienes no contaban con un hogar 
donde confinarse. 


148 


La soberanía alimentaria^ como respuesta, la agroecología como 
herramienta 

Todo esto que se ha evidenciado en estos días, lo ha hecho de forma 
sorpresiva para muchas, pero no tanto para quienes desde hace 
años ya vienen advirtiendo de que el colapso era una posibilidad real 
y de que muchas llevaban ya años colapsadas. Y dentro de quienes 
advertían de todo esto, se podría decir que los movimientos 
campesinos fueron pioneros en generar propuestas y respuestas a 
lo que para ellas ya llegaba y para otras estaba por venir. En los 90, 
surge La Vía Campesina como movimiento en el que se visibilizaban 
las pequeñas producciones, denunciando el despojo que estaban 
sufriendo desde el modelo capitalista. La globalización económica 
supuso una nueva colonización para muchos pueblos campesinos 
que se han visto invadidos por multinacionales que han llegado a 
sus territorios y les han arrebatado sus medios de vida. 

Esta colonización ha tenido diferentes formas de implementarse, 
traducidas en distintas formas de violencia: mientras en territorios 
donde lo comunitario y la conexión con la naturaleza es fuerte (como en 
América Latina, Pueblos Indígenas, África y algunas regiones de Asia) 
la violencia ha sido mucho más física, en forma incluso de conflictos 
armados en muchos casos con la connivencia de los gobiernos, en 
territorios donde lo comunitario cuenta con poca presencia, como Europa 
o Estados Unidos, las violencias son mucho más veladas y estructurales. 
Mientras en unos se desplaza a las comunidades, se contamina y se les 
limita el acceso al agua e incluso se asesina a quienes se oponen al 
sistema, en otros, el concepto de desarrollo y modernidad ha servido de 
puerta de entrada para lograr los mismos fines. 

Con todo ello, hemos llegado a una situación en la que, a pesar de que 
a día de hoy el 70% de los alimentos a nivel mundial son producidos por 
pequeñas producciones (ETC,2017), éstas solamente cuentan con el 30% 
de los bienes para la producción. Además, desde la llamada Revolución 
Verde® en los años 50, se ha destruido un 70% de la biodiversidad y de 
la restante, buena parte está siendo privatizada por parte de las grandes 
corporaciones de semillas como Bayer (hoy fusionada con Monsanto). 


149 


El modelo agroindustrial es uno de los principales causantes del 
cambio climático que estamos sufriendo por las prácticas agresivas 
con la tierra, el uso de fertilizantes y pesticidas, la deforestación de 
los territorios o las "fábricas de carne" en las que están convirtiendo la 
ganadería, obviando el bienestar animal y la función ecosistémica que 
la ganadería extensiva y las pastoralistas han tenido históricamente. 
Todo esto para llevarnos a un mundo peor alimentado que nunca, 
en el que pasan hambre 820 millones de personas (FAO,2019) y la 
mainutrición en forma de diabetes y obesidad es una de las principales 
enfermedades en muchos países como consecuencia de un consumo 
de comida ultraprocesada y kilométricaT a priori de bajo coste 
monetario en los supermercados, pero de alto coste para la salud y para 
los ecosistemas. 

En respuesta a todo esto y desde que surgiera la Vía Campesina, se 
han desarrollado alianzas tanto a nivel local como global y hoy en 
día se cuenta con un movimiento amplio por la Soberanía alimentaria 
que ha conseguido sumar tanto a pequeñas producciones agrícolas, 
ganaderas, pastoralistas, pescadoras, recolectoras... como a 
movimientos de personas no productoras, ecologistas, consumidoras 
y/o feministas que se articulan en torno a la defensa de un sistema 
alimentario justo para las personas y para el planeta. Esta defensa 
de la Soberanía alimentaria como principio político cuenta con la 
agroecología como herramienta metodológica para el desarrollo de 
prácticas en los territorios. La agroecología, tal y como se ha definido, 
es ciencia, es práctica y es movimiento (Rosset y Altieri, 2018). Se 
entiende como una forma de mirar a las diferentes dimensiones de los 
sistemas alimentarios, así como una herramienta que ayuda a generar 
respuestas sistémicas desde la práctica. 

En la agroecología, se mira el cuidado de la tierra desde una vertiente 
ecológica, considerando el equilibrio de los ecosistemas y colocando 
las necesidades de la tierra en el centro de la producción de alimentos. 
Pero a diferencia de otras disciplinas agrarias, no se queda ahí, sino que 
también mira hacia una dimensión económica y social: qué circuitos 
económicos se generan a partir de la producción, cómo y con quién se 
realizan los intercambios y prioriza la relocalización de los mercados 


150 


alimentarios frente a la exportación y la subordinación al mercado 
global. Además, también mira una tercera dimensión, la dimensión 
política, es decir, el poder de decisión que tienen los diferentes agentes 
de la cadena y la gobernanza en los distintos eslabones de la cadena 
alimentaria. En la bibliografía sobre agroecología, estas son las tres 
dimensiones principales sobre las que se desarrolla este modelo, pero 
en los últimos años algunas venimos apuntando a una cuarta dimensión 
fundamental para el desarrollo de estas prácticas: la dimensión 
feminista. Esta dimensión miraría a los cuidados, los repartos de tareas 
y lo relacional, dentro de los proyectos, apuntando a que cuando se 
mira al sistema alimentario no se pueden ignorar las actividades que 
reproducen la vida y que se desarrollan en su mayoría en el ámbito más 
privado de los hogares. Si bien en muchos discursos se escucha que el 
feminismo es algo transversal, creemos que sin una dimensión 
propia siempre queda olvidado dentro de otros aspectos que sí son 
considerados más prioritarios. El sistema alimentario cuenta con su 
propio iceberg (Álvarez y Begiristain, 2019) al que no son ajenas las 
prácticas agroecológicas. 

Como se puede ver, se trata de un modelo complejo, pero más 
apropiado a sistemas dinámicos y diversos, huyendo de la simplicidad 
y la homogeneidad del sistema capitalista. A partir del desarrollo del 
modelo agroecológico se generan iniciativas que se adaptan a las 
capacidades de las personas y los territorios, generando discursos y 
prácticas propias y se están promoviendo desde la práctica colectivos 
agroecológicos en todo el mundo. Estas prácticas buscan re-conquistar 
y defender territorios. Territorios tanto materiales como inmateriales 
(Rosset y Martínez, 2016). 

Por una parte, la tierra, el agua y la biodiversidad, pero también 
los conocimientos y los cuidados. Todo ello desde una 
perspectiva en la que éstos no son recursos para uso, sino bienes 
comunes a gestionar entre todas y a proteger hacia el futuro. 
La propia perspectiva de bien común es un territorio inmaterial 
a proteger, ya que en muchos lugares está en peligro serio de extinción 
y en otros se está recuperando. La gestión de un bien común y la 
protección de éste frente a la desposesión requiere de una comunidad 


151 


y las prácticas agroecológicas tienen un fuerte componente colectivo 
gue ayuda a avanzar en esa construcción comunitaria. No es 
sencillo ya gue como se mencionaba, el individualismo está cada 
vez más normalizado en nuestras vidas y la generación de lazos 
y tejido comunitario reguiere también de tiempo y procesos a 
medio plazo gue deben sobrevivir a las urgencias y la inmediatez 
imperante. 

Pero sin duda se puede decir gue, con todas sus complicaciones 
y complejidades, esto está siendo una realidad en muchos lugares y 
gue, si bien está lejos de ser el discurso mayoritario o más visible, 
situaciones como el Covidl9, gue ponen al límite a la población, 
ayudan a visibilizar la capacidad de resiliencia y respuesta del modelo 
agroecológico. Mientras el plano más global se ve paralizado, el plano 
local se ve desbordado de demanda a la gue puede responder y hacerlo 
de forma segura. 

Todo ello a pesar de haberse visto obstaculizada desde las políticas 
públicas gue en muchos territorios no han considerado como 
esenciales los mercados de productoras o los huertos de 
autoconsumo. Frente a esto, se ha demostrado la capacidad 
de articulación y adaptación de las iniciativas agroecológicas y 
especialmente de las gue ya contaban con un desarrollo en sus 
lazos comunitarios. Se ha visto cómo los llamados grupos de 
consumo o los grupos de Agricultura Sostenida por la Comunidad 
se han organizado y han respondido a la situación de urgencia 
(URGENCI,2020). 

Frente a la solución asistencialista y poco nutritiva de los Bancos 
de alimentos, estos proyectos, junto a guienes comercializan 
en mercados de barrio con relaciones históricas con el territorio 
y sus vecinas gue van más allá de lo clientelar, han respondido 
con donaciones de alimentos y han contribuido a los repartos para 
guienes eran población de riesgo y no podían salir de sus casas, 
demostrando gue las respuestas útiles y las verdaderas soluciones 
pasan necesariamente por la organización colectiva. A la vez, se 
ha puesto en evidencia gue los ritmos institucionales están, en el 


152 


mejor de los casos, alejados de las necesidades reales y demasiado 
cerca de los intereses de las multinacionales, en otros. 


De Agricultura Sostenida por la Comunidad a Alimentos Sostenidos 
por la Comunidad 

Esta respuesta desde las iniciativas más cercanas no ha salido de la 
nada, viene de procesos en los que la vida y el alimento se han puesto en 
el centro más allá de las visiones capitalistas. Son realidades en las que 
el compromiso entre las personas pasa por construir juntas espacios 
más justos, no solamente llenar los estómagos (López y Álvarez, 2018). 
Dentro de estas iniciativas, hace años ya que viene desarrollándose la 
llamada Agricultura Sostenida por la Comunidad. En este modelo, las 
personas, organizadas por grupos, se comprometen con las productoras 
a sostener su producción y alimentarse de ella, asumiendo de forma 
conjunta los riesgos y también los productos que conlleve. Este modelo 
nace en Japón en los años 60 con los denominados grupos Tei-kei 
y se ha desarrollado por todo el mundo llegando hoy a millones de 
grupos. Estas iniciativas han mostrado su capacidad de respuesta ante 
graves crisis, muchas de ellas relacionadas con el cambio climático. 
Los tornados que azotan Asia, cada vez más frecuentes, hacen que 
muchas productoras solo puedan sobrevivir gracias a estos grupos 
de apoyo; en África se están desarrollando grupos de Pesca Sostenida 
por la Comunidad para apoyar a las pequeñas pescadoras frente a 
la invasión de las grandes industrias pesqueras; en Estados Unidos 
existen grupos que apoyan a trabajadores migrantes para que puedan 
tener sus propias producciones y salir de situaciones de esclavitud y en 
Europa muchas personas jóvenes han decidido volver al campo gracias 
al apoyo y acompañamiento de estas iniciativas. 

Por lo tanto, son realidades que incorporan las distintas dimensiones 
que se han comentado y que buscan que las pequeñas productoras, 
ignoradas como esenciales en los sistemas alimentarios, pasen a ser 
valoradas y a ser tenidas en cuenta en su justa medida. En cada lugar, 
toman su propia forma adaptada a las necesidades locales. Así, mientras 


153 


en Europa se forman los grupos de reparto de cestas, en México o Brasil 
lo hacen en forma de mercados comunitarios. 

En los últimos años, estos grupos han tenido un desarrollo interesante. 
Si bien en origen en estos se vio a las personas productoras como el 
eslabón más débil al que había que apoyar, en las crisis acontecidas en 
los últimos años este apoyo ha visto cambiada la dirección y muchos 
grupos han reconsiderado sus formas de hacer. Así, en los años 
posteriores a la crisis de 2008 en diferentes países, algunos de estos 
grupos vieron como parte de sus miembros no podían hacer frente 
al compromiso adquirido con la producción por carecer de recursos, 
lo que supuso tener otras personas a las que sostener además de a 
las productoras para que pudieran acceder a alimentos sanos y no 
acudieran ni a la gran superficie ni a los bancos de alimentos. Esto 
generó un debate interesante acerca de qué poner en el centro, así 
como el desarrollo de respuestas válidas para aquel momento, pero 
también con perspectiva mucho más larga. Así, en algunos grupos se 
establecieron cuotas en base a los ingresos, en otros se generaron las 
llamadas "cestas de resistencia" cuya cuota se distribuía entre todas 
las personas del grupo, productoras y no productoras, o se generaron 
mecanismos de intercambio de trabajo por alimento. En definitiva, se 
colocaron en el centro las necesidades de las personas del colectivo 
fueran o no productoras y en lugar de Agricultura Sostenida por la 
Comunidad, los grupos se podría decirque han pasado a serde Alimentos 
Sostenidos por la Comunidad. Lo interesante es que los cambios fueron 
relativamente sencillos ya que ya existían previamente unos lazos y una 
construcción comunitaria, por lo que el trabajo más de fondo estaba 
avanzado, lo que requería era un cambio en la forma. A su vez, esta 
ampliación del concepto supuso la entrada de más personas con menos 
recursos monetarios a estos grupos que podían acceder a alimentos 
frescos y nutritivos de producción agroecológica, algo considerado 
como delicatesen y con precios prohibitivos en otros espacios. 

Estos grupos evidencian que generar otros modelos es posible y que la 
gestión de un bien común, en este caso un alimento, no es únicamente 
un objetivo en sí mismo, sino que a la vez es una herramienta para la 
construcción comunitaria. Esto requiere de procesos y compromisos, y 


154 


sobre todo del convencimiento firme de la dirección a la que se busca 
ir, ya que todo este trabajo se realiza a contracorriente y tensionada 
continuamente por el sistema capitalista. El capitalismo ha visto estas 
formas de hacer y también intenta imitar algunas de estas fórmulas. 
Claramente, ha vestido de verde los lineales de las grandes superficies 
e incluso coloca fotos de las productoras para que los productos que 
se compran sean "productos con historia". Por eso, es importante no 
perder la mirada multidimensional y preguntarse al mirar estos modelos 
a quién se beneficia y a quién se perjudica, y tener en cuenta que en 
el llamado libre mercado, como decía José Luis Sampedro, solo eres 
libre si tienes suficiente dinero, quien no lo tiene no puede acceder. 

En el caso del mercado agroalimentario, la gran superficie consigue 
confundir el alimento con el mero producto comestible, que puede 
contar con parámetros de inocuidad, pero no con nutrientes, por lo 
que ni siquiera acceder a este "libre mercado" es garantía de estar 
alimentada. 


Cultivando experiencias biodiversas en el Estado Español. 

De la palabra a la acción, es algo que muchos colectivos agroecológicos 
llevan practicando desde hace años. Estos principios que se han 
explicado se aplican en diferentes lugares y como hemos dicho se 
traducen en distintas fórmulas según las necesidades y el contexto de 
cada una. Para estos colectivos el Coronavirus ha llegado de sorpresa 
pero no les ha sorprendido sin las tareas y las redes tejidas. 

Verd de Terra. Agricultura Sostenida por la Comunidad en Xátiva 

Verdterra nace hace 10 años en Xátiva fruto de una complicidad entre 
quienes producen y quienes adquieren el alimento. El germen son dos 
personas que quedan en desempleo en otros ámbitos laborales y que 
habiendo realizado formación en producción agroecológica deciden 
lanzarse a ser productoras. Junto a este hecho se da que existe un 
grupo de gente que venía recogiendo productos en una caja cerrada® 
de verduras a otra productora y que se anima a acompañar y apoyar los 


155 



comienzos de la iniciativa. Se realizan reuniones con personas de dos 
comarcas (La Costera y la Ribera Alta) y surgen personas interesadas 
en diferentes pueblos por lo que viendo la respuesta se comienza 
a producir. Este proceso es lento, comienza en 2010-2011, siempre 
con la misma filosofía de vincular a las personas. En un principio se 
comienza con un huerto y con el tiempo se suman una productora y 
dos huertos más. Cada una trabaja de forma autónoma en su parcela 
pero se colectivizan tanto las herramientas como distintos trabajos en 
la producción así como la organización y distribución de los productos. 
Este camino no ha sido lineal, ha pasado por sus altibajos pero a día de 
hoy hay 3 huertos y una persona más que se encarga de la gestión que 
se incorporó hace 3 años. 

En este camino, hace unos 5 años el grupo motor de Xátiva, se plantea 
relanzar el "grupo de consumo" que había desaparecido para darle una 
dimensión más política y no meramente de gestión más logística. En 
el grupo de consumo participan las productoras de Verd de Terra, que 
encuentran que durante su andadura había momentos más álgidos de 
gente que se suma a adquirir la caja cerrada de forma permanente, otros 
momentos en los que baja el flujo de personas que lo hace de forma 
regular y se da la situación también de personas que adquieren la caja de 
forma más esporádica. Esto hace que las productoras se vayan viendo 
en un entorno cada vez más precarizado, mientras continúan cultivando 
un producto de super-calidad y se entiende que el grupo de gente más 
continua, que ha ido sosteniendo el proyecto, tiene que buscar la manera 
de fomentar su participación más firmemente e involucrar a otras. Este 
grupo entra en contacto con la gente que está trabajando en la Agricultura 
Sostenida por la Comunidad y entonces, las intuiciones que ya había de 
cómo hacer que el apoyo de las productoras vayamás allá de echar una 
mano de cuando en cuando en el huerto, se conectan con ideas e iniciativas 
que ya se están llevando a cabo y que funcionan. 

De ahí, el grupo plantea a las campesinas que Verd de Terra tiene que 
cambiar el modelo hacia la Agricultura Sostenida por la Comunidad, de 
forma que los riesgos en la producción se asuman entre todas. Esto 
es un proceso difícil, algunas productoras lo tienen más claro, pero 
otras lo ven más difícil y algunas no saben por qué modelo decantarse. 


156 


Tras muchos debates, se asume que el grupo que recibe las cajas lo 
tiene claro y quiere empujar a que las productoras lo tengan también. 
Se da el paso de afianzar la viabilidad monetaria pidiendo un año de 
compromiso a las personas que reciben las cajas con una cuota 
mensual, otras quincenal y finalmente las esporádicas, que tendrán 
un mayor coste por la caja. Este proceso se puso en marcha de forma 
gradual desde septiembre de 2019 y comienza su andadura en febrero 
de 2020, cuando se obtiene el compromiso con las socias. Y una 
vez que esto se cierra, llega el Coronavirus, el estado de alarma y se 
encuentran con una situación inédita para todas y la incertidumbre de 
qué sucederá frente a esta situación excepcional. 

Lo que ha sucedido es que las socias se han mantenido, en las primeras 
semanas con muchísimas muestras de agradecimiento por seguir 
trabajando a pesar de las dificultades, ya que a pesar de ser autónomas 
agrarias han tenido que justificar su esencialidad en sucesivos 
controles policiales y no han bajado su actividad ni rendimiento en estos 
días tan complicados. Muchas socias en estas circunstancias han sido 
conscientes de la importancia del apoyo mutuo, tanto en lo que tiene 
que ver con la subsistencia de las productoras, sus salarios, como en la 
parte de recibir alimentos frescos, de cercanía y de calidad. 

Por otra parte, ha habido una demanda mayor de personas que 
adquirían cajas esporádicas, que han hecho su pedido de forma más 
permanente, lo que nos lleva a pensar que tal vez puedan ser futuras 
socias, y también ha aumentado el número de socias, se cree, por el 
despertar de la conciencia alimentaria que ha traído esta situación. 
Analizando la situación parece que tiene diferentes confluencias, por 
un lado, la búsqueda de alimento de calidad, por otro, el alimento de 
cercanía, es decir ese despertar de la conciencia alimentaria; además 
ha resultado que el modelo de cercanía ha dado la facilidad a la hora 
de distribuir y recoger el producto, sin hacer las colas que había en los 
supermercados. Todo ello aderezado con el hecho de pasar más tiempo 
en casa y que la gente se plantee qué alimento es el que adquiere e 
ingiere y que se valore más la elaboración y calidad de los productos 
frente a lo comida ultraprocesada. 


157 


Desde Verd de Terra se ha seguido trabajando igual gue antes 
del contexto del estado de alarma, ya gue han peleado por ser 
consideradas servicio esencial, de primera necesidad, por alimentar a 
un buen número de personas y además por el aumento de la demanda 
y en general a las compañeras de la Xarxa Llauradora (Red Labriega de 
las Comarcas Centrales) les ha pasado lo mismo, algunas han tenido 
más problema por hacer venta en el huerto y han sido increpadas 
por la policía, se anularon los mercados y algunas han tenido gue 
pasar a hacer la venta en la propia finca, pero en general no ha habido 
demasiados problemas porgue ya había costumbre de la mayor 
parte de las productoras de hacer venta en el huerto y ha funcionado 
bastante bien. 

Otra situación gue se ha dado, además del virus, ha sido la situación 
de alguna de las campesinas productora de fruta gue ha sufrido las 
consecuencias de las lluvias y han perdido la cosecha de este año. 
Frente a esta situación, se han realizado aportaciones individuales 
para aportar recursos a esta productora, ya gue aungue no se vaya 
a recibir la fruta, el compromiso de sostener a las productoras 
conlleva también sostenerlas cuando vienen estas situaciones. 
Es importante señalar gue este apoyo también se dirige a guienes 
reciben la caja, ya gue, informalmente, durante el estado de alarma, 
se ha preguntado al grupo cómo estaban por si alguien no podía 
asumir el pago de la cuota y se dan facilidades adaptadas a distintas 
circunstancias para gue todas las personas puedan acceder a 
estos alimentos. Además, en estos días más socias han hecho 
llegar su disposición para ir a ayudar a los huertos. Todavía no se 
ha podido materializar por las restricciones, pero sin duda el futuro 
promete. 

Asdecoba. Agroecología con colectivos vulnerables, desde la 

autogestión 

El punto de partida de Asdecoba y el objetivo prioritario es entrelazar 
necesidades y situaciones de "no vida". En este proyecto se trabaja 
cruzando el intentar recuperar el sentido de la vida desde situaciones 
de empobrecimiento vital con recuperar espacios en el medio rural 


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y campesino. Las personas participantes proceden de la cárcel, 
desde la calle, sin acceso a derechos innegociables y los territorios 
en los que se sitúan forman parte del expolio de la agroindustria. 
En ambos casos, se comparte cierta situación de abandono. 

A partir de ahí, se busca enlazar necesidades y situaciones teniendo 
en cuenta el problema de acceso a la alimentación sana para 
muchas personas a la vez que el medio rural se ve cada vez más 
abandonado. La forma de hacerlo es tejiendo red, trabajando en huertos 
abandonados o cedidos y con una forma de intercambio alternativa al 
mercado salvaje existente, promoviendo relaciones directas que 
posibilitan trabajar en comunidad. 

El trabajo es una herramienta importante y fundamental para la 
apuesta comunitaria y el acompañamiento. En este proyecto el 
trabajo se distingue del empleo y se ve no como una forma de 
monetarizar las vidas, sino como una herramienta de relación entre 
quienes forman la iniciativa y también con el entorno, situando esta 
herramienta en la demanda y la reivindicación de las Renta Básica de 
las Iguales. 

El acceso a la tierra se desarrolla desde un compromiso recíproco y se 
desarrolla una agricultura no agresiva con las personas, con la tierra y 
el medio ambiente, con producciones de cercanía y confianza y con el 
paraguas de la soberanía alimentaria como principio. 

Después de 12 años de trabajo, este proyecto cuenta con 8 Hectáreas 
en producción hortícola en distintos pueblos en una media de 18-20 
km de la ciudad de Salamanca. Se ha tejido una red con las personas 
mayores para rescatar sus saberes e incorporarlos en el trabajo del 
día a día. Se ha puesto en marcha un obrador para la transformación 
de productos hortícolas que facilita la gestión de los excedentes de 
la producción en plena temporada. Toda esta producción se canaliza 
por varias vías, dos catering, uno que lleva alimentos al medio rural 
y otro en el medio urbano, dos viviendas para personas mayores 
y una red de Agricultura Sostenida por la comunidad "saberes y 
sabores del bajo Tormes". En la actualidad reúne a un total de 22 


159 


personas trabajando. 


La filosofía es que Asdecoba sea siempre una herramienta comunitaria 
con el objetivo de acompañar las vidas de las personas que quieren 
encontrar su verdadero sentido y potenciar las relaciones generadas 
que cuidan especialmente, las relaciones entre el medio rural y urbano. 
Prima por tanto, la viabilidad social y no necesariamente la monetaria. 

En este contexto, una situación como la que se ha dado con la pandemia 
afianza todavía más el convencimiento y los objetivos por los que se 
trabaja. Una red que acompaña y valora a las personas mayores, que 
nutre a quienes viven solas en el medio rural, no solo con alimento sano 
sino con afectos y cuidados se hace todavía, si cabe, más esencial en 
estos tiempos. La "no vida" es eso que llaman normalidad, por lo que 
para una "nueva normalidad" estos proyectos deben ser referentes. 


La diversidad, clave para lo comunitario 

Con todo esto, se evidencia que las respuestas ante las crisis y los 
colapsos (porque serán múltiples y de distintos formatos), para ser 
realmente transformadoras y colocar la vida en el centro, han de pasar 
por la construcción comunitaria. Como seres interdependientes, la 
sostenibilidad de las vidas pasa por la generación de lazos y tejido 
comunitario y esto no se puede obviar ya que cualquier construcción 
que no pase por preservar la naturaleza, los cuidados y la comunidad 
no será sostenible. No hay una única fórmula para aplicar. Cada 
lugar, cada territorio, cada colectivo dentro de su diversidad 
buscará las formas que se adapten a sus necesidades y las 
iniciativas cobrarán vida de forma distinta, aunque el fondo, el 
objetivo y los principios sean compartidos por todas, generando 
redes de redes entretejidas, abonadas con confianza y cuidados, 
de las que recogeremos como fruto comunidades que sostengan vidas 
dignas. En todo esto será fundamental que esas redes de redes vayan 
más allá de lo meramente sectorial y que las luchas y las construcciones 
comunitarias reflejen la interseccionalidad de las realidades que las 


160 


componen. La diversidad deberá ser un valor clave y su gestión, que 
sabemos complicada, una tarea prioritaria para que todas se sientan 
invitadas y parte de lo comunitario, generando así espacios realmente 
biodiversos y no pequeñas élites. Desde distintos puntos de partida, 
distintos territorios, distintos movimientos, se están proponiendo 
prácticas que pueden alimentar y nutrir a las otras. El intercambio de 
conocimiento, la comunicación, los encuentros y también la gestión de 
los desencuentros serán claves para todo este desarrollo y ojalá estas 
letras ayuden a dar un pasito más en el camino Si el colapso nos llega, 
que nos encuentre bien alimentadas. 


NOTAS: 

'Término acuñado por Jason W.Moore refiriéndose a que es la coacción 
forzada del trabajo( tanto humano como no humano) subordinada 
al imperativo del benefcio a cualquier precio (acumulación ilimitada 
del capital) lo que provoca la ruptura del equilibrio en el ecosistema 
planetario. 

^La soberanía alimentaria se defne por la Vía Campesina como "el 
derecho de los pueblos a alimentos nutritivos y culturalmente adecuados, 
accesibles, producidos de forma sostenible y ecológica así como el 
derecho a decidir sobre su propio sistema alimentario". 

^La Revolución verde fue un proceso iniciado después de las dos grandes 
Guerras Mundiales y que trajo consigo técnicamente una "mejora 
genética" de variedades pero también la reconversión de las industrias 
químicas en industrias de insumos químicos para la producción agrícola y 
el desprecio hacia las prácticas y variedades ancestrales. 

''Se utiliza este término para nombrar a los alimentos que viajan un gran 
número de kilómetros desde su cultivo hasta su consumo. 


^Llamamos caja cerrada a una caja semanal de verduras en las que se 
reparten los productos entre todo el grupo en función de los resultados de 
la producción del huerto, no según pedido. 


161 


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alimentarios y la agroecología. RIESISE vol 2, pp 125-147 

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y el feminismo hegemónico: propuestas colectivas en las intersecciones de la 
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162 







LA SOSTENIBILIDAD DE LA VIDA: 

EXPERIENCIAS COLECTIVAS SITUADAS DE CUIDADOS 

Doni Arocas Tortajada 


Esta situación de alarma global producida perlas crisis sanitaria del Covid 
19, en nuestro estado español decretada por el RD 463/2020, ha puesto de 
manifiesto varias cuestiones que urgen su abordaje. En primer lugar, que 
la inteligencia artificial ha invadido nuestras vidas (hogares y empleos). Lo 
que ya llevaba tiempo vendiéndose como la solución estrella para poder 
estar interconectadas virtualmente, en esta situación de aislamiento 
social se ha reforzado. La utilización de la tecnología en forma de aparatos 
y de diferentes apps en su mayoría para comunicarnos (zoom, skipe, 
meet...) y controlarnos (apps de movimientos, de seropositividad, drones 
volando por las azoteas...) nos han provocado en muchos momentos 
hiperconectividad, saturación de la (des)información y, sobre todo, control 
socialy represión (chivatosdebalcones,drones, policía, militares, multas...). 
¡Cuidado! porque esto ha venido para quedarse. 

En segundo lugar que la definición de los empleos esenciales, 
desarrollados por toda una avalancha de normativa estatal, 
autonómica y local han sido desarrollados en su mayoría por mujeres: 
cajeras, auxiliares de ayuda a domicilio, limpiadoras, auxiliares de 
clínica, cuidadoras familiares y no familiares, empleadas del hogar 
(mujeres racializadas), campesinas..., venían siendo los menos 
valorados y por ende los peores pagados. Han sido las mujeres las 
que han peleado exponiendo sus cuerpos al virus del Covid-19, por 
interrelación a sus familias y a la vez han sido criminalizadas por 
desempeñar dichas tareas y sobre todo por el miedo a que contagiaran. 

Eoucault en el concepto de Biopolítica dice que "los individuos se 
subjetivizan, se piensan con los intereses de quienes les gobiernan, 
no necesitando control, porque ya se controlan" dando lugar y por 
último a esta situación de incertidumbre que, si bien ya la estábamos 


165 


viviendo y sufriendo, ha puesto de manifiesto de forma exponencial, el 
conflicto capital vida. Como dice Muñoz (2019), conflicto que surge del 
"sumatorio: de las sumas de las precariedades(laborales, de subjetividad 
y de identidad)". 

En tercer lugar se ha puesto de manifiesto lo que parte del movimiento 
feminista ya veníamos denunciando, la existencia de la crisis de los 
cuidados, producida como dice Pérez (2014): 

"a la quiebra del modelo previo de los cuidados, por cambios en las 
expectativas vitales de las mujeres y en los requerimientos de cuidados 
asociados al envejecimiento de la población... tiene que ver con 
subversiones al orden heteropatriarcal, así como con cambios en el orden 
capitalista que significan una vuelta de tuerca al conflicto capital-vida." 


Los cuidados se han responsabilizado en lo privado y en las mujeres 
a la vez que el acceso a los servicios y programas públicos y de 
calidad se han visto privatizados, mercantilizando nuestras vidas, 
donde además las empleadas del hogar y de cuidados no familiares, 
en su mayoría mujeres racializadas, se han visto expulsadas de sus 
empleos por miedo a que contagiaran a las personas empleadoras con 
la consiguiente precarización en sus vidas. 

En cuarto lugar que sí ya nuestras prácticas sociales desarrolladas 
desde los servicios sociales eran asistenciales, controladoras, 
centradas en casos individuales y burocratizadas por un procedimiento 
administrativo muy lento, incapaz de garantizar derechos individuales 
en plazos (solicitudes de dependencia, solicitudes de Renta Valenciana 
de Inclusión...) y con muchas dificultades para abordar todas 
las situaciones de emergencia social, fruto de la precarización y 
privatización de los servicios , en esta situación de crisis sanitaria por 
Covid-19 se han agrabado al ser telemáticas, no presenciales, con el 
añadido que ni desde las administraciones ni las profesionales ni las 
personas estábamos preparadas para movernos con agilidad en esta 
situación. 


166 


En las zonas rurales, caracterizadas por dispersión geográfica y por 
una alta población de personas mayores, desde lo púbico nos hemos 
encontrado con dificultades para abordar los cuidados a nuestras 
personas mayores, las cuales han tenido gue vivir sólas sin recibir 
visitas de ningún familiar, ni de vecinxs por miedo a contagiar y ser 
contagiadxs, lo nunca visto. 

Una compañera del servicio de ayuda a domicilio me dijo escandalizada 
"fíjate, a esta mujer gue ha pasado el Covid-19 ni sus vecinas le 
guieren dejar en la puerta una barra de pan". En estas situaciones 
aungue se ha reforzado el servicio de ayuda a domicilio municipal, 
no ha sido suficiente, no hemos dado abasto en realizar compras, 
llevar medicamentos, hacer visitas, llamar por teléfono... y eso 
gue las personas mayores en nuestro entorno rural aungue están 
acostumbradas a la soledad y aún siendo autónomas y activas, la 
situación les ha desbordado, como al resto. 

Necesitamos gue las políticas sociales apuesten por servicios 
de proximidad, públicos y de calidad humana y de otra mirada de 
acción social desde los servicios sociales, una mirada más próxima, 
humana, empática, común, de acompañamiento, menos técnica... 
una mirada gue transite de las individualidades a lo común como 
principio de transformación social, señalando gue sin presencia y 
sin vínculo la acción y la relación no puede ser transformadora y 
por otro de servicios públicos de proximidad 

Podemos afirmar gue todos los cuidados gue recibimos son 
necesarios para poder ser guienes somos. Como dice Herrero (2014), 
"seres inmanentes y finitos gue vivimos encarnados en cuerpos 
vulnerables y como tal reguerimos de atenciones y cuidados siendo 
dependientes de otras personas en algún momento de nuestro ciclo 
vital", sin las cuales no hubiéramos podido sobrevivir ni llegar donde 
estamos necesitamos relaciones eco-dependientes con las demás para 
sobrevivir. 

Cuidar es revolucionario. Lo sabemos porgue si nos educaran en el 
auto cuidado, en el derecho de ser cuidadas y en la responsabilidad 


167 


del cuidado hacia las demás personas, seriamos conscientes de 
nuestra vulnerabilidad y comenzaríamos a marginar esa fantasía 
de la individualidad que nos hace sentirnos sujetos independientes y 
autónomos (Hernando, 2012). Y con ello sabríamos que él no cuidarme 
y el exigir los cuidados hacia mi persona, depositando los mismos en 
otras personas, generaría relaciones de poder no igualitarias donde el 
maltrato está asegurado y el mantenimiento de las relaciones de poder 
y asimetría. 

Por ello, en esta situación de confinamiento y aislamiento social que 
estamos viviendo por el Covid 19, hemos podido observar como los 
(des)cu¡dados han emergido en diferentes expresiones, eso sí, todas 
ellos contra las mujeres: maltratos físicos, psíquicos, económicos, 
sexuales... todas formas de violencias contra los cuerpos de las misma, 
y si añadimos que la subjetivación de la carga mental (Cl¡t,2017) de las 
mujeres ha sido doble o triple, fruto de esta situación de confinamiento 
y aislamiento social producida por las restricciones en la movilidad 
(aguantar al agresor, compras a mi madre, mi suegra, mi vecina, 
una amiga..., limpiar mi casa, la de mi padre, la de mi tía..., sostener 
emocionalmente a mi marido " que está cansado" y a mis hijxs, estudiar 
con mi hija matemáticas, teletrabajar, no llegar a fin de mes, acompañar 
a mi hermana que pasa por un proceso de enfermedad...), cuidar, cuidar 
y cuidar, sinceramente no sé como no hemos enloquecido. 


1.- La organización social de los cuidados: teorias feministas 
hegemónicas en disputa 

La actual organización social de los cuidados en este sistema patriarcal 
(con su división sexual del trabajo) y capitalista (neo)liberal y globalizador 
pone de manifiesto y problematiza vidas asimétricas y esquizofrénicas. 

¿Porqué? Por una lado nos han vendido un liberalismo capaz de 
garantizar a mujeres y hombres los beneficios de la autonomía 
individual, mayor capacidad de elección y promoción personal a 
través de la meritocrácia (Fraser, 2015). Por otro, la vida que vivimos 


168 


y sufrimos (en ocasiones en silencio) pone en manifiesto lo siguiente: 
la subordinación de las tareas reproductivas a las productivas; la 
subjetivacion de los cuidados de forma (des)igual en los géneros 
(¿son inherentes a las mujeres?, ¿porque los hombres no se 
subjetivizan como proveedores de los mismos?). 

La mercantilización de los mismos, crea situaciones de 
injusticia social, empobrecimiento y precariedad, tanto para quienes 
proveen (mujeres racializadas, cuidadoras no familiares, mujeres- 
cuidadoras familiares) como para quienes los necesitan. Y es que no 
todas las personas disponen de recursos económicos que los garanticen 
(Duran, 2018). Es un imaginario colectivo que los subjetiviza como 
individualizados ("es lo que te ha tocado") y no como responsabilidad 
pública, social, colectiva y común (Castro, 2018) y con una escasa 
participación del Estado en su abordaje. 

El Movimiento feminista que durante años los había (des)valorizado, 
(in)visibilizado, (des)preciado y que no terminaba de querer abordarlos 
por considéralos feminizados nada emancipatorios, convoca por 
primera vez, el 8 de marzo del 2018, una huelga de cuidados. Supone 
un punto de inflexión al influir desde entonces en las agendas políticas, 
institucionales y sociales. 

Mientras, el feminismo de la igualdad y el feminismo de la diferencia se 
encuentran en disputa en relación a los mismos y a su reorganización. 
Como expresa el feminismo de la igualdad (Ezquerra, 2018), se 
materializa sobre todo en una promoción de la ocupación laboral 
femenina, el feminismo de la diferencia se defiende dando apoyo al 
cuidado informal... la Economía crítica denuncia que el protagonismo 
social y económico que tiene la vida productiva es gracias a la 
explotación de la organización de la esfera reproductiva, la cual se 
subordina-reivindicando al tiempo la existencia de una interacción 
constante de ambas esferas. La productiva, la reproductiva y 
la mirada ecofeminista se centran en la vulnerabilidad de la 
vida humana, proporcionando bases solidas para construir 
sociedades seguras que sitúan la vida en el centro (Herrero, 
Pascual et González, 2018:20), y denunciando que este sistema 


169 


es ecocida, capitalista, patriarcal y colonial que pone en riesgo la vida 
de las personas. 

Y a esa reorganización de los cuidados, Fraser (2015) plantea 
los dos modelos diferenciados por el feminismo de la igualdad y 
por el feminismo de la diferencia, a saber: el modelo de persona 
proveedora universal haciendo referencia a la incorporación de las 
mujeres al mercado laboral quedando en un segundo plano marginal 
el cuidado y el trabajo del hogar no remunerado, aunque si bien esta 
incorporación al mercado laboral está en desventaja en relación a 
los hombres y, por otro lado, como la esfera reproductiva presenta 
escasa atención, se traduciría en un aumento de trabajo de las mujeres 
y el modelo de paridad de persona cuidadora presentada por el 
feminismo de la diferencia, el cual se traduciría en un apoyo en forma 
de prestaciones económicas al cuidado informal realizado en el ámbito 
reproductivo familiar, invisibilizando a las mujeres, no potenciando su 
incorporación al mercado laboral y no cuestionando la división sexual 
del trabajo, definiéndose por el modelo de la igualdad 

Considero que la emancipación y libertad de las mujeres vendría por la 
incorporación de estas al mercado laboral y de que la emancipación de 
género iría de la mano de la democracia participativa y la solidaridad 
social (Fraser, 2015).Como diría Gilligan (2013) tenemos que 
considerarlos como interés de la humanidad y salir de la dicotomía 
binaria de los géneros;¿pero como transitarlos? 

Y así es como la incorporación al mercado laboral de las 
mujeres ha supuesto en la práctica cotidiana una (auto) 
explotación de las mismas, que las ha llevado a vivir situaciones 
precarias, que a su vez han impactado negativamente de forma integral 
sobre las diferentes dimensiones de sus vidas (Muñoz et Santos, 19), 
afectándoles a nivel de salud, sexual, social... hipotecando sus 
proyectos vitales. Éstas, además, han necesitado de otras mujeres, 
surgiendo así las cadenas globales de cuidados. 


170 


2.-Crisis de los cuidados y cadenas globales de cuidados 

La crisis de cuidados viene definida por la individualización de los 
mismos, por el cansancio y el desgaste que producen, sobre todo a 
las mujeres. Porque a los hombres les cuesta dejar sus privilegios (el 
trabajo asalariado tiene muchas excusas sobre todo para no cuidar 
y no responsabilizarse de la vida), porque siguen sin ser abordados 
desde el Estado, porque estamos dejando en manos del mercado y 
de las empresas privadas a los mismos -mercantilizando la vida nos 
perjudicamos todxs- y porque abordarlos desde lo común nos plantean 
algún que otro desencuentro. 

Una crisis de los cuidados que trae una crisis en los cuidados porque 
los cuidados son necesarios e imprescindibles para la vida. Sin 
embargo cuando nos referimos a "en", hacemos referencia a la forma 
y a quienes son sujetos responsables de ofrecerlos individual, colectiva 
y socialmente, creando un sistema de cuidados injustos y desiguales, 
dando lugar a las cadenas globales de cuidados. La cadena de cuidados 
hace referencia a lo que Pérez (2014) lo expresa: 

"en la medida en que los cuidados no se valoran, quien puede se 
desentiende de ellos y los transfiere a otras personas. Los cuidados recaen 
en quienes tienen menos capacidad de delegar, cuidar posiciona en una 
situación de vulnerabilidad. Al mismo tiempo, quienes tienen peor posición 
socioeconómica acceden a cuidados de peor calidad, porque disponen 
de menores medios para cubrirlos a la par que tienen una sobrecarga. 
Estas cadenas no son nuevas los cuidados se han dado siempre a partir 
de trasferencias marcadas por la desigualdad: quien puede permitirse no 
hacerlos, no los hace" (ídem., 2014) 


Hacen referencia a todas aquellas mujeres que viven en situación de 
necesidad (mujeres inmigrantes, racializadas...), sin apoyos familiares 
ni vecinales. Mujeres que a su vez necesitan de otras mujeres en 
sus países de origen para cuidar a sus hijos/hijas que dejaron allí. Al 
respecto, podemos hacer referencia al artículo La abuela que cuida al 


171 


hijo de la madre que migro para cuidar a la hija de la madre que salió a 
trabajar, ¡está cansada!" de Martín y Caballero (201 5). 

Por ello es difícil entender que los cuidados, que constituyen la 
base a partir de la cual es posible el trabajo que se conceptualiza 
como la riqueza de un estado, no figure en las estadísticas ni permita 
a las personas que lo realizan adquirir derechos laborales o jubilación 
(Juliano, 2017). 

La implementación de la ley 39/2006 de 14 de diciembre de promoción 
de la autonomía personal y atención a las personas en situación de 
dependencia fue un intento por parte del Estado de abordar la crisis 
de los cuidados, al reconocer en el preámbulo de la misma que los 
cuidados se habían dejado a las familias, concretamente a las mujeres, 
las cuales se habían convertido en el apoyo informal y sostenedor de 
la vida. La ley reconoce como derecho subjetivo las situaciones de 
dependencia. En aquellas situaciones donde las personas en situación 
de dependencia tengan reconocida la prestación económica al entorno 
familiar, el estado costeaba/a la cotización a seguridad social de sus 
cuidadoras (desde el 2007-2012 y desde abril 2019), aunque esa 
cotización sólo les sirva como años de cotización para jubilación, no 
teniendo derecho a prestaciones de desempleo. 

Este intento no ha sido suficiente ya que se ha visto precarizado 
por la crisis financiera del 2008 y la falta de voluntad de los partidos 
políticos en el poder; porque lo que surgió como respuesta a la 
crisis de los cuidados en forma de recursos para promocionar la 
autonomía (centros de días, de proximidad, talleres,...) se ha convertido 
en atención a las situaciones de dependencia, siendo el recurso más 
solicitado el de la prestación económica al entorno familiar y siendo las 
mujeres en su mayoría las que cuidan. Del total de 59.268 resoluciones de 
prestación económicas al entorno familiar, un total de 52.851 son 
mujeres frente a 6.417 hombres( Euente IMSERSO 20- "convenio 
especial de cuidadores no profesionales de personas en situación de 
dependencia"). 


172 


3.- Experiencias colectivas situadas de cuidados: Colectivo de Mares 
fadrines y el Colectivo de Jóvenes del Barrio de la Coma 

Cuando hablamos de experiencias colectivas situadas hacemos 
referencia a lo que Haraway (1987) define como Conocimiento 
situado: 

"todas ellas formas de conocimiento encamados, situados, donde desde la 
reflexión y desde el enfoque feminista de las ciencias y el género ponemos 
en el centro tres dimensiones fundamentales: a las personas como 
sujetos que conocen frente a la epistemología sin sujeto cognoscente, 
al carácter situado del conocimiento frente a la tradición de las visiones 
desde ningún lugar-objetividad de la ciencia- y el nexo entre conocimiento 
y poder frente a la hipótesis clásica de la neutralidad valorativa de la 
ciencia". (Ibid., 1987) 


Las experiencias coiectivas vividas de (des)cu¡dados que a continuación 
voy a compartir tienen su vaior y su importancia por sí mismas, y 
porque ai situarias ponen en ei centro a ias personas como sujetas 
emancipadoras, conocedoras de su existencia, de sus capacidades y 
de sus debiiidades individuaies y coiectivas, de sus fortaiezas y de sus 
utopías. 

Ei coiectivo feminista de "Les mares fadrines" (Aseen, Susi, Feiisa, 
Arantxa, Guadi...) y ei Coiectivo de jóvenes de ia Coma (Ei Rubio, 
Serafín, ei Agus, M^Angeies, Javi, Paco, ei Pipa, José, Marc...) entre 
otras muchas personas que han formado parte de ambos coiectivos, 
vienen desarroiiando desde ios 90 prácticas situadas de cuidados 
comunitarios en ei barrio de ia Coma-Paterna Vaiencia (ei coiectivo de 
mujeres dejo de continuar su transformación en ei 2000). 

Ei barrio de ia Coma, fue definido de diversas formas por ias 
administraciones púbiieas: barrio de acción preferente, barrio de acción 
deprimida... demasiada definición y poca acción poiítica, sociai y púbiiea 
por parte de ias entidades responsabies dei mismo. Dichas prácticas 


173 


periféricas, invisibles, (des)valoradas, despreciadas por muchos 
al considerarlas radicales, estuvieron situadas en el contexto de 
marginación, de violencia, de sufrimiento, de dolor, de empobrecimiento, 
de desigualdad, de injusticia social, como era el barrio. 

En su momento formé parte de las mismas, y podemos decir que 
estábamos (estamos, están) construyendo conocimiento desde abajo, 
desde la calle, desde la reflexión, el compromiso y el vínculo, desde las 
personas afectadas, desde lo comunitario. 

Fruto de ello fue la creación por parte del Colectivo de Jóvenes de 
iniciativas y proyectos donde participaron gentes amigas de otros 
lugares (Zambra, Baladre..), de otros colectivos (el Parke Alcosa...) y de 
gente amiga, como la construcción de la granja Julia en Paterna (con 
domingos rojos, encuentros yjornadas sociales...) y del Centro de Día de 
menores; la obra de teatro CHAPAO (teatro del oprimido) que pudimos 
realizar en casi todo el estado español y que mostró nuestros sueños, 
sufrimientos, sentimientos, represión, descuidados, alegrías... en el 
barrio de la Coma; la creación del grupo de teatro Chapao; la película 
"Tarara de Chapao"; las iniciativas de autoempleo; huertos ecológicos y 
comunitarios; la falla; la tienda de reciclaje... 

Por su parte, en el colectivo feminista de "Mares fadrines de la Coma" 
practicábamos activamente, sabiendo de la importancia de los 
cuidados, esa sostenibilidad, junto y con las mujeres y sus criaturas y 
en situaciones de vulnerabilidad apoyándolas, de forma no solamente 
individual sino colectiva y en relación con la comunidad: compartían 
casas, espacios, recursos económicos, ofrecían talleres donde estos 
eran una excusa para conseguir que las mujeres salieran de sus casas- 
confinamientos-, hacíamos pintadas "si tu vida es una lata, no te cortes 
sal de casa" del comic de Margarita... 

La fortaleza que tenía el Colectivo residía en que todas las mujeres que 
lo constituían llevaban en su ADN una trayectoria activista y social previa 
de lucha y de pelea por la vida, y que vivían en el barrio teniendo una 
presencia activa en el mismo, siendo un referente no solamente para las 
mujeres sino para el tejido social del propio barrio. Desde el colectivo 


174 


denunciábamos la feminización de la pobreza y la pobreza oculta de 
la dependencia derivada de la misma, sin duda la pobreza tenía y tiene 
nombre de mujer, las mujeres lo sufrían y lo padecen, tenían la carga de 
cuidar y de sacar solas a sus hijos e hijas. 

Hablar de la feminización de la pobreza nos costó algún disgusto, sobre 
todo en aquellos 8 de marzo, con la mayoría de las otras/es feministas 
las cuales no reconocían que la cuestión era digna de ser denunciada, 
que incomodaba. Nosotras insistimos en la denuncia y así fue como 
en las jornadas feministas de Córdoba, "Feminismo es...y será", junto 
con Ruth López y Guadi Blanco, presentamos la comunicación" 
Renta Básica: una alternativa a la feminización de la pobreza" como 
Grupo de mujeres de Zambra y Baladre. Siempre hemos defendido la 
importancia de una Renta Básica (anticapitalista), hoy Renta Básica de 
la Iguales como herramienta de transformación de las relaciones para 
vivir dignamente sin perder de vista lo común. 

Ambos colectivos han sido y son un referente en el barrio y en la 
localidad de Paterna. Con sus iniciativas han dado respuesta desde 
abajo y se han cuidado a veces cuidando, otras (des)cuidando... en 
definitiva dando respuesta a lo que el narrador en la obra de teatro 
Chapao decía: 

"...a la luz de las llamas, sin otro misterio que un día a día afilado como 
un cuchillo los hijos de la Isla barajaban las cartas de la vida seguros de 
ganarle la partida: jóvenes que esperan el viernes para soñar caminos a 
través del muro, amantes cuyo futuro juega al escondite tras una promesa 
de trabajo, perdedores que tiran al aire su única moneda apostando un 
cara o cruz con el destino..." 


Por ello cuando miro desde la distancia, me pregunto ¿porqué tuvimos 
esa facilidad de identificarnos con las necesidades comunes y de 
desarrollarlas desde lo común? y, por otro lado, ¿qué nos llevó a las que 
estábamos a unirnos, a construir apoyo mutuo, compartir vidas, cajas 
de resistencia, (des)cuidados... 


175 


Sinceramente por la capacidad humana de tener conciencia política 
y social, de sabernos situadas, de mirar la realidad y analizarla 
desde las relaciones de poder, incorporando las categorías 
género, clase, raza, construimos prácticas sociales basadas en la 
cooperación igualitaria, de apoyo mutuo (Kropotkin, 201 6), reivindicando 
derechos sociales, una renta básica de las iguales (RBIs) nos 
sentíamos protagonistas de nuestra propia emancipación. 

Por ello al darle valor a los cuidados y al realizarlos desde lo común y 
de forma colectiva es sabernos situadas, emancipadas, protagonistas y 
despatriarcalizadas. 

Que no se piense este sistema capitalista, patriarcal, colonial y 
racista gue nos ha vencido. Las mujeres sabiéndonos hemos seguido 
situándonos y organizando individual (madres gue han hecho ollas 
colectivas, llamadas de amigas gue te recuerdan gue tu compromiso 
social y político pasa por un compromiso hacia una misma en forma 
de cuidados, hermanas gue cuidan sabiendo gue sus otras hermanas 
tienen empleos esenciales, vecinas gue cuidan a tus hijxas, amigas 
gue comparten sus recursos...) y colectivo (como la creación de la 
caja de resistencia del tejido comunitario desde los margenes por 
organizaciones feministas, migrantes, racializadas y aliadas en Valencia 
- (N).O.M.A.D.A.S, Escuela feminista antiracista, red de Hondureñas 
Migradas, Dones i Prou, Marea Verde VLC, Feminismo comunitario 
antiracista anticolonial y Crearteeducacion Comunitaria- con la finalidad 
de resistir y continuar con alianzas por una vida diga, cuidando la vida 
de comunidades y siendo reciprocas con los territorios de origen gue 
están enfrentados a gobiernos neo liberales y el programa de radio de 
la colectiva feminista Dones i Prou gue vienen realizando desde hace 5 
años y una vez al mes en la radio libre Radio Malva 104.9 F.M. en Valencia 
y gue en estos meses de confinamiento hemos seguido emitiendo con la 
finalidad de acompañar a "totes les bruixes feministes", compartiendo 
experiencias, reflexiones y vidas desde los margenes y de forma 
comunitaria). 

Nosotras las mujeres no paramos, nunca lo hemos hecho y ahora 
menos. Si lo hiciéramos se pararía el mundo. 


176 


Te invito a que cierres los ojos y pienses en una o varias personas, en 
colectivos que hayan sido importantes en tu vida, ¿tienen que ver con 
los cuidados que te ha/n ofrecido? 


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178 








ANEXO. LA RBIS TIENE NOMBRE DE MUJER; 

MADRES. TlAS Y HERMANAS DE U RENTA DASICA DE LAS IGUALES 

Sua ta Loba^ 


Fue escuchando a varias compañeras de Baladre ubicar el comienzo de 
nuestra lucha por la “Renta Básica de las Iguales y mucho más" en el 
año 1994, cuando comencé a plantearme sacar del baúl de la memoria 
colectiva algunos datos y pistas que nos coloquen en la historia. 

Si este artículo fuera una imagen sería la del monumento a las Mujeres 
del 3 de Marzo de 1976 de Vitoria-Gasteiz. Un monumento del memorial 
del 3 de marzo que muestra diez bolsas en el suelo vacías de alimentos, 
que fueron utilizadas para las protestas antes, durante y después de los 
asesinatos. Se erige delante del Mercado público del barrio deZaramaga, 
en los bajos de una de esas torres de ladrillo caravista que dan forma 
a este barrio, sobre una acera ancha a modo de mini placita pegada al 
lateral de la rotonda de la calle Reyes de Navarra. 

Esa ubicación y esas mujeres son el origen de las madres, tías y 
hermanas de la Renta Básica de las Iguales (RBis). 

Gasteiz, la bonita ciudad verde, tiene una historia que merece la pena 
contar en algunas pinceladas. En los años cincuenta la Vitoria-Gasteiz 
que vivió y sufrió el golpe militar de 1936 mantuvo Los Eueros por 
alinearse con los golpistas iniciando un nuevo camino. Son los años 
cincuenta del siglo pasado en los que la Caja de Ahorros Municipal y 
sus Constructoras, ambas públicas, impulsan la trasformación de 
la pequeñita ciudad de cerca de cincuenta mil habitantes. Por aquel 
entonces era conocida como la ciudad de las monjas y los militares, una 
muy conservadora. 

De repente esa Caja de Ahorros Municipal y las instituciones municipales 
y provinciales deciden, con el apoyo del régimen y el obispado, cambiar 


181 


la historia de la ciudad. Comienzan por ampliar los límites por el norte 
de la ciudad, reconvirtiendo los terrenos pegados al Cementerio de 
Santa Isabel que eran un Basurero o la creación de ZARAMAGA en un 
barrio obrero. Fue en esos años cincuenta e inicios de los sesenta donde 
nace el barrio que aloja a trabajadoras de Forjas Alavesas, Michelin y 
otras muchas fábricas de esos nuevos polígonos industriales. Lo 
mismo comenzaba a suceder en el sur, este y oeste de la almendra 
central ampliada de la ciudad, dejando aún fuera lo que será Lakua en 
el futuro. Eso sí, se retiran los poblados de chabolas para llevar sus 
habitantes más al norte y fuera de la ciudad, recayendo en Abetxuko, 
más allá del rio Zadorra. Las primeras casas de la Caja Municipal de 
Vitoria en Abetxuko se inauguran en 1958 y en los años siguientes se 
forma un sitio distinto con mucha personalidad y muchos vínculos entre 
las habitantes. Una comunidad obrera fundamentalmente de personas 
venidas de otros lugares de la Península Ibérica. 



182 


Para la historia de la RBis es fundamental recuperar aquellos orígenes 
de los barrios de Zaramaga y el alejado pueblo/barrio de Abetxuko. Dos 
territorios obreros y poblados en los años sesenta de familias jóvenes, 
que venían buscando salarios e ingresos que les negaban en sus 
pueblos de Castilla, Caliza, Extremadura o Andalucía. Aquellas primeras 
fábricas de los años cincuenta fueron llamando a más y más gente, a 
poyadas por una diputación foral que concedía muchas ayudas a todas 
ellas al igual que el régimen. 

Esas trabajadoras jóvenes, mayoritariamente, no tenían los miedos 
de sus padres y madres. Además en los años sesenta se da una 
incorporación de muchas mujeres a fábricas casi feminicidas destinadas 
a la creación de persianas y cortinas, pilas y derivados, esmaltes...Las 
mujeres no eran ya sólo explotadas en las casas de la gente con recursos 
dentro de Gasteiz, sino que también comenzaban a serlo en las nuevas 
empresas que ampliaban los polígonos de la ciudad. 

Estas eran parte de las llamadas circunstancias previas al 3 de marzo. 
Una clase trabajadora con muchas mujeres participando en los 
espacios de explotación y una juventud de ese proletariado también 
destinado a la fábrica. Unido a una ciudad en expansión, con barrios 
que mantenían redes sociales muy fuertes y de comunidades muy 
vivas. Las respuestas a la explotación y opresión de la dictadura 
en Gasteiz de finales de los sesenta fueron diferente. Pues allí 
no sucedía como en el resto de Euskal Herria donde estaban las 
antiguas y nuevas organizaciones políticas y sindicales, ya sea con 
el eje de clase, el eje nacional o ambas en la misma organización. A 
su vez y a fuego lento, en Gazteiz se fue dando forma al "Movimiento 
Asambleario" con claves de horizontalidad y trabajo en comisiones 
de desarrollo de tareas, sin ejecutivas ni direcciones y al margen de 
estructuras jerárquicas. Parte de esas iniciativas asamblearias, 
ya entrada la década de los setenta y luego del vuelo del militar, 
se encontraban y conocían con otros grupos similares de Madrid. 
Aquellas mujeres y hombres de Gasteiz entablaron amistad con 
gentes "baladrinas" como Ramón Eernández Durán. Nacen así, de 
manera clandestina, encuentros de gentes autónomas y asamblearias 
de la Península Ibérica. 


183 


Por ir terminando estas previas nada casuales, comentar que tanto el 
Berlín de esas décadas como la Gasteiz de los setenta, eran islas con 
relación a todo lo que les rodeaba. Berlín era el lugar de desertores a 
los ejércitos y de mujeres implicadas en comunas feministas. Todas 
ponían en marcha muchas experiencias de ocupación de edificios 
enteros que se gestionaban de manera comunitaria y asamblearia, 
destacando en estas prácticas el distrito de Friedrichshain- 
Kreuzsberg. 

Gasteiz era la ciudad que crecía hasta multiplicar casi por cuatro su 
población llegando a 190.000 habitantes a finales de los setenta. La 
mayoría de las nuevas vecinas gasteiztarras eran jóvenes salidas 
de centros de formación profesional, otras venidas de otros lugares 
de Euskadi y entre ellas muchísimas mujeres que formaban parte 
de sectores productivos que estaban fuertemente feminizados. 
Aquella Gasteiz tenía comunidades muy vivas en barrios y 
parroquias, donde se generaban muchas actividades prohibidas por e 
I régimen al calor de curas y monjas obreras. 

Se diría que, tanto en ese distrito de Berlín como en muchos barrios de 
Gasteiz, se daban experiencias comunitarias diferentes y las mujeres 
tenían un papel muy importante en la vida y en las luchas. Manejaban 
en ambos lugares la importancia de la horizontalidad, de poner la vida 
en el centro y desarrollar proyectos de apoyo mutuo basados en afectos 
y cuidados. 


1976, el año del DESBORDE 

Ese año comenzaba con huelgas en distintas fábricas de la ciudad, 
destacando la lucha contra los topes salariales en Eorjas Alavesas. Se 
iban sucediendo luchas en diferentes fábricas durante el mes de febrero 
para llegar al 3 de marzo y convocarse una Huelga General que tuvo 
una respuesta masiva paralizando fábricas, mercados, institutos... 
Para entonces se daban Asambleas de todo tipo y abarcando todos los 
ámbitos de la vida. 


184 


De especial importancia fueron las manifestaciones y concentraciones 
de las MUJERES CON LAS BOLSAS VACIAS. Entre esas mujeres estaban 
algunas que luego impulsaron la Asamblea de Mujeres de Araba y otros 
colectivos de la ciudad. 

Los asesinatos del 3 de Marzo son bien conocidos. Hasta recientemente 
se pueden ver en la película: Vitoria 3 de marzo. Además, existen muchos 
documentales sobre lo sucedido esos días antes, durante y después. 
Esas vivencias quedaron marcadas en muchísimas vecinas de la ciudad 
y en particular en las mujeres que de manera masiva se vincularon a 
todas las luchas y a las de la fatal masacre policial. Aquello paso por 
muchos cuerpos y les marcarla de por vida. El régimen tuvo que recular 
y los ministros de Arias Navarro dimitir, desde Eraqa a Martin Villa, para 
dar paso a falangistas y miembros del Opus menos quemados y con 
otras formas aparentes. 

El dolor y rabia de lo sucedido se canalizó en muchas organizaciones 
vecinales y sociales de la ciudad. Aquellas horas de barricada trajeron 
proyectos de compra conjunta de terrenos con huerta, cerca de Gasteiz, 
amplió el número de activistas que se plantearon el vivir juntas, tener 
economías compartidas, etc. 



185 



Hasta 1981 se fueron dando muchos proyectos comunitarios entre 
aquellas activistas del 3 de marzo y las del Movimiento Asambleario 
seguían con sus reuniones y reflexiones, con mucha comunicación con 
otros lugares, entre ellos Berlín. De esos intercambios y reflexiones 
surgía la necesidad de superar el empleo y centrar la vida en la libre 
cooperación de las personas accediendo libremente a los recursos. 
Manejaban textos sobre el reparto de los recursos existentes; sobre los 
límites de las ciudades y del crecimiento económico; el cómo reconectar 
con la naturaleza y sobre todo frenar en seco las guerras y las fábricas 
que las hacen posibles, con las armas que salen de ellas. 

Todas estas reflexiones de las asamblearias y autónomas se daban en 
un contexto de imposición de la Constitución de 1978, que se votó en 
contra mayoritariamente en todo Euskal Herria y en Gasteiz también. El 
año 1981 llega con el 23 de febrero y la amenaza de vuelta a la dictadura 
pura y dura. El Batallón Vasco Español campa a sus anchas asesinando 
a activistas y las torturas se incrementan de manera generalizada en 
las detenciones. En ese clima, en 1982 gana las elecciones el PSOE 
prometiendo aquello de no entrar en la OTAN y meternos sí o sí en la 
CEE. 

Para entonces los sectores Asamblearios y Autónomos tenían claro el 
boicot a las urnas del franquismo. Apostando por la autoorganización y 
construcción colectiva de la vida. 

Aquellos primeros años ochenta se generó mucho desempleo en Gasteiz 
y entre las desempleadas estaban algunas de aquellas mujeres que 
participaron en las manifestaciones de las bolsas vacías y que luego 
se sumaron al movimiento asambleario y feminista. Ellas llevaron sus 
reflexiones de autoorganización a la nueva situación de desempleadas y 
comenzaron a poner carteles en barrios y centro de Gasteiz, convocando 
a la organización autogestionada de la gente desempleada. Es así como 
en 1982 nace la ASAMBLEA DE PARADAS DE GASTEIZ. 

Era curioso llegar semanalmente al salón de actos de lo que era 
la oficina de desempleadas que se encontraba en el sótano, junto al 
resto de departamentos vinculados al empleo y desempleo que se 


186 


dispersaban en diferentes plantas. La calle Samaniego, donde hace 
esquina el edificio en cuestión justo en el número 2, todos los martes 
tenía las aceras llenas de gente que, llegada la hora, entraban al salón 
de la Asamblea. Allí siempre encontrábamos a estas mujeres sabias y 
curtidas que nos orien- taban y generaban dudas de todo tipo. Tenían 
una manera diferente de entender y desarrollar las 

asambleas, con mayor calidez, buscando el máximo de participación 
y con muchísimo cuidado de respetar las diferencias. No se cansaban 
de argumentar: "El Paro es un fracaso Social, No personal". 
Planteando que "la vida se sostiene por las mujeres desde trabajo, que 
no empleos". 

Insistían que sin afectos, cuidados, comida e higiene no existiría la vida 
y hablaban de destruir todos los empleos socialmente inútiles, desde 
fábricas de armas a las de coches. Aquellas asambleas semanales 
eran una escuela popular, en muchas ocasiones traían libros cortos 
y artículos para que los leyésemos y discutirlos. Siempre recalcaban 
que el problema es LA RIQUEZA, siendo la pobreza su consecuencia. 
Planteaban la importancia de la Asamblea y la Horizontalidad. 
Ponían el acento en el compartir y mantener vidas comunitarias y 
eso nos fue llevando a algunas a vivir con otras, a dar pasos hacia 
economías compartidas al salir de la cárcel mental del desempleo 
y entraren la salida de la redistribución, de cuestionar el enriquecimiento. 
Siempre vinculando propuestas de reparto con cierre de fábricas 
innecesarias, comenzando por las de armas y siguiendo por muchísimas 
más. 

La cabeza se nos calentaba por momentos, pues planteaban 
acciones directas ante las Instituciones, aunque no violentas. 
Salíamos de aquel salón de actos de la calle Samaniego cada 
martes hacia diferentes instituciones u empresas, popularizando 
lemas del tipo que quien no tiene no paga. O el siempre presente: 
VIVIR DIGNAMENTE ES UN DERECHO DE TODAS. 

Con cada acción semanal se fueron consiguiendo cositas parciales. Y 
cada martes nos tocaba recibir, casi siempre, las agresiones de algún 


187 


cuerpo policial. Eso sí, procuraban que entrásemos y saliésemos todas 
de cada acción, buscando la masividad. 

Los años 1982 y 1983 fueron los de estar en la calle y los de Acciones 
Directas de todo tipo. 


Nace BALADRE 

En 1982, con la aparición de distintas Asambleas de Paradas en varios 
territorios, se planteó montar una coordinadora de todas ellas. Era la 
típica coordinadora influida y movida por las gentes de militancias 
partidarias, lo que provocó que terminando 1982, algunos grupos 
y gentes decidimos vernos y comunicarnos al margen de ella. Se 
forma así la Coordinación de luchas contra el Paro, la Pobreza y 
la Exclusión Social. Fue un proceso lento y tranquilo, generando 
confianza y complicidades. Fuera de lógicas de partidos y sindicatos. 
Respetando las diversidades y entendiendo que nadie tenía que forzar 
o determinar a nadie lo que debía hacer en su grupos colectivos o 
asambleas. 



188 




El mes de noviembre de 1983 sucedió algo que aceleró el proceso y 
marcó un antes y un después. Entre todos los grupos imperaba la 
lógica de actuar de manera descentralizada, coincidiendo en días y 
en ocasiones temas/reivindicaciones. Estábamos planteando romper 
con el hábito de las oficinas del desempleo (INEM) colocando empleos 
cubiertos en sus paneles de ofertas laborales. 

Fue en una de esas acciones, en Gasteiz, donde se lio la madeja hasta 
el punto de terminar reteniendo al director del INEM de la provincia y 
encerrarse en las instalaciones de la calle Samaniego. En poco tiempo 
apareció la policía y comenzó a disparar pelotas rompiendo los cristales 
de la puerta y ame- nazando con tomar el edificio. Así que hubo que 
negociar poniendo al director al otro lado de la puerta y, con algunas 
periodistas de testigos, se comprometieron a dejarnos salir para nuestras 
casas. Todas sabíamos que al llegar a casa nos llevarían detenidas 
luego, así que decidimos encerarnos en la Iglesia de San Vicente. 

Ese Encierro será el momento del desborde de la Asamblea de Paradas 
de Gasteiz y la consolidación de lo que luego se llamaría Baladre, a 
partir de 1992. 

Al encierro acudían en manifestación todas las luchas de aquellos 
momentos de la ciudad. De prisa comenzamos a definir las 
reivindicaciones y a quienes las dirigimos. Desde el Euskera Gratis al 
acceso a instalaciones deportivas pasando por un ingreso económico 
mínimo. Desde un convenio con Restaurantes y Comedores de la ciudad 
para asegurar la alimentación de las personas sin ingresos suficientes al 
transporte gratuito para todas las rentas por debajo del salario mínimo, 
dando prioridad en Escuelas Infantiles a las criaturas de las familias sin 
recursos suficientes de manera gratuita. Reconociendo la interlocución 
de los colectivos sociales ante las Instituciones municipales y del 
INEM, apoyando a la Economía Social, exigiendo el acceso gratuito a 
servicios básicos como la luz y el agua o el acceso a viviendas sociales 
en alquiler. 

En realidad, lo que se hizo fue sacar las propuestas de la Asamblea de 
Paradas que ya se venían planteando a lo largo de todo el año 1982 y 


189 


1983. Igualmente se trabajaba en las contrataciones de las instituciones 
públicas para que fuesen para todos los colectivos con diferentes 
situaciones de carencia de recursos. Desde personas con dependencias 
a las familias con criaturas o las que estaban solas como unidad 
económica. Era un planteamiento de incorporar a todas sin olvidarse 
de ningún colectivo y redistribuir el empleo público existente entre 
todas ellas. Por supuesto también se planteó el ingreso social universal, 
empezando por los ingresos indefinidos para todas las personas 
carentes de recursos por debajo del umbral de la pobreza. 

Aquello era la carta de máximos de la Asamblea de Paradas en un 
momento en que el Encierro fue generando condiciones para pedir el 
cielo, lo deseable, haciendo hincapié en lo inmediato y urgente. 

En los locales de San Vicente se ocupaban diferentes salas, pero 
la de mayor interés era la del salón de actos. Allí se discutían 
las propuestas que las mujeres de aquel 3 de marzo nos fueron 
planteando a lo largo de los meses. Se discutían textos y 
fomentaban lecturas como la de "Del Paro al Ocio", los textos 
de Andre Gorz, de Ramón E. Duran sobre los límites de la ciudad 
y el transporte y, sobre todo, los de las feministas berlinesas entre 
otras. 

Se diría que fue muy natural y lógico llegar a que nuestra lucha se tenía 
que centrar en combatir la RIQUEZA. 

Los siguientes pasos fueron la consecuencia de como entrar 
en redistribuir esa riqueza y, entre muchas ideas, se optó por 
plantear dos vías: la de acceso gratuito o libre disposición de los 
Servicios Básicos y enseres por una parte y la de distribución de la 
Renta por otra. Así llegó el parto de la propuesta de Ingreso Social 
Universal que luego llamaríamos Renta Básica Universal y con el 
tiempo Renta Básica de las Iguales. En aquel salón de actos muchas 
escuchábamos por primera vez la centralidad de los cuidados, 
de los afectos, del trabajo cooperativo basado en el libre hacer. 
No parábamos de asombrarnos de lo que nos hablaban de 
experiencias de aquellas mujeres de Berlín que cubrían sus 


190 


necesidades de manera comunitaria, a través de sus relaciones y 
poniendo en marcha multitud de iniciativas con trabajos que no eran 
remunerados, haciéndolos desde el ser y estar en la comunidad de 
vecinas y amigas. 

Allí es donde estas mujeres de los bolsos vacíos del 3 de marzo 
nos abrían las cabezas hacia el camino de las dos patas de 
la RBis; La distribución de recursos y la disponibilidad de 
bienes y servicios, siempre en lógicas comunitarias. 

Fueron tres meses de debates y un encierro que marcó nuestras 
vidas, que ayudó a asentar esas reflexiones en nuestras 
cabecitas revueltas y que en los que las fuimos pasando por nuestros 
cuerpos. 

Cuando salimos del Encierro de San Vicente, fuimos conscientes 
de que teníamos una gran suerte de compartir caminito de 
vida/lucha con unas mujeres tan excepcionales. 

En febrero de 1984, ya fuera del Encierro y tras evitar detenciones 
y represiones diversas, habíamos colocado algunas de nuestras 
reivindicaciones como derechos en la ciudad de Gasteiz. Éramos 
conscientes de la importancia de poner más energía en la lucha por el 
Ingreso Social Universal, que era una reivindicación que compartimos 
con el resto de compañeras de Baladre que nos visitaron durante esos 
tres meses en Gasteiz, con el fin de mostrar solidaridad e igualmente 
avanzar en nuestras relaciones como Coordinación. 


LANGABETUEN TOKIA: un lugar diferente 

En 1984 las mismas mujeres de los bolsos vacíos y de tantas luchas 
posteriores planteaban la importancia de tener un local, un lugar donde 
generar iniciativas para potenciar las relaciones en el barrio donde ellas 
habían quedado marcadas por lo sucedido en el 76. Así que contactaron 
con otras amigas suyas de aquellas luchas, que se reunían en un grupo 


191 


de Comunidades de Base. Otras mujeres muy especiales que abrieron 
las puertas de unos amplísimos locales que usaban en la Calle Reyes 
de Navarra del mismito barrio de Zaramaga. Esos locales habían sido 
una iglesia de barrio y desde el primer día nos dieron varias salas 
para reunimos e impulsar proyectos además de acceso a espacios 
amplios comunes. De esta manera fue como esos locales nos sirvieron 
de almacén de todos los enseres y alimentos para desarrollar la primera 
Marcha Nacional de Euskal Herria contra el Paro, en la que participaron 
algunas baladrinas de otros territorios pero que sobre todo estaba 
sostenida por colectivos y grupos de Donosti, Iruña, Portugalete y 
Gasteiz. Eueron diez días por las carreteras del país con recibimientos en 
pueblos y ciudades colocando nuestras reivindicaciones comunes. 

En esa Marcha destacaba Gurutxe de Iruña y Estitxu de Hernani, que 
junto a las compañeras de Gasteiz tomaban el micrófono en cada 
asamblea interna y los finales de etapa. Fue una actividad que nos 
ayudó a consolidar la idea de la lucha a largo plazo, de largo camino 
y que asentó el deseo de fortalecer la Coordinación entre personas y 
grupos de Euskal Herria y del resto del Estado. 

Ya en el verano de 1984 comenzaron las obras para abrir un lugar 
de Encuentro en el barrio de Zaramaga, con entrada por la calle 
Puerto Barzar. Nacía así en enero de 1985 Langabetuan Tokia 
(lugar de desempleadas). Para entonces la Asamblea de Paradas 
de Gasteiz tenía nuevas incorporaciones de mujeres que se habían 
pasado por el encierro y se sentían muy agusto en un espacio de 
seguridad. Ellas llevaron la relación con Eroski en el suministro 
de alimentos que nos pasaban desde 1984, tanto en retirarlos 
como distribuirlos. Igualmente aportaban su mirada feminista a la 
importancia de todo lo relativo a los cuidados y sobre todo a cuidarse 
entre todas. 

En el verano de 1985 en la Asamblea se incorporaban Rocío, 
Maika y Arantxa, venidas de prácticas de desmercantilización y 
desprofesionalización de la Acción Social. Por aquel entonces eran 
alumnas de la Facultad de Trabajo Social que desempeñaban su laboren 
Abetxuko. Su llegada nos abrió el camino para nuevas incorporaciones 


192 



de vecinas de ese pueblo/barrio que esta mas allá del Zadorra. 
La primera fue Isabel S. Bartolomé, una mujer con enormes 
capacidades relaciónales que posibilitó la llegada en años 
sucesivos de Garbiñe y otras jóvenes de Abetxuko, todas mujeres 
enfrentadas alpatriarcado y lo que hoy llamaríamos precarizadas. 
A su vez su hermana Amparo intentó más adelante llevar a cabo 
la Iniciativa de Trueque barrial finalizando los años ochenta. 
Los tres últimos años de los ochenta se sumaron a la Asamblea 
Pili y Marga. 

Para esos momentos la Asamblea estaba muy conectada con los 
Encuentros de los grupos Asam- blearios de E.H. a los que solían 
asistir las compañeras Marga, Pili y Garbiñe). Era un espacio que daba 
continuidad a las relaciones de la Asamblea con las mujeres que la 
habían creado. 


La Asamblea de Paradas y Baladre 

No hemos de olvidarnos de como desde el Encierro de San Vicente, las 
baladrinas de otros lugares de fuera de E.H. se fueron incorporando a la 


193 




Coordinación y haciéndola suya, a la vez que impulsando esta mirada 
feminista y anti patriarcal que está en los orígenes de ambos espacios. Es 
lo que hoy llamamos Coordinación Baladre y hasta 1992 nombrábamos 
como Coordinación de Asambleas de Desempleadas (1982-1986) para 
luego denominar Coordinación de personas y grupos contra el Paro, La 
Pobreza y La Exclusión Social (1986-1993). 

Las primeras a destacar son las mujeres de Gamonal, que asumen ser 
la secretaria de la Coordinación en 1986 hasta mediados de la década 
de los años noventa. Importante el trabajito de Zapi y el de Cristina, que 
se sumó pronto a la Coordinación incorporando miradas feministas y 
comunitarias. 

Con el Ingreso Social Universal presente desde el Encierro, a pesar de 
no todas tenerlo claro, pero con la cultura política imperante desde los 


194 




orígenes de dejar hacer, se propone a raíz de la huelga de hambre del 87 
contra los despidos de la Mercedes acudir a un Encuentro internacional 
en Dusseldorf de grupos de lucha contra el empobrecimiento y la 
Exclusión Social en el verano de 1988. Llevábamos los contactos 
de las amigas Asamblearias tanto de grupos de Hamburgo como de 
Wilcart, junto a los de los colectivos Eeministas de Berlín que tanto 
habíamos leído. En Dusseldorf se dio un paso más en la Coordinación 
al conectar con la gente de ALSO de OIdemburgo y otros grupos que 
nos plantearon crear entre todas un espacio de relación internacional 
en lógicas anti patriarcales, anticapitalista y anticoloniales. 
La creación de espacios de relación y apoyo mutuo. Es así como 
nace la BAG internacional, un Movimiento contra el Paro y la Pobreza 
en Alemania que se abre a otras internacionalmente, donde la 
Coordinación Baladre fue uno de los pilares. 

Pero regresemos a Dusseldorf y a aquel Encuentro internacional. 
Allí fue la primera vez que nos tradujeron lo que nosotras 
conocíamos y proponíamos como INGRESOS SOCIAL UNIVERSAL 
mencionándolo como RENTA BASICA UNIVERSAL. Fue algo 
sorprendente para nosotras encontrar a otras que utilizaban el 
mismo nombre en países como Austria, Dinamarca y Holanda. 
Pedimos que nos explicaran de dónde venían sus reflexiones y 
documentos desde la cercanía de encontrarlas tan cercanas a pesar de 
las distancias. 

Al regreso de aquel Encuentro de Dusseldorf compartimos lo vivido y 
las coincidencias con aquellos grupos de Alemania. Se decidió ser parte 
de la BAG poniendo el énfasis en la reivindicación del Ingresos Social 
Universal o Renta Básica. 

En los años del 1988 a 1992 en Abetxuko, dentro de las fiestas 
alternativas de Mikelin, planteamos la lucha por el Ingreso Social 
Universal o Renta Básica en lógicas de Y MUCHISIMO MAS. Hasta 
sacamos diferentes textos sobre la propuesta en la revista Langabezia 
de la Asamblea y en Abetxuko Herria. Para entonces muchas personas 
de la Asamblea llevaban más de diez años compartiendo vidas 
comunitarias y economía común. Esta práctica se extendió aún más 


195 


entre nuevas personas de la Asamblea pasando a ser una importante 
seña de identidad de nuestras vidas, lo comunitario y lo común desde 
lo cotidiano. Vivir juntas, comer juntas, compartir recursos entre todas 
y sobre todo 

cuidarnos. Para entonces ya estaba la nueva junta directiva de la 
Asociación de vecinas de Abetxulo, y muchas de la Asamblea vivían en el 
pueblo/barrio. Se fortaleció la relación con las mujeres del barrio, como 
Paquita y sus amigas, que más tarde montaron una Coral de Mujeres. 
A la Asamblea y a la Asociación vecinal Se sumaron Isa y Carmen, dos 
gemelas abetxukotarras de origen. 

Tanto la las mujeres de Abetxuko como las de la Asamblea de Paradas 
de Gasteiz tenían papeles centrales en las prácticas de ambos 
espacios colectivos y fueron años de aportar muchísimos recursos 
de todo tipo al conjunto de la Coordinación Baladre. Entre todas esas 
aportaciones estaba la lucha que hoy conocemos como RENTA BASICA 
DE LAS IGUALES y mucho más. 


Balabre, una flor que envenena 

Fue en el Caler en 1992, en el País Valenciá, donde se decide bautizar 
a la Coordinación con el nombre de Baladre, palabra que coincide en 
catalán y en euskara para denominar a la Adelfa, planta que nace en 
los caminos y basurales, muy bella, pero que es venenosa cuando se 
intenta arrancar. Nomenclatura que, cargada de poesía y reivindicación, 
definía a la perfección a las gentes y grupos que la habitan. 

Allí se diseñó otra etapa de Baladre, la de actuar con otras abriéndonos 
a las amigas que habíamos ¡do conociendo desde 1982. Así fue como 
a primeros de los noventa nos enredamos con Aedenat (Asociación 
Ecologista de Defensa de la Naturaleza), con la Parroquia de Entrevias 
y sobre todo con las Madres contra la Droga que luego llevarían la 
secretaria de Baladre a su piso de Vallekas hasta iniciado este siglo. 
Conocer a Sara, Carmen y el resto de madres, fue algo que nos enriqueció 


196 


muchísimo al conjunto de Baladre. Como olvidar a Sara Nieto, con el 
micrófono en mano y subida al ca- mión, tras la llegada de la Marcha de 
Baladre de 1993 con Ramón Fdez. Durán a su lado. 

Luego vinieron los textos sobre Rentas Básicas desde una traducción 
de uno alemán, por las amigas de la revista Etcétera, hasta llegar 
a la reflexión más articulada y profunda de José Iglesias en 1994, 
para acabar en la confluencia baladrina de José y otras con las gue 
veníamos caminando de aguellos orígenes del 3 de marzo de la Gasteiz 
luchadora. 

Por todo ello hemos de valorar y reconocer a agüellas mujeres, sus 
reflexiones, intuiciones y vidas. Ellas nos enseñaron los mimbres 
para poder llegar al Ingreso Social Universal y con el tiempo nos llevaron 

a la RBis. Pero sobre todo nos potenciaron la mirada antipatriarcal, 
anticolonial y anticapitalista, partiendo de apostar por las relaciones 
horizontales y LA COMUNIDAD, lo comunitario y lo común. 

Gracias a ellas, a las mujeres de los bolsos vacíos y a las muchas 
que vinieron detrás, en Baladre apostamos por la Renta Básica de las 
iguales ¡y muchísimo más! 


NOTAS: 

^Sua ta Loba: Fuego de Loba. Juego de palabras en euskera y castellano que 
hace referencia al fuego para quemar todo lo pasado e Innecesario y que nos 
oprime y a loba para tener la fortaleza de atacar la Injusticia y parir la vida. 


197 





Este es un libro lleno de voces. Desde el 
principio hasta el final, desde sus páginas, 
nos hablan muchas personas, como en 
una conversación, o como un murmullo 
penetrante. Pero, cada voz no es solo una voz. 
Es una comunidad. 

Todas esas personas nos cuentan en este 
libro cómo sus comunidades se están 
sobreponiendo a la pandemia del mismo 
modo que sobreviven al capitalismo Brasil, 
México, Colombia, Uruguay, Bolivia, Argentina, 
Chile, Grecia, Estado Español... Cada rincón 
organizado desde abajo ha sabido resistir 
al confinamiento de la misma manera que 
antes resistía al acoso del paro, de la 
precariedad, de las adicciones, de la escasez 
que anhela convertirse en consumismo. 



Editan: 


Colaboran: 


Coordinación de luchas contra la pr^ 




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